Mamá pediatra /

2018.06.27

Por Andrea Valdez de Larios

Fue una mañana de Julio cuando con el fuerte presentimiento de que una personita crecía dentro de mí, decidí realizarme la prueba de embarazo y entonces mi corazón latió más rápido de felicidad y unas lágrimas se asomaron por mis ojos. Ese día nos enteramos que seríamos papás.

Cómo nos cambia la vida desde ese momento como pareja, como personas y en mi caso como pediatra…
Empezaron a pasar las semanas, sintiendo cada día más amor, más ilusión, los miedos normales que todas sentimos primero que pase el primer trimestre que puede en ocasiones ser complicado y que por fortuna en mi caso pasó bastante bien con un poco de nausea que mejoraba comiendo helados de hielo… Y entonces llego el momento de anunciar la noticia: Marcela venía en camino.

Es increíble pero cuando compartes la noticia la pancita empieza a crecer más y más, entonces se empieza a notar. Recuerdo la ilusión de los papás de los niños y sobre todo de mis pacientes de saber que la doctora estaba esperando un bebé; recibí muchos besitos llenos de dulce y abrazos en mi pancita. Mis pequeños pacientes también esperaban con ilusión a mi beba e incluso me contaban los papás que las nenas jugaban a que ellas también tenían una bebé.

Tuve un embarazo bastante tranquilo, pero llegó octubre con un aumento de casos de influenza, y a pesar de estar vacunada, de utilizar todas las medidas (lavado de manos, Lysol, mascarilla, etc.) inicié con síntomas y mucho malestar y terminando de ver consulta me dirigí a la emergencia en donde se confirmó el diagnóstico de Influenza. Mi esposo y yo tuvimos mucho miedo. Lloré. Como médicos, al haber leído un poco más, muchas cosas pasan por nuestra cabeza. Afortunadamente, con un excelente equipo médico, todo transcurrió muy bien y volví al trabajo que tanto amo y de nuevo cursé con otro cuadro respiratorio ya que mi mayor consulta en los últimos meses del año es lo respiratorio. En esta última ocasión estuve ingresada en el hospital, volvieron los miedos, tanto mi esposo como yo estábamos muy angustiados, pero con el apoyo de mis colegas y sobre todo de mi ginecólogo (que es excelente y tiene la habilidad de transmitir tranquilidad) todo marcho bien. Sin embargo, ahí fue cuando tomamos la decisión de poner un receso a mi trabajo ya que si continuaba viendo pacientitos enfermos podría ponernos en riesgo a mi bebé y a mí.

Luego de la dulce espera: ¡¡¡Nació nuestra bebé!!! Recuerdo que en múltiples ocasiones los papás de mis pacientes me decían “dichosa doctora, porque a usted no le va a costar por ser pediatra”, yo solo sonreía. Al tercer día nos fuimos para la casa y junto con la ilusión de salir los tres en nuestro primer viaje en carro y muchas otras primeras veces, coexiste el miedo, como en cualquier otra mamá sin título de médico. La primera semana fue difícil por la recuperación, el inicio de la lactancia, los tres acoplándonos a una nueva vida. Cuando la bebé lloraba tocaba descifrar si quería comer, cambio de pañal, o simplemente estar pegadita a nosotros, estar en nuestros brazos el día entero.

En mi caso y seguro en el de muchas, no falta alguien con el “se va a acostumbrar a brazos”, frase que hasta el día de hoy ignoro porque los bebés no se acostumbran: Necesitan nuestros brazos. Han estado cargaditos los últimos nueve meses y es lo único que conocen poco a poco se van adaptando al mundo y sí es cansado, pero vale la pena ese vínculo que como padres creamos.

¿Cómo nos va con los desvelos? mucho me decían: “Lo bueno es que ustedes están acostumbrados porque han hecho turnos” (mi esposo también es pediatra), pero es igual de cansado al principio o más. Compramos un moisés, le daba lactancia, luego a dormirla y al acostarla abría sus ojitos (pasamos madrugadas enteras sin dormir) y entonces en una de esas noches me quedé dormida dándole de comer y fue cuando me di cuenta de que cuando hay lactancia no es indispensable un moisés, ni pararte, ni prender luz, la bebe se alimenta y continúa durmiendo y todos descansamos y no hay nada más lindo que sentirla cerquita.

Cuando me preguntan qué se siente ser pediatra y nueva mamá pienso que mi historia se resume en que soy una pediatra aprendiendo a ser mamá, con los mismos miedos, y a veces aún más fuertes y que trata de hacer vida lo dice mi esposo: “los libros se quedan en la puerta.” Bueno, sí ayuda saber varias cosas, pero lo más importante, y el mensaje que quiero transmitir con fuerza, es que escuchemos a nuestro instinto. Ése es el mejor guía de cada nueva mamá, te da un conocimiento que no se aprende ni en diez años de universidad.

Así que ahora, acá estoy en casa en el nuevo y hermoso mundo de la crianza y la maternidad.