¿Qué hacer si tu hijo te pega? /

2018.12.18

Traducido del original publicado en psychologytoday.com

“Para mí el mayor problema sigue siendo mi propio enojo y miedo cuando mi hijo cruza la raya — sobre todo la seguridad. Me ha lastimado seriamente varias veces. Se que probablemente no era su intención pero me ha llegado a sacar las lágrimas. Quisiera poder mantener la calma en esas situaciones.”

Mantener la calma cuando nuestros hijos nos lastiman es casi imposible. El dolor nos manda inmediatamente a nuestro tallo cerebral inferior, que gobierna nuestro impulso de huir o pelear, y nuestro hijo se convierte en el enemigo. Y eso nos manda directamente a las trincheras de la maternidad. Conocemos las trincheras. Cuando les hablamos entre los dientes apretados o comenzamos a gritar o nos ponemos físicas. Cuando perdemos cualquier acceso a la razón y nos sentimos justificadas de hacer nuestros propios pequeños berrinches.

¿Qué hacer entonces cuando nuestros hijos nos lastiman? En ese momento, nada.
Cualquier acción que tomemos desde ese estado no va a resultar en nada bueno para ninguno de los dos. Los más seguro es que perpetuemos un ciclo que incluye la violencia física. Pero eso no significa que no pongamos límites claros. De hecho, tenemos mucho poder para evitar que esto vuelva a ocurrir. Es sólo que debemos regular nuestras propias emociones antes de ayudar a un niño a regular las suyas.

Los niños aprenden a regular emociones fuertes cuando nosotros:

1. Aceptamos todas las emociones

2. Ponemos limites firmes y claros a las acciones.

3. Regulamos nuestras propias emociones para actuar con respeto.

En la práctica:

Adrián de seis años se lanza contra su madre, arruñando. “¡¡NOOOO!! ¡Eso no es justo! ¡Te odio!”

Mamá se quita pero no lo suficientemente rápido. Queda con un gran rayón sangriento en el brazo. Grita de dolor y enojo. Respira profundo y dice: “OUCH ¡Eso dolió! Necesito ocuparme de mí en este momento. Hablaré contigo luego de que me calme.” Se va al baño y cierra la puerta. (Si el niño tiene problemas de abandono o es más pequeño de cinco años, deja la puerta abierta.)

Mamá NO usa el tiempo en el baño para revisar todas las razones por que su hijo es un malagradecido, malcriado en camino a convertirse en un asesino en serie. En su lugar, se lava el brazo con cariño para calmar a su niña interna que quiere la revancha. Cuenta hasta 10, respirando profundo. Se recuerda a sí misma que su hijo está teniendo problemas para regular sus emociones y que SU habilidad para mantenerse calmada es crítica para que él aprenda esta habilidad. Se recuerda a sí misma que es su meta criar a un niño que QUIERA controlar su enojo y tenga la inteligencia emocional para hacerlo. Eso significa que los castigos no van a ayudarle. En su lugar, necesita conectar con ella y obtener ayuda para manejar sus emociones.

Cinco minutos después, cuando mamá sale del baño, ha vuelto a la cordura. La cordura implica ver las cosas desde la perspectiva de nuestros hijos para poder responder con paciencia y comprensión. Mamá va con su hijo y se coloca a su nivel, aunque lo suficientemente lejos para que no le pueda pegar en la cara (esto reduce su miedo y es menos probable que pierda el control de nuevo). “Eso verdaderamente me dolió. Sé que estas enojado. Pero no voy a permitir que me lastimes. NO se le pega a las personas.”

Adrián: “Pero no es justo. NECESITO ir a la casa de Jacobo. Ayer dijiste que podría.” (Adrián está ignorando el hecho de que golpeó a su mamá. Mamá sabe que no va a ser hasta que le ayude con esos sentimiento que no va a absorber la lección que ella quiere que aprenda sobre pegar)

Mamá: “Cierto, eso dije. Veo que estás decepcionado. Pero las cosas cambiaron, porque la abuela necesita que vayamos a su casa. Lo siento mucho. Sé que te emocionaba ir.”

Adrián: “¡Rompiste tu promesa! ¡Eres una mentirosa!”

Adrián aún se encuentra muy enojado, pero la empatía de su madre lo mantiene lo suficientemente calmado para que no reaccione físicamente de nuevo, solo verbal. Se aleja de ella, al otro lado del cuarto. Mamá sabe que esto es un avance, se retiró de la situación en lugar de pegarle.

Mamá: (Aceptando la ira de su hijo) “Estas muy enojado conmigo, Adrián. Piensas que rompí mi promesa.” Mamá ignora que le haya dicho mentirosa, para el es cierto en ese momento aunque la mayoría de las veces ella cumple sus promesas. Ella reconoce el enojo y la frustración que estan causando que pierda el control.

Adrián: (gritando) “ROMPISTE tu promesa, me dijiste que podía ir”

Mamá: (Ignorando por ahora los gritos, habla en un tono amable y calmado, validando su enojo. Modela tomar responsabilidad.) “Te di permiso de ir y ahora no te voy a llevar. Tienes razón; No mantuve mi palabra. Aunque hay una buena razón, rompí mi palabra. No es de extrañar que te sientas enojado y herido.”

Adrián: (La empatía de mamá le está ayudando a confiarle más a profundidad el problema) “Todos van a ir, seré el único que no vaya”

Mamá: “Ay, Amor. Con razón estás molesto. Quieres estar allí con todos.”

Adrián ataca de nuevo. Prefiere pelear que llorar — se siente mejor. “¡Nunca me dejas ir! Por eso no tengo amigos. Por qué eres una mentirosa y la peor mamá.”

Mamá no señala todo lo que ella hace por el, o que casi nunca rompe sus promesas. Ni siquiera discute si tiene amigos o no. Se mantiene en compasión y empatía con su molestia. “Ay, Amor, siento mucho que esto sea tan difícil… quisiera poder dejarte ir.” Los ojos de Adrián se llenan de lagrimas. La compresión de mamá le está ayudando a sentirse lo suficientemente seguro para dejarse ver vulnerable y con miedo. “No entiendes, si no voy, no me van a dejar jugar con ellos en el recreo.”

Mamá: “¿Temes que te dejen fuera después de esto?”

Adrián comienza a llorar. Mamá se acerca para abrazarlo. Llora por un rato y luego para.

Adrián: “Jacobo se va a enojar conmigo.”

Mamá: “Mmmm… ¿Eso crees? ¿Porque no vas hoy?”

Adrián: “Él dice que solo los que practican pueden jugar en el recreo”

Mamá: “Wow, ahora puedo ver porque estás preocupado… ¿Verdaderamente crees que te dejaran fuera en el recreo?”

Adrián: (Pensando más claramente ahora que ha tenido la oportunidad de expresar sus sentimientos) “No me importa si Jacobo se enoja conmigo. Todavía podré jugar. Le pediré ayuda a la maestra si no me dejan.”

Mamá: “Esa es una idea. ¿Es la regla que todos deben jugar?”

Adrián: “Sí. De todas maneras, me van a querer en el equipo. Soy buen jugador.”

Mamá: “Yo siempre te querría en mi equipo.”

Adrián la abraza.

Mamá: “Pero Adrián, hay algo importante que debemos hablar. Mira mi brazo.”

Adrián: “Lo siento mamá. ¿Te duele?”

Mamá: “Sí, me duele. Y entiendo que estabas enojado, te puedes enojar todo lo que quieras. Pero NO voy a permitir que me lastimes. No se le pega a las personas.”

Adrián: No fue mi intención lastimarte. Estaba muy enojado.”

Mamá: “Entiendo que estabas muy enojado. Enojarse está bien. Pero no hay excusa para pegar. NUNCA. ¿Qué harás la próxima vez que te enojes tanto?”

Adrián: “Usar mis palabras.”

Mamá: “Sí. ¿Y si no puedes hacer eso?”

Adrián: “¿Gritar?”

Mamá: “Eso es mejor que pegar.”

Adrián: “¿Somatar los pies?”

Mamá: “Buena idea. También puedes probar lo que yo hago. Contar hasta diez, respirando profundo. Probemos.” (Lo hacen juntos.) ¿Crees que puedas hacer eso la próxima vez que te enojes? Porque enojarse está bien, pero golpear NUNCA lo está. Yo nunca te pegaría. Y no voy a permitir que tu me pegues a mi.”

¿Siempre será fácil? No. Pero entre más practiquemos este acercamiento, más fácil será lograr que se regulen y menos a menudo perderán el control. Cuando estamos calmadas, ellos nos imitan.

¿Qué aprendió Adrián?

– Habilidades para controlarse.

– Que su mamá puede ayudarle a solucionar problemas que le molestan

– Que cuando hay un problema lo que hay que hacer es tomar responsabilidad de tu parte. Como lo hizo su mamá.

– Que es capaz de lastimar a alguien, y NO es eso lo que quiere.

– Que sus sentimientos son aceptables y que hay una manera de manejarlos.

– Y la más importante, que el amor de su madre es incondicional, incluso cuando cruza la línea.