Qué revela la moda de los Spinners acerca de la discrim... /

2017.08.01

Traducción: Moira Pérez
Tomado de: thinkingautismguide.com

Me enoja la repentina popularidad de los Spinners, pero probablemente no por la razón que creen. No me enoja que sean disruptivos en clase, o que estén tan de moda que resulta molesto. Me enfurece por lo que revela acerca de las estructuras sociales de poder, y la patologización de personas discapacitadas [sic] por parte de personas no discapacitadas.

Las personas autistas, y otras con discapacidades de desarrollo, han estado librando una guerra durante décadas. Es una guerra contra el hecho de que se nos condiciona a la fuerza, frecuentemente de manera brutal, a comportarnos más como las personas neurotípicas, sin importar el costo para nuestra comodidad, seguridad, y salud. Y quienes necesitamos estímulos para concentrarnos (en general con comportamientos pequeños y repetitivos, tales como, digamos, hacer girar [spin] algo) hemos sufrido décadas de protocolos de “Manos quietas”, o que nos envíen a la oficina del director por movernos, o que nos digan “¡dejá eso/pará de hacer eso y prestá atención!”, cuando de hecho estamos haciendo precisamente aquello que nos permite prestar atención en lugar de estar horriblemente distraídxs por millones de otras molestias como luces que titilan o ropas frotando. Nos pegaron en las manos, nos confiscaron los objetos que nos ayudaban. Nos obligaron a sentarnos sobre nuestras manos. Nos ataron. Sí, a lxs chicxs discapacitadxs se les ata -físicamente- en el aula, en las sesiones de terapia, y en muchos otros lugares, por hacer algo que ahora es una moda masiva.

Piensen en esto: décadas de castigo psicológico, violencia física, y otros abusos. Y después un tipo cualquiera (que casualmente está en una posición con más influencia social que la que podrían llegar a tener la mayoría de las personas discapacitadas en sus vidas) escribe un artículo sobre cómo tener un juego para mover las manos le ayuda a concentrarse durante las reuniones, y de repente todas las personas neurotípicas en Estados Unidos se están desviviendo para tener su propio juego. La primera vez que escuché de esta locura por el Spinner en las noticias, no sabía si reir o llorar. Pero me inclinaba a “llorar”, por las razones que acabo de exponer, y porque la ironía me enfermaba. A veces el universo tiene un sentido del humor muy cruel.

Esto es importante. Realmente importante, así que lean dos veces la oración que sigue: algo que era considerado completamente patológico y que necesitaba urgentemente ser corregido cuando lo hacían personas discapacitadas, ahora es completamente aceptable porque lo están haciendo personas no discapacitadas. Esto debería hacer que se detengan a reflexionar, especialmente si sos una persona que trabaja con, educa, o investiga acerca de personas con diagnósticos tales como el autismo.

¿Qué otra cosa podríamos depatologizar de la noche a la mañana, una vez que empiece a hacerlo la gente “correcta”, la gente “normal”, la gente “sana”? ¿Alguien va a publicar un tweet que haga socialmente aceptable el hecho de evitar contacto visual? ¿Va a venir un meme de Facebook para que esté repentinamente de moda tener sensibilidad a las texturas? ¿Golpear las manos va a ser cool tras aparecer en un video musical?

La normalidad es una ilusión. No existe. La cultura humana está en permanente cambio, y nuestros comportamientos cotidianos cambian con ella, más rápido que nunca en esta era digital acelerada (sí, soy lo suficientemente vieja como para recordar cuando los teléfonos no podían ir a todos lados con unx, y créanme, las normas sociales eran muy distintas en esa época). Incluso si existiera lo “normal”, establecerlo como el objetivo hacia el que deberían luchar las personas discapacitadas es inaceptable.

Porque insistir en que la gente discapacitada se comporte más como la gente no discapacitada no tiene que ver con mejorar la funcionalidad; tiene que ver con quién tiene el poder de establecer los estándares sociales. Es la misma razón por la que ciertos acentos y dialectos se consideran menos “educados” que otros, y se mira mal a la gente que los habla. Es la misma razón por la que a las personas con un cierto tono de piel se las representa como menos capaces, o más peligrosas, que a las personas con el tono de piel de la mayoría. Es el motivo por el cual el “trabajo de mujeres” está devaluado y peor pago. En pocas palabras: es la opresión, pura y simplemente.

Quizás debería tener más esperanzas. Quizás estamos avanzando hacia una era de aceptación. Incluso antes de que el Spinner llegara a las primeras planas, cada vez más profesionales concuerdan que las necesidades sensoriales son reales, y que deben ser reconocidas y satisfechas. Ahora hay muchos sitios web que venden juegos para morder, abundan las aplicaciones para relajar los sentidos, y muchos programas de “tratamiento” para el autismo (aunque ciertamente no todos) han dejado de poner el foco en sentarse quietos con las manos inmobilizadas, y han aceptado a regañadientes que la estimulación es algo totalmente saludable para que hagan las personas autistas.

Pero la estructura de poder sigue estando allí. Sigue habiendo una jerarquía rígida de quién puede decidir cuáles comportamientos son normales o patológicos. Sigue habiendo un subtexto social que dice a las personas que son diferentes “sé menos como vos, y más como nosotrxs”. Necesitamos resolver eso.