Siempre pedí un hijo, nunca un embarazo. /

2016.12.06

Por Mónica Reyes

Quiero contarles mi historia de adopción que comienza cuando ni siquiera tenía novio y me detectaron varios miomas en la matriz. Hasta ese momento la maternidad ni había pasado por mi cabeza, 2 años más tarde me casé con un ser humano increíble y empezamos de inmediato tratamientos, intervenciones quirúrgicas, muchas inyecciones, exámenes, pastillas, gastos y frustraciones que en 3 años de intentos nunca dieron un resultado positivo de embarazo. Un día fue mi esposo quien no me dejó seguir más, por sanidad mental, por nuestro bien emocional.

Un día leyendo el Nuestro Diario encontré la historia de un bebé que dejaron “olvidado” en una banqueta bajo la lluvia y que iba a padecer de pulmones siempre. En esos años tenía yo una excelente posición económica, un trabajo donde los problemas de pulmones tenían solución, trabajaba en una farmacéutica que es fuerte en ese campo, y yo seguía pidiendo un hijo. En ese momento sentí de veras que del cielo me dijeron vos pidiendo y tenés todo para dar y hay ángeles que necesitan recibir. Ese fue el último día que pensé iba a llorar de tristeza.

Me metí a internet a averiguar de adopciones, no me atrevía a hablarlo con mi esposo, él tampoco conmigo, ni tampoco lo hablamos con la familia. Un día nos animamos y decidimos empezar con el trámite. Fuimos a la primera charla informativa y comenzamos a hablar sobre “el mapache”, si era niña se llamaría María Paula y eso significaba para nosotros Mapa, un Mapa que nos orientaría en la vida. Fuimos a hacer exámenes psicológicos, nos visitaron en nuestra casa y esperábamos con paciencia.

La noche antes de presentarnos a un bebé, nos pusimos a platicar ¿qué nos haría decir que no? yo había pedido que fuera una criatura con un buen modo y carácter amable, así la vida sería más sencilla para adaptarse, pero no me gustaba la idea de que hubiera estado expuesto por ejemplo a las drogas.

Al día siguiente fuimos al Consejo Nacional de Adopciones, nos presentaron a una criatura con el perfil del que les hablé, con severas necesidades de una mamá de tiempo completo. De esas full mamis que pueden quedarse en casa y estimular al peque y llevarlo a clases especiales y al terapista y tener ingresos suficientes para pagar cuentas y pagar por sus cuidados especiales y luego de hablar con los expertos que podrían cuidarle la decisión fue: no! De veras que no es fácil salir de allí y mi esposo que es divino guardó todo lo que habíamos comprado y pasamos un mes de duelo. Me dolió terriblemente no haber podido dar la talla, pero ahora comprendo que teníamos la opción de decidir.

A las mamás adoptivas no se nos rompe la fuente, ni salimos corriendo para el hospital. A nosotras nos llaman por teléfono … y después de esa llamada sabemos que estamos a horas de conocer a nuestros hijos. Nos invaden los mismos nervios, nos impulsa el deseo de conocerlos, de olerlos y abrazarlos.

Cuando la vi, la vi como un ángel con una sonrisa de ensueño, tenía 2 años y 8 meses, y por primera vez tuve miedo, o mejor dicho pánico, pánico de fallarle a alguien, de echar a perder algo, o de no sentirme capaz. Me sentí tremendamente afortunada de pensar que pude jugarle la vuelta al cielo, pensando en que no debía ser mamá, y yo había encontrado terrenalmente la forma de hacerlo posible. Y lloré, pero de alegría y de aquí en adelante sólo por eso lloro. La adopción me permitió ser mamá, nos permitió ser familia.

Fuimos al hogar súper cerca de donde vivíamos, quién diría que mi hija por la que siempre pedí estaba a menos de media hora de mi casa, SU casa! Todos nos decían que fuéramos paso a paso que a veces son tímidos, que cuesta que se relacionen, pero Paula no, Paula era eso y más de lo que mi corazón había pedido, era risueña, simpática, dulce, afable, pero con carácter, independiente, fuerte, valiente, berrinchuda, dominante y caprichosa.

Cuando pude estrecharla en mis brazos me di cuenta que mis respuestas habían sido dadas completas, siempre pedí un hijo, nunca un embarazo y eso tenía y eso llena mi corazón cada día. Hoy dos años y medio después, a unos días de que mi regalo del cielo cumpla 5 años veo para atrás y me doy cuenta que hemos pasado días duros, y cada día son menos así y más sencillos.

Hubo meses en que no se iba conmigo y me rechazaba, y pedimos ayuda y se nos brindó, y tuve un hombre al lado que vale el mundo entero porque sólo con él quería, que él la bañara, vistiera, mimara y yo no, y eso duele mucho. La paciencia, las oraciones, la fe y las ganas de amar han obrado milagros para nosotros.

Hoy estamos tan convencidos que la adopción siempre fue nuestro camino para ser padres que ya estamos “embarazados” de la 2da niña desde abril 2016 y ojalá pronto llegue y nuestra familia crezca.

Mientras aprendemos como familia a hacer loncheras, a manejar la “adolescencia” a los 5, a explorar el mundo del kinder, nos esforzamos a diario por ser mejores personas para y por cada uno de nosotros. Hemos aprendido sobre todo que la familia se forma por amor, que el apego se forma cada día, que la lactancia materna no es lo único que forma niños sanos, que la fe y las oraciones el cielo si las oye y si vienen del corazón si las responde. Si nuestra historia inspira a que una familia se motive a adoptar, sé que habremos cumplido la misión. Mientras, nos esfrozamos por ayudar en los hogares como Love the Child o Casa Bernabé y buscamos que el tiempo que los niños estén allí esperando por su familia sea lo mejor posible.