Ser mamá de tiempo completo es un lujo… para tu esposo... /

2014.11.17
Foto por: j&j brusie photography

Foto por: j&j brusie photography

Escrito por Chaunie Brusie para Babble

El otro día, leía un artículo sobre una mamá de tiempo completo que estaba teniendo dificultades para manejar su tiempo ahora que sus hijos estaban en el colegio.

Es un tema que ha estado mucho en mi mente últimamente mientras observo con perplejidad como mis hijos insisten en crecer a una velocidad que yo no aprobé cuando firme mi contrato de maternidad. Veo a la más pequeña, mi bebé de siete semanas, y juro que ya veo el día (mañana, probablemente) en que me de un beso para decir adiós en su primer día de colegio.

Pero volviendo a mi tarea. Mientras leía el artículo, ojeaba los comentarios, anticipando que en un artículo sobre una mamá proclamando que no se siente culpable por no hacer nada todo el día, habrían algunas en desacuerdo, me topé con este sobresaliente comentario:

“Trabajo tiempo completo, y mi esposo es papá de tiempo completo. Tenemos dos hijos en el colegio todo el día (de 8 a 3). ¿No te das cuenta que es mucho más fácil tener un trabajo de tiempo completo sabiendo que hay alguien en casa con tus hijos? Puedo trabajar hasta tarde y viajar cuando lo necesito sin preocuparme de ellos. Nuestros fines de semana nos relajamos en lugar de andar en carreras haciendo mandados por doquier. Puedo volver al trabajo el lunes completamente recargada. Es un verdadero lujo para mi tener a mi esposo en casa.”

Me quedé estupefacta.

Perpleja de que en todos mis años de mamá de tiempo completo, siempre he luchado con mis pensamientos de que no estoy haciendo lo suficiente o que no soy lo suficiente. Siempre sentí que le debía al mundo algún tipo de explicación por quedarme en casa todo el día. Que tenía que excusarme con sacrificios, como no tener cable, o que tenía que hornear pasteles para que el mundo supiera que no era un miembro inútil de la sociedad. Y en medio de todo ese desorden mental y culpa nunca pasó por mi mente que quedarme en casa no era un lujo solo para mi… sino para mi esposo también.

Y derrepente, cuando leí esas palabras, todo tuvo sentido. Pero por supuesto es un lujo para el esposo que trabaja fuera de casa y tiene a su pareja en casa con los niños. Alguien que esta siempre allí en los inevitables días de enfermedad, para hacer las citas en el doctor y para asegurarse que la alacena esta llena. Tener a alguien que te ahorre la preocupación de mandar a tus hijos al mundo, alguien que este allí para besar los raspones y para encargarse de el entrenamiento para ir al baño y que hasta te tenga una comida caliente cuando llegues a casa.

Me di cuenta, que había pasado todo mi matrimonio en culpa por ser la que se quedaba en casa. Cargando con la culpa de quedarme en mis colchas calientes por las mañanas mientras mi esposo se aventura en el tráfico para llegar al trabajo, sintiendo la absurda necesidad de llenar mi día con un millón de actividades para poderle decir a mi esposo que hice algo y que fui productiva.

Me di cuenta por primera vez, que no le tenía que probar nada a nadie. Que me había esforzado tanto en trabajar desde casa y además tenerla siempre limpia y hacer todas las actividades con mis hijos por que según yo,  ese era mi deber y más valía que lo estuviera haciendo bien si mi esposo tenía que trabajar fuera, y fue tan así, que nunca me detuve a considerar que estar en casa con los niños podría ser un lujo para él.

De hecho estoy escribiendo este artículo en un rara mañana “libre”, cortesía de que a mi esposo le dieron el día libre. Estoy sentada en un café, escribiendo entre toma y toma de mi bebé. Y, acabo de llamar a mi esposo, quien se ofreció voluntariamente a ser yo por un día para que yo pudiera trabajar, para preguntarle su opinión del tema y para que me diera una frase para incluir en la pieza.

Atrás, escuchaba a mi hija de dos años llorar, probablemente colgada de su pierna y al de cuatro años cantar felizmente a todo pulmón, después de regresar del colegio. Me imaginé la escena que dejé en la mañana, cuatro tandas de ropa sucia del fin de semana, la casa hecha un completo desastre, los restos de huevos tiesos en el sartén del desayuno. Pero dulcemente le pedí la frase preguntándole si alguna vez había considerado el que yo me quedara en casa como un regalo para él.

“¿Qué?” contestó con un poco de desesperación en su voz. “No lo sé, tengo que responderte ahora mismo? La nena está llorando y trato de hacer macarrones con queso, creo que solo quiere que la cargue…” parecía demasiado abrumado como para continuar la conversación.

Me reí, con un aire de suficiencia debo admitir. Por que ya tenía mi respuesta. Ser yo por un día no es tan fácil. Y tenerlo allí para poder trabajar un poco en otra parte… pues, verdaderamente es un lujo. Un regalo.

VIA Disney Babble