Gaby Batres, una mamá primeriza en tres ocasiones /

2018.10.03

 

El sueño del recién nacido

Recibí con mucha ilusión mi primer embarazo. Después de varios meses de estar intentando sin tener resultado positivo, por fin llegó la buena noticia y estábamos convencidos que la espera había valido la pena… No sabíamos lo que nos esperaba con el sueño.

Vino a nuestra casa la bebé perfecta, la bebé perfecta para nosotros. La primera noche (o tal vez el primer mes) fue verdaderamente un desastre, me sentí tan fuera de mi zona de confort. Quería ser la mamá perfecta y nada de lo que hacía me estaba funcionando. Noches de desvelo, alergias a la leche, horarios cruzados…pero poco a poco nos fuimos acomodando los tres y nuestra pequeña familia empezó a sentirse como familia. Un año y tres meses después, con la llegada de Diego, ya éramos una familia de 4. Creía que tenía todo bajo control, pero en realidad seguía sintiéndome como una mamá primeriza. La verdadera prueba de mi maternidad llegó dos años después y la llamamos Valeria. Ufff… Esta etapa la gozamos pero también la sufrimos, por un momento creímos que nunca en nuestra vida volveríamos a dormir una noche seguida. Vale tenía problemas gástricos severos que requerían de una alimentación especial, una operación y medicinas especiales. Tardó, pero el día en que Vale durmió toda la noche llegó a sus dos años y medio. Ese día dijimos: “Ya no hay bebés en nuestra casa”.

 

La disciplina

¿Cuándo es mucho? ¿Cuándo es poco? ¿Cuándo se vale reírse de las travesuras de los niños y cuándo no? Mil veces me he cuestionado si mis métodos de disciplina son los correctos y muchas otras veces me he sentido fatal por haber sobre dimensionado situaciones.

Sí me considero una mamá exigente, aunque también relajada para ciertas cosas. Pero creo que la disciplina es parte importante de todas las personas y de todas las familias. En nuestra casa hay reglas, rutinas y responsabilidades definidas. Nos ha funcionado decirles a nuestros hijos lo que esperamos de ellos y las consecuencias que resultan de no lograrlo. Creo que esa comunicación abierta nos ha ayudado a mantener la paz y tranquilidad en nuestra familia (hasta el momento). Aunque siempre hay situaciones que requieren de intervención especial. Espero que mientras vayan creciendo podamos seguir teniendo este tipo de relación en donde todo lo podemos platicar y a cualquier situación podemos buscarle una solución.

 

Tiempo para mí

Aunque la mayoría del tiempo parezca mamá gallina, porque voy con mis hijos a todos lados, creo que es indispensable buscar un momento para mí. Son momentos difíciles de encontrar.

Esa tan esperada ducha calientita (mis hijos saben que para mí es sagrada), una llamada por teléfono con una amiga, una salida a cenar con mi esposo o un ratito del programa de tele que me gusta me desconectan por un momento de la apretada agenda de una mamá. Por otro lado, la maternidad ha hecho florecer lo mejor de mí.
Cuando uno es mamá descubre muchas habilidades y destrezas que nunca imaginaba que tenía. Por lo menos eso me pasó a mí. Aprendí a optimizar el tiempo limitado que tenía para mí misma y aprovechaba el tiempo con mis hijos para hacer cosas de la casa o actividades que todos disfrutáramos. Así empezamos a cocinar juntos y descubrimos que todos la pasábamos felices.

 

El consejo que más me ha servido

Durante estos casi 11 años de ser mamá me sigo sintiendo como mamá primeriza. Cada etapa de nuestros hijos nos ha presentado retos nuevos y diferentes. Aunque he tratado de vivirla lo más relajado posible, muchas veces me preocupo por cosas que están fuera de mi control. Desde hace algunos años decidí vivir con la filosofía de encontrar la felicidad en las cosas ordinarias.

Encontrar la felicidad en las cosas del día a día no es difícil siempre y cuando uno tenga la disposición de lograrlo. El mejor consejo que me han dado es: “Disfrutar ser mamá”. Los niños crecen tan rápido (suena a cliché, pero es cierto), que vale la pena detenerse, ensuciarse, correr, montar bicicleta, tirarse en la grama, hacer picnics y hasta desvelarse cuidando fiebres. Todo eso pasa y cada vez nuestros hijos nos van necesitando menos. Hay noches en las que extraño que mis hijos se pasen a dormir a mi cama, aunque amanezca con el cuello torcido (el dolor de cuello también pasa).