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2017.03.06

Por Ana Beatriz Cuellar

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Soy orgullosa mamá de tres hijos, me dedico a la educación desde hace 17 años y mi vida se mueve en cualquier dirección que tenga que ver con niños, adolescentes y Padres de Familia. Tengo en mi mesa de noche una torre de libros que aún no termino de leer, y que reviso cada vez que necesito enderezar el camino o buscar ese “algo” para enfrentar un nuevo reto. Creo firmemente que la transformación del mundo empieza en casa con la educación de los hijos y que si yo estoy bien, mis hijos estarán bien.

Hace poco asistí a una conferencia médica, el doctor que la dictaba es una eminencia en su campo, me impactó muchísimo la primera imagen que mostró para abordar el tema que iba a tratar; era la de un niño que lucía con orgullo su cicatriz de triunfo ante una complicada cirugía de trasplante de corazón.

La segunda imagen que mostró, fue la de un niño completamente normal a lo que los ojos pueden ver, y la frase con la que completó la imagen fue “ hay cicatrices invisibles a los ojos… hay enfermedades y condiciones que no se ven… y que por ello pueden ser incomprendidas o pasar desapercibidas, pero que son, igual de dolorosas y merecen la atención y tratamiento desde cualquier punto de vista. Ese era el caso de mi hijo

Marc Levitt es el doctor, especialista de enfermedades colorectales, cirujano de mi hijo, quien le dio, no una cura a su enfermedad, sino una oportunidad para tener una mejor vida y hacer lo que cualquier niño de su edad hace.

Cuando es una situación médica y de emergencia, que conlleva hospitales y cirugías es más fácil sentirte comprendido y apoyado, es fácil hablar de lo que sientes y cómo lo vas afrontando. Pero definitivamente pasas por varias fases hasta aceptar lo que está pasando y lo que te tocará vivir.

¿Qué pasa entonces cuando todo va bien con nuestros hijos?… Y un día nos damos cuenta que algo anda mal o nos llaman del colegio una y otra vez comunicándonos…. Que nuestro hijo pega, no se está quieto, es impulsivo, desafiante, no habla, pareciera que no escucha, que no va al nivel de sus compañeros… en fin ¡ya saben que sigue a esta lista de quejas y preocupaciones!

En principio es muy normal que el padre de familia niegue lo que está escuchando y busque justificaciones, que si el método no funciona, que si la maestra no es buena, que el colegio no hace lo que debe…. Y créanme eso puede ser, es posible; “no todos los niños son para todos los colegios y no todos los colegios, son para todos los niños”.

Cuando nos enfrentamos a la situación de que uno de nuestros hijos es diagnosticado con alguna necesidad o diferencia de aprendizaje, el entorno familiar sufre un duro golpe, será normal que los padres experimenten diferentes fases que van desde la negación y enojo, la negociación, la depresión o el duelo para llegar después a la aceptación. Estas fases pueden variar según el caso y según la personalidad y actitud que cada uno de los Padres de Familia tenga. Siempre pienso que la buena actitud hace la diferencia y ya con eso tenemos ganado bastante.

Para muchos expertos el detectar tempranamente estos problemas, aceptarlos e iniciar con un plan de acción, puede ser la diferencia para que el niño este mejor, para evitarle en muchos casos una “etiqueta” dolorosa que lo acompañe durante su vida escolar, evitarle el rechazo de compañeros y maestros. Pero quizá, la premisa que nos debe guiar como papás será la de proteger y fortalecer la AUTOESTIMA de nuestro hijo para que él, acepte sus debilidades, pero que conozca y sepa, que es muy bueno en otras áreas y que no importando qué sus padres siempre lo van a amar y aceptar incondicionalmente.

El aceptar como papás este tipo de problemas o diferencias en nuestros hijos, nos deberá llevar a quitar la mirada de las expectativas sociales y las ideas, que nos alejan de nuestros hijos y NO nos permiten ACEPTAR QUIENES REALMENTE SON Y QUE NECESITAN EN ESTE MOMENTO. Ser consientes de esto nos llevará a NO compararlos con otros, aceptar que quizá su proceso será más lento, conocer sus estilos de aprendizaje, darles el tiempo que necesiten para realizar una tarea y acompañarlos en su proceso de desarrollo.

Papás, entendamos que si nuestro hijo es diferente o tiene una necesidad diferente de aprendizaje, no es en qué fallamos nosotros, nadie nos está calificando, no es sentirnos bajo la lupa de los demás, no lo vamos ayudar negándolo o no haciendo nada. Busquemos ayuda y pensemos que nuestro objetivo principal y lo que debe movernos es NUESTRO HIJO Y SU BENEFICIO. Un diagnóstico temprano y un tratamiento adecuado puede hacer la diferencia.

“La felicidad es la consciencia de que eres perfecto, como eres” – Shefali Tsabary