Nacer temprano, cambiar el mundo /

2018.11.17

Nicolas significa “el que lleva a su pueblo a la victoria.” Efectivamente, Nico, ha hecho esto por su familia y todo aquel que conoce su historia. Su mamá, Luisa nos comparte su historia en este Día Mundial del Bebé Prematuro, para animar a otras mamás que estén viviendo la experiencia de tener un bebé que no pudo esperar para nacer. Hay opciones, hay ángeles, si la condición de tu bebé o tu situación familiar no permiten que sea trasladado al extranjero, acá en Guatemala hay opciones de UCI de primera categoría.

Después de 4 meses de haber pasado el dolor mas grande de nuestras vidas, la perdida de nuestra primera bebe Natalia, la noticia de un nuevo embarazo nos sorprendió, nos llenó de mucha alegría, pero también de mucho miedo.

Dios actúa de formas inimaginables, con Natalia nos costó un año quedar esperando, un embarazo muy sano los primeros meses, nunca imagine que a la semana 22 empezarían los problemas con la presión. Desarrollé preeclampsia, y a pesar de estar muy controlada, a la semana 28 fue necesario que naciera de emergencia. Dios nos la presto 5 semanas en la tierra y regreso con El, donde pertenece, una angelita.

Luego de realizarme muchos exámenes de chequeo, el doctor me dijo que todo estaba normal, que siguiera tomando pastillas para la presión y me mandó varias vitaminas. Increíblemente a los 4 meses nos enteramos de que vendría nuestro bebé arcoíris. Buscamos la opinión de varios expertos, y nos quedamos con un especialista en embarazos de alto riesgo. Estuve mucho mas controlada que antes, haciéndome ultrasonidos y exámenes especiales cada cierto tiempo. Al igual que mi embarazo anterior los primeros meses fueron soñados, cero síntomas. Pero en la semana 20 nuevamente se hizo presente la preeclampsia. Además, Nicolas presentaba restricción de crecimiento intrauterino. El doctor decidió hacerme chequeos semanales, hicimos todo lo que estuvo en nuestras manos para controlar mi presión y ayudar a crecer a Nicolas lo más que pudiera.

Un sábado, teniendo 25 semanas fuimos a la clínica del doctor porque la presión no bajaba y me estaba hinchando demasiado. Nos mando esa tarde al hospital para monitorizarnos más de cerca y tratar de alargar lo más que pudiéramos el embarazo. Sorpresivamente, esa misma noche se me subió tanto la presión, que sentía que me iba a dar un derrame y el doctor decidió actuar de inmediato. A las 11:25 del día 29 de julio del 2017, nació Nicolas, pesando tan solo 1.6 libras y midiendo 32 centímetros… Y a los días de haber nacido bajo a 1.2 libras.

El haber pasado recientemente por algo similar, nos asustaba mucho más. El miedo, la incertidumbre, la tristeza, se apoderaron de nosotros. Mi esposo fue el primero en conocer a Nicolas, yo no pude levantarme hasta un día después, así que mi esposo le tomo fotos para que lo pudiera conocer. Fue increíble verlo tan pequeño, su piel era de un color rojo intenso y se le marcaban todas sus costillas. Estaba intubado, con muchos cables y sensores a su alrededor. Fue impactante, pero allí estaba mi pequeñito aferrándose a la vida. Ese mismo día que lo vi, la pediatra me lo dio para cangurearlo. No podría creerlo, tan pequeñito y tan frágil y lo iba a tener entre mis brazos. Fue un momento mágico, estábamos los tres con mi esposo, la primera vez juntos como familia. Eso nos dio mucha fuerza para seguir creyendo en el milagro perfecto que Dios nos regalaría.

La Dra. Diez, nuestra neonatóloga, nos comentó que era un caso delicado, por ser un micro prematuro, las consecuencias podrían ser muchas. A la semana de haber nacido, sufrió un paro respiratorio, pasaron 20 minutos resucitándolo, hasta que lo lograron. Recuerdo muy bien ese día, porque era el día donde me darían de alta. Recuerdo a la entrando doctora en mi habitación, diciéndonos que si podíamos llamáramos a un padre o pastor, que no sabía que podía suceder en las próximas horas. Nos derrumbamos, no podíamos estar pasando nuevamente por esto.

Al día siguiente debían hacerle un ultrasonido transfontanelar (ultrasonido de la cabeza), para descartar hemorragias cerebrales. Cual fue nuestra sorpresa que todo estaba normal. Dios había actuado nuevamente en la vida de Nicolas.

Sus pulmones siempre fueron lo más delicado. A la semana de nacido tuvo sangrado en su pulmón derecho, lo que le ocasiono lesiones y atrasó el poderlo extubar definitivamente. Pasaba de estar intubado, a tolerar cánula, a estar nuevamente intubado, a pasar a ventilación. Como nos dijo la neonatóloga, Nicolas nos va diciendo qué es lo que necesita y lo que puede o no tolerar. Pero era muy importante que ganara peso para que pudiera aguantar la extubación definitiva. Cada día celebrábamos cada onza que ganaba.

Al mes fue necesario colocarle un picc line (un catéter), éste fue otro reto para los doctores. Nicolas estaba muy pequeño y era muy difícil colocárselo, sus venas se rompían de lo delgadas que eran. Después de muchos pinchazos en sus piernitas y horas probando ponérselo, no lo lograron. Con mi esposo lloramos al verle las piernitas llenas de pinchazos. Y lo que más nos dolía es que a los días tenían que intentar de nuevo colocárselo. A los días lograron colocárselo. Al día de hoy tiene esas marcas en sus piernas, que son las cicatrices de una batalla ganada de la mano de Dios.

Los días pasaban y Nicolas cada día crecía, engordaba y estaba más estable. A mediados de septiembre lo pasaron a una incubadora mas sencilla, ya que únicamente contaba con oxigeno a través de cánula y en mínima cantidad. El reto que venía a continuación era que aprendiera a succionar. Varias veces las enfermeras del UCIN nos comentaban que era el mas retador. Porque a pesar de que los bebes estaban listos para ir a casa, si no lograban succionar no se podrían ir. Y Nicolas tenia un doble reto, succionar sin desaturarse. Cual fue nuestro asombro, que el 21 de septiembre, el primer día que le daban pachita, Nicolas succiono de la forma mas natural, sin desaturarse. Por lo que la doctora nos dijo que, si seguía así, era mejor que nos fuéramos a casa, aunque siguiera con oxígeno.

A pesar de que pasamos muchos procesos difíciles, desde transfusiones de sangre y plaquetas, colocación de antibiótico por sepsis (infección en la sangre), procesos de apneas, a los 67 días nos dieron de alta. No nos lo creíamos, la doctora nos había dicho desde un principio que lo mas seguro es que debía pasar al menos 4 meses en el hospital, es decir lo que le hizo falta en el vientre para formarse. Un 4 de octubre, nos fuimos a casa. Nicolas pesando 3.14 libras, con la expectativa de cuidar a un bebé prematuro con oxígeno en casa. Solo puedo decir con la ayuda de Dios y trabajando en equipo con mi esposo logramos superar 3 meses de que Nicolas estuvo con oxígeno en casa.

Uno de los riesgos de que se use oxigeno por mucho tiempo, es la retinopatía del prematuro. Los chequeos semanales después de cumplido 1 mes de vida, son importantes y semana a semana la oftalmóloga, nos daba los resultados sorprendida. Nicolas no tiene daño en su retina, su desarrollo ha sido el esperado. Hasta el día que dejo el oxígeno, la doctora nos dijo que es sorprendente que no exista ningún daño en sus ojos.

Después de tantos retos, no nos queda más que agradecer a Dios su misericordia infinita y el milagro perfecto que hizo en Nicolas. A nuestra neonatóloga, la Dra. Diez, que fue guiada por Dios para hacer lo mejor para Nicolas. A la Dra. Castillo, jefa del intensivo neonatal, que día a día, se tomaba el tiempo para explicarme como estaba Nicolas y con cariño velaba porque nuestro bebé tuviera la mejor atención. Y a cada una de las enfermeras de Sanatorio el Pilar que con amor y dedicación lo cuidaban diariamente. Hoy podemos decir: ¡Valió la pena! Nicolas es un bebé muy alegre, con mucha energía y muy inteligente. Somo unos padres orgullosos y muy bendecidos.