Las tres trampas de la Crianza con Apego /

2015.08.26


He escuchado de amigas muy “cuerdas” y formadas que el término crianza con apego les disgusta. Creo que como cualquier estilo de crianza tiene sus puntos fuerte y sus puntos débiles, así es con todo en la vida. A mí en lo personal la filosofía de vida de este tipo de crianza me gusta, sin embargo, yo prefiero utilizar el término Crianza Respetuosa. No es para todos, como no era para todos el sacar licenciatura y maestría al mismo tiempo. Requiere esfuerzo, requiere sacrificio, pone en jaque la salud mental jajaja pero si dominas el arte, vale con creces el esfuerzo.

Conozco comunidades bellísimas de mamás que se esfuerzan por criar “con apego” como le dicen ellas, pero también he evidenciado que en nuestro afán de proveerles a nuestros hijos lo mejor, algunas veces caemos en ciertos errores garrafales. Yo, personalmente me encuentro luchando para no caer en las siguientes trampas:

TRAMPA: El marido vale menos que un moco pegado en la pared
La crítica más común que escucho es que el colecho le roba espacio a la pareja para la intimidad, o que el realizar lactancia extendida te deforma los pechos o se roba la idea de que son sexies, templos sexuales exclusivos de la fantasía conyugal. NO me refiero a esto. Me refiero a una devoción exclusiva y enfermiza hacia el hijo, ignorando los sentimientos y necesidades del hombre que fecundó ese óvulo. Mi esposo y yo hemos practicado colecho hasta el año y medio por mutuo acuerdo, mi hijo y yo continuamos con lactancia extendida.

El tema es que mi pareja debe mantener su jerarquía. Sin un marido que entienda la crianza con apego la crianza podría no ser respetuosa. La crianza respetuosa se hace entre dos, así como se fecundó el ovulo. La crianza respetuosa simplemente deja seguir el curso de la naturaleza: el hijo es de los dos, y las diferencias sexuadas de cada quien serán el terreno donde la semilla crece.

Él como mi esposo va primero, en mi corazón, con mi actitud, con mi confianza en su juicio y su voz y voto en la toma de decisiones, y esto le permite a él entender e incluso decidir que por ahora, parecerá que mi hijo muchas veces va primero. Su hambre será saciada antes que la cena servida, por ejemplo, su llanto será atendido antes que nuestros momentos de intimidad.

TRAMPA: Los juguetes de estimulación temprana son más valiosos que los utensilios de oficio doméstico
Quienes hemos comprado cajas de Lego Duplo, rompecabezas Melissa & Doug y cubos de encaje Playskool sabemos que no son nada económicos pero lo hacemos pensando que lo valen. Llenarlo de juguetes que desarrollen destrezas para pensar ha sido una de mis obsesiones, pero ¿adivinen qué? De esta manera un niño se entretiene, sí, pero se estimula mucho más realizando labores domésticas, las actividades comunes y corrientes de una casa. No sé si a alguna le haya pasado lo mismo, a mi hijo le encanta barrer y por las mañanas me pide desesperadamente que salgamos a barrera el frente de la casa, yo confieso que trataba de persuadirlo para entrarnos a jugar, hasta que una amiga me recordó lo que yo como psicóloga debería de mantener en mente: Los oficios domésticos estimulan más que ninguna otra actividad (los métodos como Montessori y Waldorf lo respaldan).

TRAMPA: Hay que entretener a los hijos aunque eso signifique dejar de vivir la vida.
Tal vez está es a la que más me ha costado escapar de todas las trampas. Una parte de mi siente que ser buena madre es sentarse por horas enteras a pintar, sembrar y hacer culebritas de plastilina. Me es difícil cortar estás actividades para que vayamos al supermercado, por ejemplo. Y ni hablar de intentar leer mi propio libro mientras mi hijo se entretiene en sus cosas. Sin embargo, lucho y lo intento “una y otra vez” como dice el libro de Elmo.

Debo repetirme que si yo sacrifico mi dignidad y mi respeto, como pasó en algunas ocasiones cuando me quedaba sin desayunar por ejemplo por sus exigencias de irnos a jugar, igual le estoy haciendo daño como si sacrificara su dignidad y su respeto. Si yo sacrifico mis anhelos por que él realice algo que él quiera le estoy enseñando nada más y nada menos que: ¡a SER VICTIMA! Y no a ser el victimario como a primera impresión pareciera: ¡Los niños aprenden por imitación!

Tal vez en el camino aparezcan otras trampas, les contaré si descubro otras. Pero quiero cerrar con una reflexión que otra amiga me compartió: Los que apostamos por criar con respeto debemos recordar que no solo lo hacemos por que sea lo mejor para ellos. Es también lo mejor para nosotros como padres. Es una inversión que nos garantiza que nuestros hijos sean adultos sanos, responsables amados y amorosos. Qué dicha y que paz mental nos deparan los años de vejez 😉

 

· María José Godoy de Joachin / Educadora