Mamá Triatleta /

2019.03.05

Por Karen Heyligers @theactiveme

Antes de ser mamá

Hace sólo tres años mis días de entrenamiento solían ser diferentes. Algunos iniciaban a las 4:30 a.m., cuando me dirigía a la piscina a nadar con mi grupo de entrenamiento. Empezábamos a las 5:00 a.m. y terminábamos a tiempo para que todos regresáramos a la vida normal, como si el día recién empezara. Nadar nunca ha sido mi fuerte, así que era el entrenamiento que menos podía dejar.

Otros días empezaban cuando subía mi bicicleta al carro y manejaba 45 minutos hacia la carretera que sale de la ciudad.  Comenzaba a pedalear aún en la oscuridad y veía cómo rompía el alba. Lo hacía temprano para vencer la hora de tráfico matutino y evitar riesgos de accidentes.

Había días en que combinaba deportes, hacía bicicleta en casa o salía a correr. Correr siempre fue mi disciplina favorita, ya que es el deporte con el que inicié. Corría temprano para evitar el calor y el sol. Era una corredora a la que le gustaba el silencio, la tranquilidad y la brisa matutina.

Mis fines de semana eran un poco más cansados. Hacía entrenamientos largos y combinados que podían tomar toda la mañana, para luego estirar mis piernas y descansar mucho durante el día. En mi tiempo libre, leía libros o artículos de triatlón o atletismo y planeaba mis próximas carreras. Todo esto para ser una deportista amateur, lejos de las personas de nivel profesional que ganan carreras.

Un sueño pone otros en pausa

No siempre fui la triatleta que describo. Empecé a correr como todos; forzándome un poco para estar saludable y bajar algo de peso. Al inicio me costaba salir hasta que empecé a encontrarle el gusto. Ya siendo una feliz corredora di el siguiente paso. Buscando que mi rutina fuese más completa, que no recargara tanto los mismos grupos musculares, encontré el triatlón. Entrenaba, entrenaba y entrenaba, motivándome más con cada objetivo completado.  

De repente un día se cumplió un sueño un tanto diferente al deporte. Llevaba tiempo deseándolo y finalmente quedé embarazada. Todo dio un giro inmenso ya que mi embarazo tenía cierto riesgo así que tuve que dejar el ciclismo y el atletismo. Seguí nadando unos meses, hasta que luego de varios resfríos decidí que el jengibre con miel y limón, como sustituto de medicamentos, no me estaba funcionando. Dejé la natación también.

Así lentamente cambie el triatlón por el yoga, las lecturas deportivas por otras de maternidad y los planes de futuras carreras por la preparación para el nuevo bebé. Con el tiempo llegó Adrián y se acabó el tiempo para yoga, lecturas, planes y cualquier otra cosa.

Tener un bebé es maravilloso. Nace y nos envuelve en su mundo, haciéndonos olvidar todo lo demás por un tiempo. Poco a poco crece y deja de parecer una extensión nuestra para convertirse en una persona independiente, con lo que volvemos a sentirnos nosotras mismas. Con esta sensación empezó mi anhelo de regresar al deporte.

Trimom

A cada mamá le toma diferente tiempo regresar a aquello que hacía antes de ser madre. A mí me tomó varios meses correr nuevamente, pero debía hacerlo. Cuando Adrián cumplió seis meses, arranqué oficialmente con un nuevo plan de entrenamiento.

No fue nada fácil. Mis entrenamientos estaban programados según las necesidades de mi bebé. Todo giraba alrededor de la lactancia, horas de sueño, rutina de comidas, etc. También me veía afectada por los desvelos nocturnos y otros contratiempos. Los fines de semana incluían trotar en familia con el carruaje de bebé y nuestra dálmata. Los bebés son impredecibles, así que tuve que desarrollar mucha flexibilidad para modificar o mover mis entrenos y aún así hacer lo necesario para prepararme físicamente.

Poco después de celebrar el primer año de Adrián, mi esposo y yo corrimos de nuevo una maratón, que sin duda fue la que ha tenido el entrenamiento más difícil de las que he corrido hasta ahora.  Habiendo comprobado que correr era manejable en mi nueva vida de madre, me planteé nuevos retos.

Así volví al triatlón. Estoy retomando la natación y la bicicleta y ya tengo una competencia en mente. He logrado seguir mi rutina de entrenamiento ya por mes y medio. Eso sí, mi forma de entrenar ahora es diferente. Ya no aspiro a irme horas a montar bicicleta, sino lo hago desde casa. Entreno a las horas que puedo, aunque sea hora de almuerzo y el sol esté tremendo. Mis sesiones de entreno duran lo menos posible que aún me permite estar en forma y si es necesario cancelo o modifico algunos entrenos.

Por ahora no tengo en mente mejorar mis tiempos, sino sólo disfrutar el deporte. Pero más que disfrutar, lo más importante que busco es enseñarle a mi hijo con mi ejemplo a perseguir sus sueños sin poner excusas.

Algunos consejos para ser mamá deportista:

  • Crear un hábito requiere organización y disciplina. Yo me propuse iniciar con 21 días de entrenamiento de prueba sin permitirme excusas. Logré hacerlo y no me he detenido desde entonces.
  • Trata de ponerte metas realistas, y traza un plan para alcanzarlas. Si no sabes cómo, busca ayuda de un entrenador o equipo.
  • Incluye a tus hijos al máximo en tus actividades. Se harán más divertidas, y les estarás enseñando mucho. Si no es posible incluirlos, busca ayuda y organízate.
  • Si te preocupa la lactancia, el ejercicio no afecta en nada la composición de la leche. Solo deberás tomar en cuenta que debes dar de lactar o extraerte leche antes de hacer ejercicio para evitar incomodidad. También deberás utilizar un sport bra que te de el soporte adecuado.
  • Se flexible. La vida no siempre es lo que esperamos.
  • ¡Prioriza tu familia! Tendrás toda la vida para hacer ejercicio, pero tus pequeños no serán pequeños siempre. Si puedes hacer ejercicio, excelente, pero no te sientas mal si en algún momento se te hace complicado. Trata de ver si hay solución, y si no, diviértete y se una mamá activa que corre y salta con sus hijos. ¡Estoy segura que una mamá de toddlers quema muchas calorías!

Karen es mamá de Adrián, arquitecta de profesión, apasionada por el diseño y la vida saludable, blogger desde theactiveme.com y chapina residente en Perú.