¿Hay una edad ideal para aprender idiomas? /

2018.09.04

Por Agnes Leal

Para hablar de aprendizaje de idiomas, primero debemos hablar sobre la neuroplasticidad del cerebro. Esto significa maleabilidad y cambio, que son los cimientos del aprendizaje y la adaptación del cerebro a nuevas condiciones, tanto fisiológicas como ambientales. Las condiciones que van variando crean redes de neuronas, pero para que se dé el aprendizaje es necesario la práctica y la repetición.

El cerebro humano arma y fortalece redes de neuronas cuando hay un aprendizaje nuevo, beneficiándose cuando hay aprendizaje asociativo y con un anclaje emocional que lo fija en nuestra memoria. Recordamos con facilidad lo que nos causa una gran impresión, lo que es significativo o tiene importancia para nosotros, lo que nos llama la atención, lo que podemos vincular/asociar a conocimientos anteriores y lo que comprendemos fácilmente. En contrapartida, el cerebro humano desarma y debilita redes de neuronas que no se usan; olvidamos lo que no capta nuestra atención o no nos impresiona, lo que no podemos vincular/asociar y lo que no comprendemos con facilidad.

Una edad “totalmente ideal” para el aprendizaje de otro idioma no hay, ya que esto depende de varios factores. Cando vamos creciendo se nos hace un poco más difícil en algún sentido este aprendizaje, ya que lo razonamos más, ya no es “adquisición natural” como sucede con los niños, pero no es imposible. Para la neurociencia existe un período crítico, en el cual el cerebro humano tiene mayor plasticidad para el aprendizaje y este es en la infancia, pero la plasticidad se da a lo largo de la vida siempre que aprendemos algo.

Periodo Sensitivo del Lenguaje
Según María Montessori, el período sensible del lenguaje se inicia en el séptimo mes de embarazo y concluye aproximadamente a los 6 años. Por eso es importante que durante el embarazo la mamá gestante le hable, le cante y le lea cuentos al bebé. Durante el primer año el niño observa y se va familiarizando con su lengua materna, luego comienza a emitir sonidos, palabras y frases; absorbe todo lo que escucha en su entorno. De los 3 a los 6 años, amplía y refuerza lo absorbido en los primeros años.

Interesante es que los bebés no importando su nacionalidad, cuando comienzan a balbucear, emiten sonidos que pueden corresponder a cualquier idioma, pero, según se le vaya estimulando y desarrollando el lenguaje, va dejando los sonidos que no corresponden a la lengua que escucha, es decir, a la lengua materna. Los niños van aprendiendo estos sonidos cuando repiten lo que escuchan, cuando les hablamos o les cantamos a la vez que utilizamos los gestos.

Según algunas investigaciones, los niños pueden aprender un segundo idioma en “forma natural” si está en contacto diario, en forma estable y continua en la etapa de 0 a 3 años con una persona que les hable esta lengua extranjera; una persona, un idioma. Esto es común en las familias donde ambos padres tienen lenguas maternas diferentes, el bebé se identifica con el lenguaje de cada progenitor y reacciona a eso sin mayor dificultad.

Mientras que, de 3 a 6 años, la adquisición del segundo idioma se basa en la exposición, contacto continuo y estable, en los niños mayores el aprendizaje de un nuevo idioma se basa en la experiencia. Por esto, se les debe animar a utilizar el nuevo lenguaje, respetando su propio proceso y su propio ritmo.

El efecto de la lengua materna
De acuerdo con Brown (2001) la lengua materna juega un papel muy importante a la hora de aprender un segundo idioma, su interferencia en este proceso puede ser tanto positiva como negativa. En otras palabras, cuando ambas lenguas presentan características similares entre sí, el proceso de aprendizaje de la nueva lengua puede ser mucho más fácil y llevadero para el estudiante pues se le presenta un universo que ya conoce o que al menos, le es familiar. Por el contrario, cuando se trata de idiomas con patrones lingüísticos distintos, la lengua maternal interfiere negativamente pues dificulta el aprendizaje ya que el aprendiz suele realizar falsas asociaciones pues se trata de dos lenguas que funcionan muy distinto en determinados aspectos. Esto es conocido como el Efecto de la Lengua Materna.

Tips para motivar el aprendizaje de un segundo idioma
La enseñanza de otro idioma debe ser en forma amena, que motive al niño, alejándonos de metodologías que puedan aburrirle o asustarle. Puede ser por medio del juego, canciones, rimas y mucho movimiento. Es de vital importancia utilizar y estimular la mayor cantidad de sentidos en el aprendizaje.

Aproximadamente a los 4 años de edad, la lengua materna se fija en su totalidad y generalmente es entonces cuando se recomienda el inicio del aprendizaje de otro idioma. Esta recomendación es el caso que ninguno de los padres hable el segundo idioma y el niño ya haya adquirido y estructurado su idioma materno.

Unos niños aprenden en general más rápido que la media, otros tienen más facilidad para los idiomas y algunos niños pueden tener dificultades en su lengua materna o tener alguna situación física que le dificulte el aprendizaje de un segundo idioma y por eso se les haga más largo el proceso de adquisición. Todos estos aspectos son indispensables de evaluar y tener en cuenta. Cada maestro de idiomas y cada familia puede tener experiencias muy diferentes debido a diversos factores.

Los niños son como una esponja absorben todo, pero depende también del ambiente y la experiencia que les podamos brindar su óptimo aprovechamiento. Esto no quiere decir sobreestimulación, “un niño no aprende más rápido cuando adelantamos conocimientos”.

Agnes Leal es fundadora y directora de Move, Grow and Learn, docente por más de 20 años, con experiencia en NeuroNet, Guía Montessori e Instructora Certificada de Masaje Infantil.

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