¿Por qué hay tantos niños sin esta habilidad social?... /

2016.08.15
Mindy Gerecke/Flickr

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Extraído y traducido de Kinstantly

Algo muy raro está pasando.

Las maestras han comenzado a notar un incremento en algo que parece sorprendente, y sobre todo en comportamientos que parecieran no estar relacionados. Niños, incluso de familias muy educadas, están teniendo mucho problema con pedir ayuda, para trabajar en equipo, compartiendo sus juguetes o para prestar atención cuando la maestra señala algo en el pizarrón.

Es una potencial bomba de tiempo: Cada vez más niños necesitan ayuda con habilidades sociales básicas, como aprender a no interrumpir. Muchos de los niños que esperaríamos vayan camino al éxito están, en su lugar, luchando con problemas sociales, problemas para leer, entre otras cosas.

 

¿Qué está pasando?

Un denominador común parece ser una habilidad básica pero importante que muchos expertos temen se está quedando descuidada: Entender cómo tener una conversación.

Nos obsesionamos por esas primeras palabras. ¿Pero luego qué? Saber cómo usar sus palabras con los demás puede hacer o deshacer el futuro de un niño. Conversar, usar las palabras correctas en la manera correcta, es una habilidad que los niños comienzan a adquirir incluso antes del ma-ma y el da-da y que continúan afinando por años.

Nadie nace sabiendo como. Casi todos lo captamos en el aire de simples interacciones que tenemos con nuestros padres y la gente que nos rodea. Pero cada vez más y más niños se están perdiendo estás habilidades cotidianas que damos por sentado:

 

1. Cómo leer las señales no verbales
Es todo lo que decimos sin mutar una palabra. ¡La mayoría de las cosas que comunicamos! Nuestras expresiones faciales, los gestos, la entonación, el lenguaje corporal, son el 65-70% de nuestra comprensión en la comunicación. Desde el nacimiento, nuestros bebés siguen nuestras sonrisas, se dan cuenta si hablamos en un tono feliz o enojado, siguen lo que vemos. Todo sin una sola palabra. Más adelante, cuando señalan algo y dicen “Eso?” cuentan con que les diremos como se llama. Cuando piden algo y ven nuestra cara confundida, piensan, “Hm, no entendió lo que dije”.

Lars Ploughman/Flickr

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2. Cómo tomar turnos
Tu hablas, yo escucho. Yo hablo, tu escuchas. Las conversaciones son como el tenis, de ida y vuelta. Y todo comienza con juegos como peekaboo o decir adiós, les damos la pista de que se unan a una interacción de ida y vuelta siguiendo su ejemplo. Es mucho más complicado de lo que parece. Cuando una persona habla, la otra debe escuchar en silencio. También tiene que poner mucha atención y demostrar que sigue a quien habla. Debe contenerse de interrumpir hasta que sea su turno, y saber cuando es eso y que se espera de ella.

april/Flickr

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3. Cómo mantener un tema
No se puede hablar sólo de dinosaurios o de caballos o de tus opiniones y esperar tener buenas relaciones sociales. Ser capaz de conversar significa mantenerse en la misma página que otros. Significa agregar comentarios apropiados y preguntas oportunas, crear conexión de cosas relacionadas y entretejerlas. Significa abstenerse del relajo, ser menos como Dory. Significa aprender a relacionarse con los demás.

Esto es todo lo que necesitamos para comenzar (y mantener) una conversación fluida:

  • Aprender a conversar no debe ser cosa de otro mundo. Se reduce a dos cosas: exposición y práctica.
  • Los bebés necesitan práctica incluso antes de entender nuestras palabras. Los niños pequeños entre uno y tres años deben ser motivados a unirse a nuestras conversaciones. Y a partir de los tres años (hasta la adolescencia) deben ser involucrados en conversaciones cara a cara.
Fort Carson/Flickr

Fort Carson/Flickr

Debemos ser mucho más intencionales que lo que nuestros padres fueron, al enseñarles habilidades de conversación. Porque… ¡ahora hay smartphones!

Nosotros los adultos (talvez) podemos salirnos con la nuestra con la nariz ensartada en el teléfono durante una reunión social porque ya dominamos las conversaciones. Pero no nuestros niños.

Inocentemente, todos caemos en el hoyo negro. Estamos jugando en el parque. Les tomamos una foto. Queremos ponerla en Instagram. Pero vemos el último post de nuestra mejor amiga. Y después otro. Y otro. Unos cuantos minutos… pero los minutos se van acumulando. Minutos de comunicación no verbal. Nada de ida y vuelta. Nada de temas compartidos. Nada de dar el ejemplo.

DNews/YouTube

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Y nadie está seguro de cuánto es “suficiente” conversación cara a cara para que un niño desarrolle las habilidades de comunicación que necesita. Probablemente es un montón, la mayoría de expertos coinciden. Lo que si es seguro es que es mucho más de los que está recibiendo ahora.

Primero tenemos que hacer tiempo para enseñarles
Y no es realista sólo decir “Dejemos el teléfono a un lado”. Hay que buscar el balance, asegurándonos de encontrar maneras de pasar tiempo de calidad en distintas situaciones, hablando de diferentes temas y experiencias, utilizando el lenguaje correcto para lo que está ocurriendo.

Podríamos comenzar por comprometernos a limitar la tecnología como familia. Podría ser en ciertas zonas, como el comedor. O en ciertas horas del día, antes del colegios, durante el baño o a la hora de dormir. Y todas esas funcionan porque son oportunidades para estar 1:1 con nuestros hijos. Planear salidas donde la tecnología no tenga lugar: salir a caminar después de cenar, en las salidas al parque o en el camino al colegio o a la casa.

Uno de los principales hábitos que debemos romper es utilizar los electrónicos como “juguetes silenciadores”, en el carro o en los restaurantes, porque se convierten en una pendiente peligrosa sin regreso. Mientras más pequeñitos sean, más importante es que los incluyamos en muchas conversaciones de todo tipo, diferentes escenarios y cada vez utilizando más y más palabras. Y mantener la coherencia con las reglas, sobre todo con la tecnología es importante no darles mensajes mixtos.

popofatticus/Flickr

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No sólo demos ordenes. Hablemos (y luego escuchemos)
Conversaciones normales, relajadas, donde tomamos turnos, es todo lo que necesitan. Recoge eso. Traeme eso. Ponte los zapatos. Vamos. Apurate. Pueden parecer frases efectivas pero no es una verdadera conversación. Hacer preguntas es una buena táctica porque permite tomar turnos para hablar.

Antes de brincar a resolverles los problemas, probemos esto:
Cuando tu peque llegue a casa triste porque sus amigos no lo dejaron jugar o la maestra le puso una mala nota que no comprende, ¿qué haremos? ¿Brincar a resolver el problema?

Lo mejor es empoderarlos para que resuelvan sus problemas equipándolos con el lenguaje para ello. “Veamos, ¿Cómo podemos resolver esto?” “¿Qué podrías decirles?” Dile el momento adecuado, expresiones faciales y palabras que usar.

Hacer del lenguaje algo divertido para hacer en familia.

  • Enfocarse en platicar durante las comidas
  • Leer y contar cuentos. No existe tal cosa como leerles demasiado. Lo importante es que sean temas que les interesen
  • Juguetes de posibilidades ilimitadas (como bloques o juegos de roles), casi nos forzan a hablar más
  • Juegos que involucran a todos, como Mímica

Darles la oportunidad de practicar con otros.

seattleparks/Flickr

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Una práctica que puede pasarse por alto, especialmente en la era de los preescolares, las niñeras y el juego independiente en dispositivos electrónicos: jugar con otros niños. El juego es una manera muy importante en que los niños desarrollan distintas habilidades sociales, especialmente la comunicación.

Explicarles porque hablar con las personas importa.
A los niños les importa muy poco. Así que es importante explicarles lo que la gente piensa de ellos si no los ven a los ojos y les dicen hola, por ejemplo.

Buscar ayuda si es necesario.
Estas son algunas señales de que hay problemas:

  • No tienen amigos ni invitaciones a jugar
  • Muchos berrinches (que usualmente surgen de la inhabilidad de comunicar sus necesidades)
  • Lenguaje limitado (Regla de oro: se capaz de poner dos palabras juntas a los dos años)
  • No hablan

Entre los dos y tres años los niños deben ser capaces de ver a la persona con la que hablan y decirle hola, adiós y porfavor con recordatorios, además de tomar turnos para hablar, mostrar agrado o desagrado con comunicación no verbal y pedir cosas. A los tres años son capaces de contar una pequeña historia de lo que a pasado, por ejemplo, durante su día en el cole.

Buenas cosas pasan a los buenos conversadores.

1. Se enfocan mejor en sus clases

woodleywonderworks/Flickr

Tener las habilidades básicas de comunicación les permite seguir a la maestra cuando muestra algo en el pizarrón o mantenerse en el tema de la clase, desde los primeros años de escolarización. Y tal como se esperaría, aquellos chicos que no tengan esas habilidades, tienen entre cuatro y cinco veces más probabilidades de dificultad para leer.

2. Pueden defenderse por sí mismos
Ser capaces de “leer” a los demás y saber como hablarles les da el poder de defenderse. Todos deberían ser capaces de levantar la mano en clase. No sólo le servirá para pedir ayuda si la necesitan, también podrán debatir con la maestra, manejar los dramas de las amistades e incluso defenderse de los bullies. Y a más poder, sentirán menos frustración y mostrarán menores problemas de comportamiento.

Gordon/Flickr

Gordon/Flickr

3. Son más populares
A los niños les caen bien otros niños que saben como decir hola y hablar de muchas cosas. Tendrán más amigos si son capaces de resolver la diferencias, de compartir y de empatizar.

La buena noticia de hablar sobre hablar:

Aprender sobre los riesgos que implica la falta de habilidades sociales nos hará cambiar nuestros propios hábitos frente a la tecnología. Y parece que es un tema “de moda”, pero es que somos la primera generación de padres que ha tenido que preocuparse por ser tan intencionales con las habilidades de comunicación. Afortunadamente, es fácil. Sólo tenemos que hablar. Debería ser un placer y no una tarea. Pero debemos hacerlo.