Los varones y sus luchas /

2015.10.27

María José Godoy de Joachin
mjgg.joachin@gmail.com

 

A veces me pasa que mi hijo y mi esposo parecen verdaderos marcianos. No los entiendo. Y lo que es peor, me enojan sus actitudes y conductas. Sin embargo, hace poco llegó a mis manos un libro que una pareja de amigos me prestó adjudicando que el tema se relacionaba con el de otro libro que yo les había prestado a ellos. Lo que encontré en el libro La Afectividad Masculina, de Walter Riso es digno de ser compartido. Seguro voy a hacer pequeños artículos de varias de sus píldoras de sabiduría, pero he acá la primera sobre las duras luchas de los varones y lo que es peor, las casi siempre ignoradas.

Al igual que nosotras los hombres también son unos seres adorables, si los miramos con compasión, con pasión y con amor. Sin embargo, se les ha asignado en sus destinos el vivir un derrotero constante, he acá por qué a veces sentimos que siempre están peleando. Es que lo están. Viven una lucha constante con su origen femenino y con su sentido del deber oponerse para definir su propia masculinidad.

Primer lucha
Al momento de la fecundación. Esta primera lucha la constituye el mismísimo hecho de agregar el Y al X. Se dice fácil, pero es todo un misterio entramado si consideramos que desde el punto de vista biológico la programación básica de la vida a nivel embrionario es femenina.

Segunda lucha
Desde las semana iniciales de embarazo. El testículo fetal debe estar todo el tiempo pendiente de la evolución del embrión. Un mínimo descuido puede crear un caso patológico o alguna deformidad. Durante las ocho o nueve semanas iniciales debe haber un esfuerzo permanente, trabajo extenuante, contienda con la tendencia natural, para que la diferenciación del feto masculino se dé. “El macho hay que fabricarlo, mientras que la hembra simplemente está ahí”.

Luego viene un periodo de relativa calma. En el vientre de la madre se está colmado de calor, alimento y compañía. Este idilio prenatal se extiende idealmente hasta los primeros nueve-doce meses del bebé en el que aún se vive una fusión con la madre.

Tercer lucha
Alrededor de los 15 meses de edad la vida les da un giro de 180 grados. Debe ocurrir la identificación con lo masculino que no es otra cosa que la desidentificación femenina. Se frena el proceso de identificación del que se venía y se reconoce que aquello que lo contempló, lo llenó de gozo, y le dio tanto amor es de otro planeta. O al menos no es como él. Lo más difícil quizá es que este pequeño ser humano debe renunciar a la mayor fuente de placer conocida. Este proceso conlleva un desgaste enorme de energía, angustia, culpa, odio y amor mezclados. Requiere una reacción antagónica y una oposición activa.

Al varón la correspondencia de la propia identidad no le viene dada, debe trabajar para obtenerla. Es importante que se alcance un punto medio. No muy retirado que le lleve a un odio o indiferencia hacia las mujeres. Pero tampoco atrapado en un vínculo infantil que le lleve a presentar el Complejo de Peter Pan.

Cuarta lucha
A partir de los dos o tres años comienza esta etapa de fobia hacia las niñas (y viceversa también) que se extiende hasta la pubertad. El peor insulto que un niño puede recibir o formular es “eres una niñita”. El papel del padre en esta etapa es fundamental. Es común que a los varones les asalte el miedo o la duda de su sexualidad.

Cuando todas estas luchas han ocurrido, llega a la vida de los varones una gran paradoja: El amor adolescente. Se sienten desconcertados, se perciben casi traidores. La nueva energía de la atracción sexual termina de hacer añicos esos años de protesta viril como los llama el famoso psicólogo Adler.

Acá se establece un retorno a lo femenino.

¡Es tiempo de hacer un cambio!
No hay mucho que podamos hacer en lo embrionario pero sí en lo social. Como mamás podemos ser pilares fundamentales de la meta de los varones de ver satisfecho su derecho al amor. En términos prácticos podemos y debemos:

  • Trabajar para vencer el miedo de la expresión de sentimientos.
  • Mejorar la manera como la cultura administra los procesos infantiles de identificación masculina.
  • Idear nuevos métodos educativos para la socialización de los varones.
  • Reestructurar la concepción que los adolescentes tienen de las mujeres.

Resumen de El Conflicto Afectivo con lo Femenino. Pags 98-106. La Afectividad Masculina. Walter Riso.