Los Principios Básicos de la Metodología Montessori... /

2015.09.16

Ximena Gálvez Close
xgcmontessori@gmail.com

 

La metodología Montessori es una de las metodologías de aprendizaje que interesa a las familias pues explora alternativas que nos permiten acercar a nuestras hijas e hijos un sistema de aprendizaje natural que rompe con el sistema tradicional en Guatemala. A continuación, les comparto los principios básicos para ayudarles a iniciar una experiencia Montessori en casa.

1. La Mente Absorbente
Conocer sobre la Mente Absorbente es esencial para ser más intencionales con lo que exponemos a nuestros niños. La mente absorbente es la habilidad inconsciente del niño por observar y absorber todo en su entorno inmediato. Es a través de la?mente absorbente que el niño empieza a entender cómo funciona su cultura y desarrolla la capacidad de adaptarse. Si el niño recibe impresiones positivas, seguras y sanas en sus primeros seis años de vida, él se adaptará de la misma manera en cualquier etapa de su desarrollo.

2. Las tendencias humanas, los períodos sensitivos y los cuatro?planos de desarrollo?
Las tendencias humanas son las necesidades básicas que componen el comportamiento del ser humano, independientemente de su origen, época o edad. Por ejemplo, todos tenemos la necesidad de comunicarnos. María Montessori dedicó sus esfuerzos a entender estas tendencias para preparar un entorno que satisficiera cada una de ellas.

Montessori dividió su teoría de desarrollo en cuatro planos. En el primer plano (0­6 años) el niño explorar a través de sus sentidos. El niño logra entender su entorno a través de la exploración, la orientación y el orden. El niño del primer plano es egocéntrico, pues necesita reconocerse como individuo primero para luego poder reconocer a los demás. Se interesa por obtener la respuesta a la pregunta ¿Qué es esto? ¿Cómo se llama?

Montessori concluyó que los niños de 0 a 6 años demuestran capacidades inusuales para adquirir habilidades específicas. Es importante saber que media vez el periodo sensitivo pasa, éstos ya no regresan. Lo que significa que hay momentos cruciales en el desarrollo del niño y hay que aprovecharlos. Esto no quiere decir que no lo podrán aprender más adelante, sin embargo, no lo harán con la misma facilidad con la que lo hacen durante el período sensible en que construyen una habilidad específica.

Por ejemplo, el lenguaje es un período sensitivo.? Nadie le enseña al niño a hablar. El niño en sus?primeros seis años de vida, cuenta con una? sensibilidad por absorber todo lo relacionado con el ?lenguaje de su cultura. Observa detenidamente el?rostro del adulto, se siente cautivado hacia los?movimientos de la boca, imita sonidos, señala?objetos para obtener el nombre de los mismos. Esta? es la razón por la que se recomienda usar un?vocabulario extenso, avanzado y realista, pues es el?lenguaje que el niño absorbe. El niño a su corta?edad, es capaz de llamar a un ave por su nombre e incluso especie, en vez de decir “pio­pio”.

En el Segundo plano de desarrollo (6­12 años), el niño se interesa por responder, ¿Para qué es esto? ¿Por qué existe?, ¿Es moral o inmoral? ¿Qué es justicia? La mente pasa a ser una mente racional. Es ahora, cuando puede diferenciar la realidad de la fantasía. Ahora es cuando se deben sembrar las semillas de curiosidad por el universo entero. El niño desea saber datos, nombres y fechas. El niño del segundo plano se interesa por actividades fuera del entorno familiar, es más abierto a trabajar en grupos y se siente atraído por buscar retos altos en adrenalina.

El tercer plano de desarrollo (12-­18 años) es similar al primero. Al entrar a la pubertad, el joven vuelve a un plano egocentrista. Es cuando más necesitan descansar, dado todos los cambios físicos que su cuerpo atraviesa. No les interesa aprender fórmulas matemáticas exactas, sino que su potencial brilla más a través de actividades prácticas, de emprendimiento y tener mentores que los guíen a entender cómo funciona el mundo.

En el cuarto plano de desarrollo (18­24 años), el joven adulto comienza a buscar su lugar y propósito en la sociedad, y le será mucho más fácil hacerlo si su preparación y experiencia en los planos anteriores respondieron a sus necesidades físicas, intelectuales y emocionales.

3. El Ambiente Preparado
El ambiente preparado cuenta con dos elementos fundamentales: el entorno y el material. Ambos fomentan la independencia del niño y ofrecen oportunidades para que alcance el éxito a través de su trabajo y actividad de elección.

El entorno es ordenado, limpio y bello. Es amplio y permite libertad de movilidad para poder explorar. El mobiliario es adaptado al tamaño de los niños, la iluminación en el ambiente es natural y se fomenta el contacto con la naturaleza.

Por otro lado, el materiales es natural, atractivo, provee un ciclo de actividad y cuenta con un claro control de error que brinda información al niño sobre su trabajo. El material es limitado, pues esto permite que el niño desarrolle paciencia, valor y respeto por el material.

No hay que olvidar que el niño obtiene información a través de sus sentidos. Por ejemplo, si les damos materiales plásticos, les estamos robando la experiencia de aprender a controlar sus movimientos y fuerzas, de reconocer causa y efecto. El plástico no se rompe fácilmente, no cambia de temperatura, no estimula los sentidos y esto limita al niño en sus experiencias de aprendizaje.

4. El Rol del Adulto
El rol principal del adulto es conectar al niño con el entorno y el material. Para esto, la observación es el mejor aliado. Al observar, podemos apreciar cuando un niño está alcanzando un alto nivel de concentración y cuando nuestra intervención es un obstáculo a su desarrollo. El rol del adulto es proveer oportunidades para que el niño genere autodisciplina, criterio y amor propio, cortesía y bondad.

La Metodología Montessori es una filosofía de vida que entiende que cualquier ayuda innecesaria, es un obstáculo al desarrollo. Es un cambio que nace primero en cómo los adultos vemos a los niños. Y luego, depende de nosotros, preparar un entorno que provea actividades con propósito en que los niños puedan construirse en individuos seguros de sí mismos que sepan agregar valor a su sociedad.