La invisible carga de trabajo que nos abruma /

2018.11.12

Original por Lisa Wade. Traducido por cosasdewiros.com

“Soy la persona,” escribe Ellen Seidman, esposa y madre de tres, “que se da cuenta que se está acabando el papel de baño.” Así comienza el poema que escribió para su blog sobre el rol que juega en su hogar, el de la que se preocupa, la que organiza, la que se recuerda, la que pone atención. El poema es acerca del trabajo que hace que requiere pensar, un trabajo mental, el que, como ella dice, le permite a su familia, básicamente, existir.

“Soy la persona que se da cuenta que se está acabando el café, soy la persona que se da cuenta que se está terminando la pasta de dientes/hilo dental/enjuague bucal. Soy la persona que se da cuenta que quedan pocas barras de granola, fruta seca, queso, gallets y otros snacks salvavidas.”

Ella es la persona que no solo sabe que el café es esencial pero que usar la pasta de dientes equivocada puede arruinar la mañana de un niño, sin mencionar a los padres. Huevos, leche y ketchup también se da cuenta. El jugo que su hijo adora y la marca de mantequilla de maní preferida de cada miembro de la familia. Sin mencionar el millar de jabones (para cuerpo, para ropa, para platos, etc.), la gasolina del carro, la devolución de los libros de la biblioteca, las citas con el doctor y cuando toca lavar la ropa de cama.

La socióloga Susan Walzer publicó un estudió en 1996, llamado “Pensando en el bebé”, señalando esta diferencia de géneros en el hogar. Los académicos ya han documentado que las mujeres, incluso las que trabajan fuera de casa a tiempo completo, hacen la mayoría de lo que llamamos “el segundo turno”: el trabajo que nos recibe cuando volvemos a casa. Walzer se interesó por la parte invisible de este trabajo, el que ocupa nuestra mente. Entrevistó 23 parejas de esposos que habían tenido un bebé en el último año. Encontró que las mujeres hacen más del trabajo intelectual, mental y emocional del cuidado de los niños y el cuidado de la casa. Hacen más del aprendizaje y el procesamiento de la información (como buscar pediatras). Nos preocupamos más (como si el desarrollo de nuestros hijos va acorde a su edad). Y organizamos y delegamos (que colchón hay que voltear o que cocinar para la cena).

Incluso cuando los hombres “ayudan” con su parte de los quehaceres y los mandados, somos las mujeres las que notamos lo que se necesita hacer. Walzer describió, en otras palabras, exactamente el tipo de trabajo al que se refiere Seidman en su poema. Seidman no se está quejando, su poema es dulce y divertido y claramente nace del amor a su familia, esposo incluido. Y, para ser justas, las mujeres casadas o cohabitando con un hombre hacen más trabajo domestico que sus parejas, los hombres pasan proporcionalmente más tiempo en trabajos pagados. En la actualidad la cantidad de horas que hombres y mujeres pasan en trabajos pagados está cerca de la equidad.

Pero eso no cuenta “la pensada”.

Puede que los esposos hagan ahora más trabajo domestico y cuidado de los niños que antes, pero aún así nos toca delegar:

Amor, voy a salir de viaje el fin de semana. Recuerda que el número del pediatra está en la refri, esperamos un paquete el sábado, la pijamada de Susanita también es el sábado, escribí la dirección en el calendario, Estuardito tiene clase de piano el domingo a las 10 am, el número de la pizzería está programado en tu teléfono y el jardín necesita una limpiadita si te dan ganas.

No es sorpresa que nos tachen a las esposas de fastidiosas. Hasta la persona más hacendosa se cansaría de que le estén diciendo que hacer. Como la mayoría del trabajo que es comúnmente femenino, pensar, preocuparse, poner atención y delegar es un trabajo en gran proporción invisible, casi no es reconocido, mucho menos pagado o recompensado.

Seidman sugiere que ella tiene un superpoder de “ver” que ni su esposo ni sus hijos tienen. Pero no es así, claro. Es solo que su disposición a hacer las cosas le da la libertad a los demás de no hacerlo. Si nosotras no existieramos en nuestras familias, apostemos que nuestros esposos comenzarían a darse cuenta que se acaba la comida o que ya no hay pañales. Pensar no es un superpoder; es un trabajo. Y muy a menudo parece natural que una mujer haga el trabajo duro de manejar un hogar. Hemos avanzado un largo camino en darle a las mujeres libertad de construir una vida fuera del hogar, pero el último paso podría ser el invisible, lo que pasa en nuestras cabezas.