La peor mamá del mundo /

2016.09.13

 

 

 

 

Por María José Jiménez

No, no me refiero a ninguna otra mamá más que a mi misma. No porque me considere extraordinariamente mala en el asunto de la maternidad, sino porque siendo realista es de los roles que más humildad me han aportado, pocas cosas me importan tanto y me esfuerzo tanto como en ser una buena mamá para mis tres hijos (LuisE 9, Iñaki 6 y July 4) y en pocas fallo tan seguido.

El último día de la madre en sus clases de cocina se idearon que la actividad del día de la madre iba a ser un reto culinario, para mí que cocino solo por estricta necesidad y podría alimentarme de lo mismo durante seis meses (quien es un chef espectacular, creativo, apasionado, que le encanta y nos cocina fines de semana y para las ocasiones especiales es mi esposito) les dije que de plano mejor nos capeábamos esa semana, pero fue tanto lo que insistieron y hasta se enojaron que paré aceptando, estuvo menos desastroso de lo que pensé, hasta llegué a disfrutarlo, aún con los comentarios de “lástima que no es papa el que cocina porque con él seguro ganaríamos” de mis minichefs.

Pero no pude dejar de notar de que aún la forma en la que celebramos ese día tiene que ver con la noción de que ser mamá es una competencia, basta ver la publicidad y redes sociales inundadas de gracias a “la mejor mamá del mundo” y no estaría mal si realmente no abordaremos la maternidad de esa forma, ser la mejor implica que nos estamos comparando y clasificando frente a otras mamás y no vemos lo inútil de este ejercicio, las mamás que tenemos más de un hijo sabemos que cada niño es distinto (créanme mis tres tienen el carácter voladísimo, de esos niños tranquilos y serenos no me tocó ni uno! pero cada uno con su temperamento y personalidad única) además nadie más que yo podré ser madre de esos tres niños de la misma forma que nadie más que tu podrás ser mamá de los tuyos.

Entonces, ¿Porqué insistimos en compararnos y juzgarnos en cuanto a como los alimentamos, disciplinamos, si estamos con ellos todo el tiempo o trabajamos fuera de casa si realmente no es comparable? ¿Porqué nos sentimos con derecho de juzgar a otra mamá cuando francamente todas hemos pasado por crisis en las que nos preguntamos como Dios nos confió a otro ser humano? ¿Acaso no hay momentos que no sabemos como hacer para que el nene coma o se duerma o no le pegue al hermanito, o no tengamos que repetirle 5 veces antes que siga una instrucción y hemos querido sencillamente sentarnos a llorar porque eso de la maternidad sobrepasa nuestra capacidad?

Así que les propongo que antes de ceder al impulso de juzgar a la mamá del nene que según nosotras no se comporta como pensamos debería hacerlo, decidamos tomar el camino de apoyarnos, inspirarnos o al menos aceptar que somos distintas, nuestros niños los son y definitivamente la forma en la que los criamos también va a serlo, no es mejor o peor, es solo distinta.

Así deseo que podamos dejar de intentar ser “la mejor mamá del mundo” y seamos la mejor versión que humanamente y con la ayuda de Dios podamos para nuestros hijos y tengamos maternidades menos juzgadas y menos juzgadoras, al fin de al cabo el solo hecho de ser mamás ya nos hace mucho mejores personas de lo que fuimos antes de conocer esos humanitos con una capacidad desbordada para desordenar y ensuciar cualquier cosa a su paso pero que nos ordenan las prioridades y nos limpian los ánimos con puro amor.