¿Los estoy educando para que alcancen sus metas? /

2015.08.12

María José Godoy de Joachin
mjgg.joachin@gmail.com

 

Desde que me he introducido más en el tema de disciplinar positivamente y he conocido las obras de Jane Nelsen, lo que mayor eco ha hecho en mi es la pregunta: “¿Estoy educando a mi hijo para que sea ese hombre que yo sueño que sea?”

Uno de los primeros ejercicios que Jane propone en sus libros es realizar dos listas: una con los principales retos de comportamiento que tenemos con nuestro hijo o hija, la segunda con todas esas cualidades que anhelamos tendrá en la adultez. Mi primera lista incluye temas como comedor selectivo, falta de escucha y rabietas. La segunda incluye características como responsable, seguro de sí mismo y respetuoso. Este es el primer paso para convertirnos en mejores padres, elaborar una guía con estos listados que nos permita orientarlos. Pero, ¿qué relación tienen estos dos listados?, podríamos pensar. La respuesta me dejó muda: Los retos del comportamiento de AHORA crean excelentes oportunidades para enseñar las habilidades para EL FUTURO.

El punto central está en que la motivación debe ser intrínseca, venir de ellos mismos, sin necesidad de premios o castigos. Las motivaciones externas podrán lograr que temporalmente cumplan con algo que les pedimos o que se detenga un mal comportamiento ahora, pero no van a enseñar habilidades para la vida.
Yo puedo querer que mi hijo sea respetuoso cuando tenga 25 años, pero no lo estoy educando para ello si hoy a sus dos años y medio le obligo a tomarse toda la sopa aunque no quiera, sin tomar en cuenta que a lo mejor no tiene hambre o se siente indispuesto, no le estoy mostrando respeto. Aunque muy obvio, es difícil que cale dentro de mí.

¿Qué pasos podemos seguir para educar para que alcancen sus metas y desarrollen habilidades para la vida? Jane Nelsen nos propone estos tres:

1. Escuchar: No explicar, no defender, no sermonear.
2. Validar lo que siente nuestro hijo: No poner palabras en su boca.
3. Hacer preguntas curiosas que inviten a la conversación: Por ejemplo: “¿Qué estabas tratando de lograr?” “¿Qué aprendiste de esto?” “¿Cómo te sientes con lo que pasó?”

Y para cerrar: El empujoncito extra para animarnos a modificar nuestra forma de disciplinar: El ordenar a nuestro hijo que haga o deje de hacer algo causa tensión fisiológica a nivel cerebral, esto hace que el cerebro envíe mensajes de oposición y resistencia. En cambio, preguntar, genera relajación física y esto invita al cerebro a buscar respuestas.