Mamá que se cuida vale por dos /

2019.05.08

Por María José Godoy de Joachin

Esta soy yo. Esta es mi historia. A lo mejor también sea la tuya. Tal vez solo la has vivido hasta la mitad. Te animo a que la vivas hasta el final.

Tengo la crisis de los 35 a la vuelta de la esquina, recién pasé el bump de los primero 7 años de matrimonio y hace apenas 6 meses que se terminó el puerperio de mi segundo hijo (los expertos en crianza establecen que dura 24 meses).

Soy mamá a tiempo completo, trabajo a medio tiempo desde casa, colaboro como mamá de grado, lucho por estar inscrita en al menos un curso sobre crianza o desarrollo personal cada mes …. Calcula cuánto tiempo deja eso para mí…. Para la Mujer, para la Persona. Para los hobbies. Para los tiempos con amigas. Para las escapadas con la pareja. Poco. MUY poco.

Mis hijos tienen salud. Mis papás y mis suegros son cercanos y amorosos. Mi esposo es un papá presente. Cuento con apoyo doméstico en casa. Mantengo una conexión espiritual que me ayuda sostener los pies en la tierra…  Y aún así,  cuando me iba a la cama cada noche, sentía como si hubiera corrido una maratón.

El día de una mamá comienza de madrugada y termina más allá de cuando todos se van a dormir. El disfraz del día siguiente, el recordatorio en el chat de mamás sobre la foto grupal, el gesto amoroso para esa pareja que se partió la espalda trabajando por la familia, la llamada que quedó pendiente a la abuelita…. Todo eso sigue dando vueltas en la cabeza. Para este punto hemos sido choferes, tutoras, enfermeras, cocineras y hasta psicólogas.  

El hámster que llevamos en la cabeza las mamás, dando vueltas en su ruedita siempre está activo, pero llega un día, donde algo ocurre y colapsas. Si no has cuidado de ti misma, encuentras al hámster muerto o a punto de morir.

Entonces puedes dejarte caer por el tobogán de la depresión o puedes escoger cerrar un círculo. No puedes negar que ha sido un círculo bello, de amor y entrega para los demás; pero también desgastante e incapaz de ser eterno. Yo escogí lo segundo. Mi tribu me apoyo.

Acá te cuento qué funcionó… no necesitas hacer lo mismo, solo es que te pares a pensar y decidas hacer algo. Algo que funcione para tu autocuidado.

  • Desaparecer físicamente

Estando en el hospital acompañando a mi ya no tan bebé a superar un horroroso adenovirus, tomé la decisión. Iba a hacer ese viaje que había estado posponiendo, compré un boleto.  Pedí apoyo para que por tres días mi mamá supervisara a los niños. Coordiné agendas de actividades extraescolares con mi esposo. Al principio sentí culpa, luego esa culpa se transformó en  alivio y finalmente en ilusión. Si tu situación personal, la edad de tus hijos o el factor económico no lo permiten, no tienes que pensar fuera de las fronteras. Puedes hacerlo en un hotel, puedes hacerlo en tu propia habitación. Solo se trata de proponértelo y hacer que funcione. ¿Por qué esto es sanador? Uyyyyy, hay mil razones. Te das cuenta que la casa no se cae, los niños no se mueren, tu marido lo logra gestionar y sobre todo, haces una PAUSA y te encuentras contigo misma. Desnuda. Sin pretextos, sin pendientes, y te cuestionas. Sobre lo que ha funcionado y lo que no. Lo que a partir de ahora quieres hacer diferente.

  • Hacer un detox de redes

Las redes son fantásticas. Yo personalmente las amo. Te permiten tener una especie de diario virtual de los momentos que quieres atesorar a futuro y mantener contacto con personas que están lejos o cerca. Pero llega un punto donde real y verdaderamente te hacen sentir exhausta. Te llevan a creer que todas esas caras felices son el pan de cada día de los demás menos el tuyo. Pierdes la perspectiva. De mi viaje tomé UNA sola foto. Y la subí en mi Instagram hasta el día que volví. Le coloqué la frase: “Tu proceso de sanación no tiene que ser ruidoso, público ni hermoso. No es un espectáculo de magia que el mundo necesita ver, es magia que sucede dentro.” Mis amigas cercanas entendieron.

  • Reencontrarte contigo misma

Como mamás hay miles de placeres que nos negamos. Por no tener tiempo… porque es egoísta…. Porque podría parecer inadecuado… Desde dormir hasta tarde hasta una copa de vino. Pasando por una buena lectura y una charla con nosotras mismas. Escribir un diario. Meditar. Rezar. Cuestionarnos. Agradecer. Llorar. Todas y cada una de estas cosas son más profundas y verdaderas cuando las hacemos en privado.

  • Elaborar nuevos contratos

El paso inminente luego de encontrarnos con nosotras mismas es sincerarnos y definir qué deseamos mantener en nuestras vidas y qué deseamos cambiar. Puede ser que los escribas. Puedes ser que simplemente los pienses y los ejecutes. Pueden ser actos muy simples que para nosotras tengan algún significado: dejar de usar tops de lactancia y volver a usar un brassier, mudar al “bebé” a su propio cuarto, dejar las fachas y ponerte vestidos… Pueden ser acciones muy concretas y fuertes como sentarte con tu esposo y redactar juntos las nuevas guías para tu familia los próximos años. Todo sirve. Todo sana.

Y entonces, vuelves, y ¡Ya no llevas dentro un hámster nervioso, sino un ave que ha resurgido de las cenizas, que vuela alto! Has vuelto a la vida con las pilas recargadas. Aunque solo te hayas encerrado tres días, dormido, leído y visto Netflix.

Consejos Prácticos

  • O nos cuidamos a nosotras mismas, o la vida nos pasa la factura… en el momento y lugar más inesperado y probablemente más inapropiado. Así que es mejor darle una pensada y planificar con tiempo.
  • El autocuidado es importante porque una mamá que no está bien no puede cuidar bien de los demás. Has de este tu mantra: «Mamá feliz, hijos felices».
  • Cuidar de ti misma es fácil y es posible. En nuestro presupuesto familiar es una buena idea tener un rubro que cubra nuestros pasatiempos o nuestros gastos discrecionales. En nuestra agenda personal es indispensable unas horas semanales separadas para nosotras
  • Recuerda que no se trata de una venganza. Acomoda el momento a lo que quede mejor para tu familia: un fin de semana, las vacaciones escolares, la visita de algún pariente, etc. No se trata de complicarle la vida a nadie. No es buena idea dejar un bebé menor de un año por más de una jornada porque finalmente ni él, ni tú ni los cuidadores la pasarían bien. Un viaje largo puede esperar a que la edad de tus hijos haga que sean capaces de estar sin ti.