La niña que las madres necesitamos amar /

2016.08.23

Por Wendy Ortiz de Menéndez / Madre, ama de casa y Psicóloga Clínica
*Colaboración invitada

El convertirme en madre ha sido para mí una experiencia hermosa, intensa pero sobre todo sanadora. Como madres nos preocupamos noche y día por ofrecer lo mejor a nuestros hijos, por saciar sus necesidades físicas, materiales y emocionales. Tratamos diariamente de dar lo mejor, de darnos.

En ese dar diario recibimos muchas satisfacciones, sonrisas y amor como respuesta, pero también descubrimos partes nuestras que estaban ocultas. La psicóloga Laura Gutman en su libro “La Maternidad y el encuentro con la propia sombra” habla acerca de la fusión emocional que vive la madre y el niño en los primeros años. Sí! El niño siente como propio lo de la madre y lo manifiesta en su cuerpo.

La psicología, sobre todo el Análisis Transaccional de Eric Berne ha hablado de un yo-niña como parte de nuestra personalidad, y la maternidad como tal me hace pensar mucho en las manifestaciones de mi yo-niña en las interacciones diarias con mi hijo. En las respuestas ante las demandas de la crianza.

La pregunta sería, ¿Cómo me hace sentir ser madre? ¿Cómo actúo o reacciono ante las necesidades de mis hijos?

Antes de continuar quisiera invitarte a traer a tu memoria una imagen, de alguna fotografía tuya que te guste de cuando fuiste niña.

Pues através de esta misma niña que vive dentro de ti y de la que ahora tienes una imagen como referencia, representa tu historia. Tus alegrías, necesidades y heridas por sanar, que aparece ante ese ser pequeñito en estatura pero grande en necesidades y demandas, que nos fue dado para formar y amar.

La maternidad nos ofrece una maravillosa oportunidad de abrir una ventana hacia nosotras mismas, si lo deseamos y si somos consientes de que nuestras capacidades resilientes y la ayuda nos pueden beneficiar. Ser consientes de cómo estamos conectando con nuestro pasado es una asombrosa oportunidad para sanar.

¿Te ha pasado que te encuentras reaccionando con tus hijos justamente como desearías no hacerlo?, repitiendo patrones que se usaban anteriormente pero que ahora ya no deseas aplicar. O te has preguntado, ¿Porqué mi pequeño manifiesta comportamientos o emociones que me preocupan?, ¿Posees expectativas muy altas para tus niños?, ¿Cuánto tenemos que ver nosotras con esto que manifiestan los pequeños cuerpecitos y almas de lo que más amamos?.

Cuestionarnos es el inicio y una buena oportunidad para empezar es cuando dejamos de disfrutar nuestra maternidad.

Nuestra niña se manifiesta herida, cuando se engancha en la demanda del niño y responde con comportamientos inmaduros como gritos o chantajes emocionales, es tu niña a la que probablemente no se le lleno de contención y afecto para auto regularse, para lograr un equilibrio una sanidad emocional. ¿Has encontrado a tus hijos charlando con una madre que se victimiza o los hace revivir su infancia triste?, ¿Será que son los más indicados para escuchar? Probablemente necesites encontrar consuelo para la niña que fuiste y que se manifiesta hoy en tu ser madre.

Es taaan importante cuidarnos para cuidar, sanarnos para ofrecer bienestar. Es tan poderoso revisar, preguntar y conocer nuestra infancia para encontrar en nuestra historia todas las necesidades que no fueron cubiertas, no para culpar sino para satisfacerlas por medio de procesos de curación personal. Es un acto de valentía que la adulta en la que te has convertido lleve de la mano a esa misma niña de la fotografía a un proceso que le permita crecer y sanar.

Busca ser escuchada, rodéate de personas que te valoren, que te recuerden lo bien que lo haces diariamente solo por el simple deseo de dar lo mejor y más de lo que puedes. Si cuentas con tu familia apóyate si es posible en ella, tu pareja es fundamental habla, conversa cuéntale como te sientes y píde lo que necesitas puede ser desde un abrazo hasta un momento para dormir.

Utiliza la culpa para autoevaluarte por las noches, todo lo que haces con tus hijos que no te hace sentir bien, háblalo contigo misma, abrázate, deja de juzgarte duramente y regálate autocompasión, para despertar llena de amor a ti misma, recuerda que tu infancia te influye pero no te define porque tenemos la grandeza de renovarnos.

Toma a tú niña interna, regálale un delicioso helado o invítala a terapia, ofrécele un buen libro que la nutra y la inspire, búscale personas y grupos de crianza que le ofrezcan alternativas nuevas y sanas de responder, que la contengan y recuerden su valor. Yo he encontrado en estos grupos empatía, respeto, compañía y mucho cariño.

Enséñale a tu niña a poner límites sanos, a pedir descanso, a pedir ayuda a decir: “Necesito esto o lo otro para mí, para estar mejor, para dar lo mejor”.
Recuerda que el amor transforma, que necesitamos una sociedad llena de paz, niños criados en el amor y el respeto. Esto no se logra por medio del miedo al castigo o golpes, sino en la práctica diaria de la compasión, respeto y amor. Regálate lo mejor y ofrece lo mejor, lo que da bienestar, crecer saludablemente en el amor. AMA A TÚ NIÑA, ¡AMATE A TÍ! ERES MUY VALIOSA