Regresando a la rutina sin apurarlos /

2017.01.02
Foto: Flickr kpbs

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Regresar al colegio significa prepararnos no solamente con los útiles y la nueva mochila. Significa que tanto para padres como para los niños habrá un regreso a la rutina, y eso en muchos casos es un regreso a las carreras de la mañana, a la batalla de hacer que se vistan solos, que se coman el desayuno, se recuerden de llevar la lonchera y todo lo que nos hace respirar profundo.

Existen varias formas de prepararnos y a nuestros hijos e hijas a que el regreso a clases sea más fácil. Uno de los consejos que considero esencial es el de preparar la ropa y los útiles el día anterior. Revisar que el uniforme o ropa este lavado y preparado sobre una silla. Colocar bolsón y útiles en la salida de la casa, y para las loncheras adelantar algunas preparaciones para el otro día.

Por alguna razón la prisa siempre gana. El bus ya esta esperando, o se pierde el suéter antes de salir, o el niño no se ha puesto los zapatos cuando ya le repetimos varias veces que lo debe hacer. Regla de oro: ayudar es mejor que reclamar. Los niños pueden ser autosuficientes hasta cierto punto. Pero los adultos no debemos empujar a los niños en las prisas de la mañana pidiéndoles de todo. Ellos se confunden fácilmente con tantas ordenes. Es mejor darle a la niña el objeto que debe llevar, sin añadir sermones del tipo: “ya se te iba olvidar’ “vas a dejar hasta la cabeza perdida”.

La tiranía de cumplir con horarios que no son de ellos: horarios de bus, de entradas y salidas, nos hacen a los adultos ser quienes los apuran para todo. Los chicos siempre se toman su tiempo y lo hacen para mejorar sus capacidades, para perfeccionar lo que aprenden. Si tu hijo se tarda en ponerse los zapatos, porque no puede amarrarlos, cómprale de velcro y ya no lo atormentes con que es lento y no colabora con “tu” tiempo.

En vez de estarlos apurando apoyemos con darles tiempos y limites realistas. “El bus estará aquí en diez minutos, comienza a ponerte los zapatos” “tenemos media hora para el desayuno, si te tardas menos, tal vez puedas jugar antes de irnos a la escuela”.

“Hijo aquí está tu lonchera” es mejor, a decir: “Quiero ver el día en que no tenga que pedirte que no olvides tu lonchera”. Un niño querido y amado no debería de recibir una lista de quejas y reprimendas antes de ir a la escuela. Esperemos que ellos se lleven lo mejor de nosotros, como un “que te vaya bien hijo” “te quiero y te espero a la salida” o “va ser un día fantástico porque hoy te toca música, tu materia favorita”. Este es el tipo de palabras que podemos recordarles y esperar que no se les olviden. Para todo lo demás: lonchera, bolsón, suéter, maqueta, cartulina, hay que ayudarles, somos los adultos quienes tenemos el control del tiempo y debemos guiarlos sin ser sarcásticos.

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