Reflexiones sobre las mudanzas, las transiciones y la a... /

2018.04.23

 

Por Lissy González

Si estás leyendo es porque tú o alguien que conoces está por mudarse. O bien, ya te mudaste y estás buscando apoyo y respuestas porque la mudanza está más difícil de lo que pensaste.

Somos más territoriales de lo que creemos. Especialmente en lugares como Guatemala, dónde tradicionalmente buscamos permanecer en un lugar por mucho tiempo. Las mudanzas pueden ser una experiencia sobrecogedora. Ponen a prueba todo lo que una familia es. O bien, pueden ser una oportunidad para aprender sobre los cambios, la resilencia, y la adaptación y que no importa el lugar, la casa o el país, nuestra familia sigue unida por una realidad: a dónde vamos, vas conmigo.

Cada cierto tiempo, por trabajo, nos trasladamos a un nuevo continente. Nos ha tocado adaptarnos no solamente a un nuevo país, si no a una nueva cultura, a una nueva casa, nuevos amigos, lugares, idiomas, rutinas y comida. Cuando la gente me pregunta sobre estos detalles, generalmente hay dos reacciones: puedo ver en sus rostros cómo una vida así les parece o súper emocionante o tristemente traumática, y siempre me preguntan: ¿y los niños?

Pues la idea que mis niños son “super adaptables” no es cierta. Claro, navegan por la vida con menos bagaje emocional que yo, pero las transiciones, especialmente con mudanzas familiares no son fáciles para nadie. Ellos se adaptan, pero podemos hacer esos procesos menos traumáticos y negativos, si buscamos palabras y frases alentadoras y positivas. Aquí unos ejemplos


Deprimente y ansioso
“Nos vamos y no sabemos si volveremos, lo perderemos todo”

Alentador
“Tenemos una oportunidad nueva, nos mudaremos a una casa donde tendrás un nuevo cuarto, ¿Quieres escoger tus propias sábanas?, ¿Qué propones para decorarlo?”



Generador de Inseguridad
“Nos mudamos y todavía no tenemos una casa a dónde ir”

Alentador e incluyente
“¿Se recuerdan de nuestras vacaciones del año pasado? ¿Qué les parece si vamos a vivir a un hotel por algunas semanas, y me ayudan a buscar una casa nueva?”


En una mudanza hay muchos detalles, muchos planes, y cuando se concretizan todos, ya estás en otro lado y no sabés ni cómo lo sobreviviste, ni qué esperar. En medio de todo eso, hubieron gastos, desvelos, cajas, muchas cosas que tiraste y muchas que atesoraste por su valor sentimental. Tomaste muchas decisiones en corto tiempo, porque siempre hay una fecha límite. Es una época de estrés si dejas todo para última hora. Por eso prefiero transición, y no mudanza… la transición para mi involucra una organización pre, durante y post. Tanto de mis pertenencias físicas, los trámites, y mi adaptación emocional que involucra la de mis hijos.

Tengo algo claro, yo soy la responsable de que mis hijos tengan una transición normal y no dramatizarlo todo cómo si irnos representa el fin del mundo. (Mi mundo). Una mudanza puede crearles mucha ansiedad, especialmente si constantemente estás recordándoselo. Usualmente con los hijos pequeños hay que esperar a que la mudanza esté más cercana y tengas datos del lugar por venir, la casa, la escuela para poder trasladarles información y verlo como algo que los adultos tienen “bajo control”. Recuerden que los niños son los grandes imitadores, y si como mamá y líder de tu camada te resistes a los cambios, ellos también se resistirán.

Lo que me lleva a un punto importante. Los objetivos de tu familia. Muchas veces en los lugares donde he vivido me he topado con mamás que sufren mucho en la expatriación. No se adaptan, no se integran, se limitan, viven renegando de haber dejado un país, o una casa, o incluso de ya no vivir en la misma zona que vivía antes ¡en la misma ciudad! Como dije, somos más territoriales de lo que pensamos y los cambios nos congelan. Y por lo tanto los objetivos de pareja y familia son importantes hablarlos antes de tomar una decisión que involucre des-enraízar a la familia. Cuando papá y mamá se unen en pensamientos, palabras, intenciones y acciones, las transiciones y mudanzas son un paso más es una interesante aventura de pareja. Nadie te esta “llevando” y por lo tanto eres dueña del proceso.

Usualmente, en estas situaciones donde mamá no esta feliz “en otro lugar”, sus hijos no se adaptan, tienen problemas de comportamiento, “son berrinchudos”, y lo atribuímos a la mudanza. Para mi, no es una consecuencia de cambiar de lugar, si no que como madre, o pareja, no se está seguro de esa decisión / imposición. A mi también me pasó. Nos cuesta ver la parte positiva, nos cuesta abrirnos a la nueva cultura, o lugar. En el transfondo, si estás en otro país se llama choque cultural, (culture shock) y es un proceso totalmente normal, que pasa en varios meses, sólo pasa, y todo vuelve a la normalidad: una nueva normalidad. No la que tenías antes. Y eso es bueno; eso es vivir la aventura que decidiste.

¿Qué hace a una familia adaptable?

1. Principalmente tener objetivos comunes y comunicarlo abiertamente a todos, en el lenguaje que cada uno entiende. No es lo mismo explicarle a un adolescente una mudanza que a un niño de 3 años o a uno de 7. Hasta para las mascotas las mudanzas son difíciles de comprender. Pero cuándo la comunicación e información fluye tenemos confianza en el proceso.

2. Trabajar la idea de la transición a nivel emocional (libros de auto ayuda, terapia psicológica, amigas, gente que a pasado por lo mismo, todo ayuda). Si cómo madre o padre estas convencido y seguro de tu decisión, es más fácil invitar a otros a ser parte de tus objetivos. Mamá ansiosa, hijo ansioso. Mamá con miedo, hijo con miedo. Papá inseguro, mamá insegura, hijos inseguros.

3. Una familia adaptable confronta el miedo, ansiedad o inseguridad como emociones normales y profundamente humanas. En mi experiencia intento navegar esas emociones con ellos. Si yo estoy triste, lo digo. Esto les trasmite que mamá tiene emociones y las puede expresar. De eso se trata: de permitir-te y permitir-les expresar sus sentimientos, (palabras, berrinches, lágrimas, tristezas) como una parte normal de partir y dejar ir. Una cosa es ser positiva y otra escapar de las emociones reales.

Algo que aprendí a valorar es la interminable fuerza que ser mujer me da para crear un hogar. Mi objetivo como dueña de nuestras transiciones es crear una y otra vez ese espacio familiar, donde ocurren las rutinas, donde se cocina comida calentita, donde se pone un florero y se busca un lugar para cada cosa. El feminismo, aprendí, es también reclamar el espacio familiar y en vez de pintarlo como un lugar para las “que se quedan en casa” es un lugar para crear, integrar, nutrir y enseñar. La fuerza del hogar esta unida a la energía femenina,  y los cambios me dan la oportunidad para ser mamá gallina con mis pollos y aprovechar ese empuje y capacidad para crear nidos a donde vamos.

Finalmente y quizás lo más profundo de las enseñanzas de las mudanzas y transiciones es que ser extranjero es asumir una nueva identidad y eso si da miedo. Cuestionarte todo lo que piensas que eres, te lleva a un cara a cara con tu propio ser. Preparar a nuestros hijos para esto es un proceso intencional, porque así como hay prejuicios y pre conceptos sobre los extranjeros, especialmente en esta época, hay un tesoro enorme, una oportunidad para crear identidades multi-culturales que enriquecen cualquier país e individuo. He sido inmensamente dichosa en encontrar hospitalidad genuina en cada lugar.  Mi identidad, más allá de los nacionalismos falsos, se muestra en mi trato hacia los demás, el respeto a lo distinto, mi ética de trabajo, mi deseo de integrarme y de buscar qué hacer.

Para todas aquellas mamás que criamos hijos transnacionalmente, tenemos un gran reto todos los días, el de no perdernos a nosotras mismas en las mudanzas y las transiciones. Cada etapa de ellas es manejable, tiene sus tristezas, sus sorpresas y cada etapa sus frustraciones envueltas en capas de papel burbuja. Pero recuerda, (y esto es una nota a mi misma también): estás construyendo la historia de tu familia como el souvenir de la aventura más grande de tu vida. Tu trabajo es es juntar todos esos pedacitos del mundo, en un orden, que tus hijos puedan entender.