No todas servimos para todo pero todas servimos para al... /

2015.10.30

Por Paola Monroy

Nunca he sido una persona muy hogareña, mi pretexto de siempre es que trabajo mucho, cocinar no es mi fuerte, no lo disfruto pero lo hago cuando debo, guardo todas las recetas que veo en internet con la intención de algún día hacer “algo distinto”.

Mi batidora es un regalo de bodas, está todavía en su caja, casi sólo la uso cuando hay q hacer algo envuelto en huevo, definitivamente cocinar no es lo mío y realmente envidio cuando veo amigas subiendo fotos de postres que además de lindos se ven deliciosos… lo más rico en mi menú son tostadas a la francesa.

Soy diseñadora gráfica, eso me encanta, siempre he tenido habilidad para las cosas manuales, creo que al decidir mi profesión escogí el camino adecuado, pero no sabía que podía haber algo más que me pudiera apasionar tanto. Tengo un hijo de 13 años, cuando entró al colegio de pequeños me informaron que parte de la educación era que los niños fueran disfrazados casi cada 15 días, al principio me pareció una exageración, pero el colegio me quedaba realmente cerca y era una cosa de peques… ¿Qué tan complicado podía ser eso?

Me llegó la primera nota… debía disfrazarse de gato… bueno, hice algunas llamadas y listo. El siguiente era de doctor… ¡fácil! ¡Después de león! ¡Mi Dios! (en las notas siempre ponían, algo sencillo, no complicado jajajaja) y yo con presupuesto limitado opte por googlear…. Y así empezó mi hobby preferido, hacer yo misma los disfraces de mi wiro. Con un mameluco, camisas viejas de papa, chumpas viejas de mama, peluches descuartizados, gorras forradas y maquillaje… me quedaban lindísimos. Cada disfraz era un reto, ya ni recuerdo bien cuantos disfraces hice.

Colibrí (imagínense), ¡cabrito! ¿y eso como? ¡cuervo! Incluso una vez de avestruz. Creo q las maestras me trataban de retar, tengo algunas fotos, debí documentarlas todas, pero he de decir que muy pocas veces compré algo. Cuando limpiaba el closet, veía la ropa que tenia posibilidades y la guardaba para el próximo disfraz.

Luego mi hijo se fue al colegio de “grandes” y ya no tuve más disfraces que hacer 🙁 Pero unos cuantos años después, Dios me regalo una pequeñita y este año entró al colegio. En el calendario de octubre lo primero que vi fue ¡Halloween! …Y me picaron las manitas.

¿De que la voy a disfrazar? ¿De princesa? Nooooo ¡todas van a ir de princesas! Y este disfraz yo lo voy a hacer. A pensar y a pensar… ¿de que la disfrazo? de algo que seguramente nadie va a llegar… de algo que no vendan en ninguna tienda aquí… pero manteniendo la regla de no gastar mucho, de desarmar cosas que no sirvan y eso sí de usar mis dotes de maquillista para darle el ultimo toque.

Encontré el personaje, compre un poco de peluche, una diademita, unas calcetas que además de ayudar en una causa noble me servirían para el disfraz y un bote vacío de papitas. Pinté, recorté, cocí, imprimí, pegué, estornudé y aquí está el resultado… lo tengo escondido en el closet para que sea una sorpresa, espero que mi nena no me odie porque no la voy a disfrazar de princesa, pero sé que cuando se vea en el espejo le va a encantar.

No todas servimos para todo pero si todas servimos para algo, seguiré comprando los postres, pasteles y comida típica cuando en el colegio me pidan algo de comer, eso sí los disfraces son hechos en casa.

ACTUALIZACIÓN: El resultado final 🙂