Los pies en la Tierra /

2019.08.21
Por Lissy González
 
Una vez alguien me dijo: deja que tu hija corra descalza en la grama, que baile, que se conecte con la Madre Tierra. Desde entonces me quedó grabada esa imagen, y cada vez que veo grama me quito yo también los zapatos. Intento conectarme al origen de las cosas, tanto físicamente como metafóricamente.  Al origen de estar descalzo. 
 
Para los más chiquitos es especialmente útil, los que están aprendiendo a caminar. La información que viaja desde la planta de los pies hasta el cerebro es CLAVE para que el cuerpo pueda adquirir el balance, equilibrio, rigidez y movimiento necesario para erguirnos de pie. Esto puede sonar muy fácil, pero si te das cuenta, la razón por la que el ser humano es ser humano, es por que en algún lugar de la evolución, se puso de pie erguido y descalzo. Esos «primeros pasos» necesitan de la información de miles de terminaciones nerviosas que comienzan en la planta de los pies.
 
Pero atreverse a estar descalzo y a dejar que tus hijos anden descalzos es un gran cambio cultural en una sociedad donde no es «normal» estar descalzo. Es más, juraría que es la frase que más escuchamos de pequeños: «no andés descalzo que te vas a enfermar.» Y claro, hay que escuchar consejos para llegar a viejo, pero siempre podemos usar calcetas o pantuflas si el piso es cerámico, o bien, intentar desafiar una mentalidad en donde da miedo hacer algo prohibido, pero totalmente normal y natural. Venimos al mundo descalzos, ¿por qué no podemos disfrutarlo? 
 
No solamente los adultos disfrutamos de estar descalzos. Los niños aman estar descalzos, ¿la razón? Aún están descubriendo el mundo con todos los sentidos. Y el sentido del tacto es tan sensible en los pies, que nos produce cosquillas y nos hace felices. Los niños son expertos en buscar la felicidad en las cosas simples. Cada vez que alguien me dice: «póngale zapatos al nene», o «póngale calcetas a la nena» digo sí sí, y sé que en mi interior soy feliz por verlos descalzos. Son ellos quienes saben qué sensaciones les gustan y saben comunicar cuando no les gustan. Parte de ser padres conscientes es permitirles a tus hijos sentir las sensaciones «poco incómodas» y que ellos busquen solucionarlas o comunicarlas.
 
Recuerdo un estudio científico que realizó la Universidad de Chicago, que fue el que inspiró el libro: Dirt is Good: The Advantage of Germs for Your Child’s Developing Immune System. El estudio se enfoca en el desarrollo del sistema inmunológico de los niños a través de exponerlos más seguido a ambientes naturales, incluyendo animales, gérmenes y la diversidad biológica en general. Quitarles los zapatos es parte de esa exposición.
 
Casi siempre he dejado que mis hijos anden descalzos. Es más, en mi casa hay que descalzarse antes de entrar. Dejar los zapatos en la entrada es algo que he aprendido de otras culturas. Es dejar la vida de afuera, afuera y «cambiar» incluso la actitud hacia el lugar que llamamos hogar. Es una forma de dejar, no solo el polvo y el lodo afuera, si no también de entrar con una actitud humilde hacia la casa, respetuosa y amorosa. (No digamos que también me ahorro la barrida y la trapeada) Mis hijos hacen este cambio automático a donde quiera que vamos, y no me importa que nos miren raro. 
 
Caminar descalzo cambia totalmente la actitud, genera oxitocina. Los humanos lo hemos hecho por millones de años, y nuestra salud siempre fue óptima, y la flora de nuestro organismo funcionaba óptimamente. Permitite andar descalza o «permitir» que tus hijos gocen de su niñez sin miedo a poner los pies en la tierra, literal y metafóricamente es una invitación a vernos tal cual somos, humanos caminando por la Tierra.