Salvemos al planeta, comamos sano /

2019.10.08

Por Adriana Figueroa
Nutricionista. Máster en Crecimiento y Desarrollo


 

Recicla, reusa, reduce.  Tres palabras que he tenido presente en los últimos meses, sobretodo ahora que se han implementado leyes en Guatemala que prohíben los plásticos desechables de un solo uso.  Están de acuerdo que como mamás y administradoras de nuestros hogares tenemos una gran responsabilidad con el futuro de nuestra familia y el medio ambiente. Desde las piñatas (vasos y platos desechables porque no voy a lavar ni pagar platos rotos), hasta pañales y productos de higiene personal, el abanico de oportunidades para convertir un hogar verde eco – friendly es enorme. Solo queda en nuestra conciencia qué tanto estamos dispuestas a cambiar para disminuir nuestra huella de carbono, tener un impacto en el efecto invernadero y dejarles un mejor futuro a nuestra descendencia.  

Hay muchos cambios que podemos adoptar, y a veces la información puede ser abrumadora, por lo que debemos tener un punto de partida si nunca antes hemos reciclado, reusado o reducido. Espero en este artículo poderlas guiar a realizar cambios enfocados no solo en nuestra salud a través de la alimentación, sino también para beneficio del medio ambiente en cuatro puntos clave.

 

Desperdicio de comida. Cuando desechamos una manzana que se nos pudrió, tenemos que tener en cuenta que también estamos desperdiciando la tierra donde se cultivó, la mano de obra, el agua y energía no solo para el cultivo sino también para toda la red de distribución que hizo posible que esa manzana llegara a tu boca.  ¿Sabías que se requieren 70 LITROS de agua para producir UNA manzana? (datos de la FAO).  Sin embargo podemos implementar estas sencillas estrategias: 

  • Siempre haz una lista de compras y adquiere únicamente lo que planeas consumir. Revisa siempre tu despensa seca y refri antes de comprar doble. 

  • Planifica tus menús con anterioridad.  Esto incluye calcular tus porciones.  

  • Almacena tus productos de forma eficiente con el método FIFO; así consumes primero los alimentos próximos a vencer.  

  • Compra frutas y verduras “feas”; ya sabes esas fresas que no son super rojas ni perfectas en su forma pero saben delicioso.  

  • Compra local.  Ve al mercado, consume lo que se produce en el país.  Una manzana que viajó miles de kilómetros aéreos o terrestres todavía consumió más energía que la local.

  • Compostaje! Recicla tu basura orgánica para tu huerto casero. 

  • Haz un huerto casero; nada le gana a unas ramitas de menta recién arrancadas de tu maceta en casa.

Ah! Y se me olvidaba. Si desperdiciamos comida también es mal manejo de nuestro presupuesto. Así que al tener en cuenta todas estas estrategias también beneficiamos la economía familiar.  Optimizar gastos en la comida tal vez implique que nos podamos dar un lujo a fin de mes. 

 

Comida casera. Cocinar sano no es sinónimo de verduras y pechugas de pollo hervidas (qué aburrido la verdad). Cocinar sano también implica hacer todo desde cero: miltomates, tomates, chiles pimientos, cilantro para tu salsa verde (no el paquete en el super que de por sí tiene más contenido de sodio, grasa y aditivos y que viene en un envase que vas a desperdiciar).  Comer en casa también implica que utilizas cristalería y cubertería reusable, sin pajilla, sin platos de desechables o cajas de cartón. También implica optimizar nuestros recursos de agua. ¿Sabías que para producir una papa se requieren 25 litros de agua; pero para una bolsa de papalinas son 185 litros, sin contar el empaque no reusable que desechamos; no digamos los 2400 litros que se requieren para producir una hamburguesa. Cuando consumimos comida chatarra no solo dañamos nuestra salud (alimentos ricos en grasas saturadas, azúcares refinadas, sodio, sustancias tóxicas y adictivas), sino también influimos en el consumo de agua de nuestro planeta tierra y aumentamos los desechos no reusables plásticos.  

 

Alimentación ecofriendly.  Recientemente la American Society for Nutrition publicó un estudio que demuestra que si hacemos una sustitución del consumo de carne roja por aves de corral, reducimos a la mitad el efecto de los gases de invernadero por individuo.  El estudio se basó en la información dietética de más de 16000 individuos y correlacionó el consumo de alimentos que tienen la mayor cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero con la huella de carbono para cada individuo.   Las carnes de animales rumiantes tienen una elevada huella de carbono debido a que liberan gas metano. Por cada participante que hizo UNA sustitución de carne roja a ave de corral, se reduce significativamente (50%) el efecto invernadero.  La American Heart Association recomienda limitar el consumo de carnes rojas a no más de una vez por semana debido al incremento en el riesgo a enfermedades coronarias.  Así que no solo cuidamos nuestra salud sino también la del medio ambiente. ¡Ojo! Con este apartado no estoy diciendo que dejemos de consumir carne roja y que viva el veganismo puro.  La clave está en el balance. 

 

Consumo consciente de líquidos.  Si hay un pasillo que evito totalmente en el supermercado es el de bebidas.  Agua pura embotellada, jugos y néctares, tés, aguas con aloe, bebidas gaseosas. Si queremos ser amigables con el medio ambiente aquí el tema principal es reducir el desecho al no consumir.  En mi caso cada vez que salgo de casa siempre llevo mi pachón con agua pura; y a mis hijas también les llevo su pachoncito.  Para consumo diario aguas frescas, me encanta mezclar agua pura con rodajas cítricas, hierbas y hielo para el almuerzo o hacer frescos naturales (agua de sandía con jengibre, por ejemplo).  Y por supuesto en temas de salud disminuimos el consumo de azúcares refinadas. No está de más recordarles que los wiros no necesitan nada más que agua y leche para un óptimo crecimiento. Jugos y gaseosas no solo afectan el crecimiento y desarrollo fomentando riesgo a obesidad sino también incrementan nuestros desechos no reusables impactando en nuestra huella de carbono.

Como ven, esto es apenas la punta del iceber; podemos comprar nuestras bolsas reusables y decirle que no a la pajilla, pero si tenemos churrascos todos los fines de semana con nuestra agua gaseosa no estamos siendo verdaderamente eco friendly.  Los cambios que podemos gestionar son fáciles y tienen una relación ganar-ganar; para nuestro cuerpo y nuestra Tierra.