La Era del Miedo. Ayudar a los wiros a hacer frente a l... /

2017.11.14

Traducido del original de littleheartsbooks.com

¿Qué pasó con la valentía de los cinco años? Tu hijo ahora se rehusa a dejarte en el parque, “Tengo miedo de que me coman los pájaros.” A los tres años se subía a la refri y ahora decide que los columpios son objetos terroríficos. Después de seis años durmiendo como tronco, ahora resiste la hora de dormir y se mete a tu cama a las 3 am todas. las. noches. Tu peque de cuatro años de repente se vuelve retraído y no quiere jugar con otros niños, prefiere estar sólo cargado. Y lo peor ¡volvió a chuparse el dedo!

La etapa preescolar y los primeros años de kinder muchas veces se ven estropeados por los miedos exagerados, raras ansiedades, pesadillas, terrores nocturnos y otras evidencias de inseguridad que pueden hacer que hasta los papás más confiados se sientan frustrados, preocupados y fracasados. Las regresiones son un acompañamiento común, desde que se vuelven a hacer pipí encima a despertares nocturnos y volverse a chupar el dedo. También aumentan sus mecanismos de “llamar la atención.”

¿¡Qué pasa!?

No, no es el ambiente, ni la hormonas adolescentes prematuras. Y, normalmente, no es un trauma a cambios significativos como una mudanza o el comienzo del cole, aunque estos eventos si pueden empeorar la situación. (Siempre es importante poner atención a que estos comportamientos pueden, raramente, indicar condiciones que deben ser diagnosticadas por un profesional)

Típicamente, los comportamientos ansiosos repentinos en los primeros años escolares son simplemente otra etapa normal de desarrollo, una indicación de crecimiento cognitivo. En otras palabras, por raro que suene, ¡el miedo puede ser una señal de madurez!

Niños entre tres y seis años (más o menos) comienza a darse cuenta que sus papás no son los súper héroes que ellos creían que eran. Esta revelación puede ser incómoda para ellos, causandoles gran inquietud al mismo tiempo que descubren que hay un mundo entero más allá del ambiente seguro que conocen, que hay un mundo lleno de peligros potenciales, riesgos desconocidos y otro montón de cosas verdaderamente grandes y temibles.

¿Qué hacemos?

Primero, como en todo, debemos estar conscientes que no hay una cura a la medida. Cada quién conoce a su hijo mejor que nadie y responder a sus necesidades únicas significa interpretar sus señales para saber que le puede ayudar o que está obstaculizando su viaje por esta incómoda etapa.

Dicho eso, estas son algunas ideas que pueden ayudar:

  • Antes de forzar a tu hijo a “enfrentar sus miedos,” considera si tuvieras aracnofobia y alguien te tirara una araña o si padecieras claustrofobia y alguien te encerrara en un closet ¿te ayudaría? Si la respuesta es NO, honra sus sentimientos y busquen otra solución.
  • Cuando tu hija te comunique sus preocupaciones, resiste el deseo de minimizarlas. Si dice “Tengo miedo de que los monstruos entren por la ventana,” intenta no decir, “Los monstruos no existen.” Recuerda, se acaba de dar cuenta que sus papás no son todopoderosos y eso significa también que no lo sabes todo. Así que, en lugar de sentirse segura con tus palabras, pensará que no sabes nada de monstruos y que no la puedes proteger. En lugar de eso, pueden hacer una lluvia de ideas para alejar a los monstruos. Decir algo como, “Pensemos maneras de que te sientas segura. ¿Qué tal si papá pone los monstruos en un basurero, los saca y se los lleva el camión de la basura?” No temas decir “tonterías”. Toma sus miedos enserio, pero ofrece soluciones fantásticas que le ofrezcan que los monstruos (o cualquiera que sea el miedo) se vayan para siempre.
  • Ayuda a tu hijo a hacer una “Caja fuerte para pesadillas” con una caja de zapatos. Por la noche, antes de dormir, siéntate con él y motívalo a poner todos sus pensamientos de miedo en la caja para que te los lleves y los mantengas seguros mientras duerme. Déjale saber que si tiene un sueño feo, puede venir a la mitad de la noche y lo vas a ayudar a ponerlo en la caja para que pueda volver a dormir.
  • Evita frases como “Eres un chico grande” y “sólo los bebés hacen eso.” Enfócate en motivarlo a hacer cosas que sabes que puede hacer. Por ejemplo, si normalmente puede subir la escalera del resbaladero pero se queda “trabado” a la mitad y pide ayuda, comienza por ponerte cerca para que sepa que estas dispuesta a ayudarle si lo necesita. Dale palabras de aliento, “Se que puedes hacerlo. Acá estoy si me necesitas.” Pero no lo presiones. Si se altera o insiste en que no puede, ayúdale a bajar. Recuerda, no se trata del resbaladero. Se trata de que buscan asegurarse de que aún pueden confiar en nosotros para cuidarlos, que aún están seguros.
  • El juego de roles (y el juego en general) es poderosa herramienta para ayudarle con sus habilidades para afrontar problemas.
  • Si el problema son las regresiones, ten en mente que tu peque está volviendo a una época en la que se sentía segura. En lugar de castigarla, ridiculizarla, sobornarla o tratar de controlar la situación de cualquier otra manera, ofrece consuelo en maneras apropiadas que le demuestren que puede confiar en ti para satisfacer sus necesidades de seguridad. Aplica para cuando quieren “llamar la atención.” Claro que es importante establecer límites y guiarla, pero recuerda que los castigos tienden a alejarlos y no nos ayudan a conectar. En estas situaciones están reaccionando a un sentimiento de desconexión en su nuevo entendimiento de que sus papás no son súper héroes, alejándola sólo va a exacerbar la situación.
  • Escucha. Esa es la solución más simple a este complejo problema. Detente y toma tiempo para simplemente salir a caminar con tu peque. Siéntate a verlo colorear o a compartir un juego de mesa. Acuéstate en su cama por unos minutos antes de que se duerma y platiquen sobre su día. El sólo hecho de que te tomes tiempo para enfocarte en él o ella, para estar en silencio, disfrutar su compañía y reconectar, te adelantará en el camino a calmar sus miedos.
  • Y aunque tu hijo no sea introvertido por naturaleza utiliza estos puntos para navegar esta etapa de ansiedad:
    • Respeta su necesidad de privacidad
    • NUNCA los avergüences en publico
    • Déjalos observar primero en situaciones nuevas
    • Dales tiempo para pensar. No exijas respuestas inmediatas
    • NO los interrumpas
    • Avísales con anticipación sobre cambios en su vida
    • Dale notificaciones de 15 minutos para terminar lo que está haciendo
    • Corrige en privado
    • Permítele encontrar un buen amigo con intereses y habilidades similares
    • No le presiones a hacer montones de amigos
    • Respeta su introversión. No intentes presionarle a la extroversión

Recuerda, como todas las otras etapas de desarrollo, la “Era del Miedo” no durará para siempre. Mantenerte conectada con tus hijos y conservar las líneas de comunicación en todas las edades y etapas de desarrollo ayudará a facilitarles el camino y a mantener su relación fuerte y saludable.