Gritarles no es la solución /

2017.07.24

Por Renee Jain

Si le gritas a tus hijos, no estás sola.

“Te lo advierto, por tu propio bien, no me hagas enojar.” –Dr. Bruce Banner (Hulk)

¿Se recuerdan de la historia del Increíble Hulk? El científico Bruce Banner accidentalmente se expone a dosis letales de rayos gamma y su ADN se reestructura. Después de eso, al enojarse o sentir mucho estrés, el apacible doctor se transforma en el furioso monstruo verde conocido como El Increíble Hulk.

El Dr. Banner desesperadamente trata de controlar su ira y prevenir sus trasformaciones para no lastimar a otros; desafortunadamente, fracasa. En los 82 episodios de la serie de tv original, se transforma en todos y cada uno.

Como mamás, podemos identificarnos con la lucha de contener el enojo…

No importa cuando nos mentalizamos antes de tener hijos, que jamás les gritaríamos. No importa la fuerza del amor que sintamos por nuestros retoños, la realidad es que los hijos empujan los límites, nos llega el cansancio de trabajar y ser mamás, nos desconciertan esos berrinches inesperados, se nos acaban los intentos de amansar el comportamiento temerario, el shock de que el niño te esté gritando por haberle dado el color equivocado de plato… bueno, te pueden llevar a ese momento Hulk que incluye griterío crónico.

Y podemos reconocer que una vez el enojo se apodera de nosotras y el grito se asoma por la garganta, es una batalla controlarlo para que se quede adentro. ¿Y después de gritar? Claro, nos sentimos fatales, hasta avergonzadas; y juramos que no lo volveremos a hacer jamás; sin embargo, de alguna manera, antes de lo esperado, el hulk interior asoma su fea cara.

Sepan que si le han gritado a sus hijos, no están solas. De hecho, los estudios muestras que casi el 100 por ciento de padres han estado allí. Y si quieren dejar de gritarle a sus hijos, es posible. Renee Jain, la autora de este artículo, dice ser una gritona reformada e investigadora que quiere compartir algunos tips con nosotras para que comencemos.

Cuando sientan el deseo de gritar, comiencen por estar conscientes de lo que piensan, sienten y hacen.

 

1. Pensar 

Cuando una situación desencadena la ira, los pensamientos vuelan por nuestra mente mucho antes de que gritemos. Pensamientos como:

  • “Ya estás llorando otra vez, no puedo con esto”
  • “¡Cómo te atreves a tirar la comida. Deberías comportarte mejor que esto!”
  • “¡No me dejas dormir, solo pegado querés estar!”
  • “Esto es lo peor que me podría pasar ¿Por qué me pasa esto a mi?”
  • “Me siento tan enojada que podría gritar”
  • “Todo esto es tu culpa”
  • “Ya vas a ver las consecuencias, yo soy la mamá”

Es fácil reconocer estos pensamientos porque el sistema nervioso está tranquilo, estás calmada, en ese momento no pensarías decir eso en voz alta. Y al decirlos en voz alta o gritando al estar enojadas, siempre nos arrepentimos y nos disculpamos por haberlo dicho.

Intenta esto: Cuando sientas el grito asomándose por la garganta, fijate en esos pensamientos. Imagina que esos pensamientos son un tren que pasa sobre tu cabeza. Deja que pasen sin intentar cambiarlos. Después de un par de minutos, los pensamientos abran pasado y tendrás la oportunidad de transformarlos en pensamientos más conscientes.

Como una alternativa, puedes escribir esos pensamientos a medida que brotan. Si te cuenta escribir, grábate diciéndolos. Escucharlos puede ser una gran experiencia de aprendizaje.

 

2. Sentir

A muchas de nosotras nos enseñaron a no mostar nuestros sentimientos libremente. Y aunque sin mala intención, nos enseñaron a calmarnos, relajarnos y de cierta manera a distraernos al enojarnos. Estas técnicas pueden conducir a la anulación de sentimientos importantes que deben ser procesados.

En lugar de entumecer la ira, trata de notar y nombrar la experiencia sensorial. Notar y nombrar los sentimientos de enojo mientras están sucediendo pone el centro del lenguaje en tu cerebro en línea; esto a su vez doma el tu cerebro emocional y te da un mejor chance de retener el grito.

Intenta esto: Cuanto sientas que estás a punto de gritar, nota y nombra dónde en tu cuerpo te sientes enojada. Así:

Me siento enojada en el pecho en este momento.

Siento un nudo en la garganta.

Siento el estomago apretado.

 

3. Hacer

Recuerden que el Dr. Bruce Banner se sentía impotente al convertirse en Hulk cuando estaba enojado, lastimaba a otros con su ira. Si practicas los primeros dos pasos (Pensar y sentir, no importa en que orden) vas a llegar al tercero: Hacer, sintiendo que si podemos elegir de que manera reaccionar.

Al practicar ser conscientes de nuestros pensamientos y sentimientos en medio de la ira, reconocemos y validamos nuestro Hulk interior… sin actuar y sin hacer nada desde la ira.

Intenta esto: La próxima vez que sientas que tus hijos, el esposo, una amiga, una circunstancia o algo fuera de tu control te activan la ira, observa lo pensamientos pasar, nota y nombra donde sientes la ira y luego, no hagas nada. Hay poder en la elección de no reaccionar.

 

Traducido por Cosas de Wiros del original publicado en huffingtonpost.com