Natalia de Biegler, una mamá sin etiquetas /

2017.05.11

 

El sueño del recién nacido

Yo lo veo así: dentro del vientre, los bebés carecen de noción del día y la noche; sus ciclos de sueño-vigilia son de acuerdo a sus necesidades y no a horarios, y este patrón continúa siendo estable durante los primeros meses después de nacer, hasta que empieza a regularse su sistema nervioso.

Eventualmente, se hace más fácil establecer una rutina sin necesidad de forzar nada. Si algo he aprendido con dos hijas de sueño ligero, es que lo importante es poder descansar y no gastar la vida apresurando un proceso que eventualmente llegará por sí solo. El colecho ha sido para nosotros una manera de lograr dormir más, sobre todo durante el tiempo de lactancia exclusiva. Muchas veces hice el intento de levantarme cada dos horas (a veces cada hora o menos), pero el cansancio me ganó. Para mí fue importante entender varias cosas en ese “cuarto trimestre”: primero, que la digestión de los bebés que toman sólo leche materna es más rápida que la de los que toman fórmula, por lo que tienden a despertarse más veces. Segundo, que a los bebés no les gusta estar solos y se despiertan durante la noche como mecanismo de supervivencia. Tercero, que un bebé se despierte muchas veces en las noches es normal; no es por berrinche o por “mañoso”. Nuestros bebés no quieren estar en guerra con nosotros; sólo necesitan tenernos cerca.

 

La disciplina

Mi manera de disciplinar a mis hijas es un proceso constante de ensayo y error, un aprendizaje que empieza de cero todos los días. Hay momentos en que soy más paciente y mi umbral de tolerancia es alto, y hay otros momentos en que puedo explotar rápido y necesito contar hasta mil para no perder la compostura. Mis hijas responden mejor cuando yo me comporto como el adulto del asunto y, aunque se me salga un grito o una somatadita de pies (sí, así como niña de cinco años), trato de razonar con calma antes de alcanzar ese punto de no-retorno.

En caso de perder los estribos, intento pensar en lo que estaba pasando conmigo en ese momento y me hizo reaccionar mal, o lo que pudo estar pasando con mis hijas para provocar su conducta. Al analizar y entender, aunque a veces sea doloroso darme cuenta de ciertas cosas, he podido tomar decisiones que nos han cambiado la vida.

Considero que los niños necesitan adultos que puedan guiarlos con firmeza, amor y límites razonables, y que les sirvan de ejemplo con lo que hacen todos los días. Alguna vez leí que la paternidad exitosa no se mide con la conducta de los niños, sino con la conducta de los padres.

 

Tiempo para mí

A lo largo de mis nueve años de maternidad, he aprendido que la mejor forma de encontrar tiempo para mí, es dedicarme a hacer sólo cosas que me gusten y que aporten algo a mi vida. Siendo realistas, es poco probable que una mamá pueda dedicarse tiempo a sí misma muy seguido; siempre pasa algo y esa ida al salón, la lectura de ese libro, ese día de spa o esa salida con amigas termina quedando en último plano. Así que este ha sido un proceso de soltar, aceptar cambios y tomar decisiones para hacer de mi trabajo un “tiempo para mí”. Aparte de ser mamá y esposa, tengo tres ocupaciones más (psicóloga, doula y blogger con aspiraciones a escritora). Disfruto mucho lo que hago; es algo en lo que me siento capaz, que me hace crecer y me da la oportunidad de desarrollarme como mujer, más allá de mamá. Trabajo desde mi casa, que es arma de doble filo, pero muchas veces me permite sacarle jugo al tiempo. Me encanta estudiar, así que saco cursos y asisto a conferencias siempre que puedo. También me gusta practicar boxeo; lo hago por temporadas porque mis horarios son obviamente complicados y muchas veces no logro encontrar el espacio para ir a entrenar. A veces me levanto de madrugada, antes que todos, para tomarme mi café en santa paz y de vez en cuanto me doy una escapadita con mi esposo, lejos de las niñas y sin culpa, a compartir con otros adultos.

Lo más importante es buscar una forma eficiente para organizarme y hacer encajar todo (como mi calendario gigante en la pared y mi sistema de colores), y es más fácil cuanto más aprendo a elegir, priorizar y de vez en cuando decir “no”.