Establecer límites, la mejor forma de amar /

2019.02.13

Por Maria Fernanda Jiménez

El amor por tus hijos es el sentimiento más grande que jamás has sentido. Son tan importantes para ti que constantemente buscas formas de demostrarles cuanto los amas y serías capaz de hacer todo para que ellos sean felices. Tu amor es el motor que impulsa sus sueños y el alimento que les permite crecer.

Ese amor es tan grande que, en ocasiones, cuando muestran una conducta inadecuada o sobrepasan algún límite, se te dificulta encontrar una forma de poner un “alto” de forma positiva. Suele suceder que perdonas las pequeñas faltas, y poco a poco van creciendo hasta que un día sucede algo que agota tu paciencia, y entonces la disciplina llega a convertirse en amenazas que infunden temor. En otros casos, tus hijos buscan hacer siempre su voluntad o piden desmedidamente objetos materiales y tu amor por ellos te hace ceder ante sus peticiones, optando por darles todo lo que anhelan.

Como todo en la vida, la disciplina se debe manejar con equilibrio. Esto quiere decir que no debe ser demasiado permisiva, ni demasiado castigadora. La disciplina positiva es aquella en la que predomina una buena comunicación, que tiene límites establecidos con claridad y que se aplica de forma constante.

La importancia de las reglas claras
Es indispensable que en casa se establezcan reglas claras. No deben ser demasiadas, deben ser las necesarias. Estas deben describir, de forma positiva, lo que se espera de tus hijos. Por ejemplo: “Escuchar y obedecer a papá y mamá”, “Ser un hermano respetuoso”, “Mantener ordenados los juguetes”, entre otras. Debemos procurar evitar utilizar el “NO” ya que eso refuerza las conductas negativas. Cada regla será “premiada” con elogios, tiempo de calidad y atención cuando se cumpla. Y a su vez, será castigada con la perdida de privilegios cada vez que no se respeta. Cuando ofreces tanto un premio como un castigo a tus hijos, debes apegarte a tu promesa para que ellos aprendan a apegarse a las suyas.

La clave es formular preguntas
Tus hijos te escuchan cuando les hablas. Cuando pierdes la paciencia y utilizas gritos para llamar su atención, únicamente les enseñas que los conflictos se solucionan gritando. Así que cuando establezcas límites, recuerda ponerte físicamente al nivel de ellos (agacharte para poder verlos a los ojos) y utilizar un tono de voz que muestre tu seguridad, y calidez. Explica el por qué determinada conducta es importante y utiliza la herramienta más poderosa que existe para la comprensión, las preguntas. Pregunta qué creen que se espera de ellos, por qué determinada conducta es importante y por qué cierta regla es positiva para ellos. Te sorprenderá lo sabios que son para diferenciar entre lo positivo y negativo.

Límites bien definidos para ser respetados
Los límites que se definen, tanto en casa como en otros ambientes, deben aplicar todo el tiempo. Y hay un aspecto clave que debes tener en mente, no sólo tus hijos deben apegarse a ellos, tú también debes hacerlo. Tu ejemplo y tu conducta siempre serán el modelo que tus hijos seguirán. Demuestra con tus acciones, qué es lo que se espera de ellos. Cada vez que observes una conducta negativa, haz una pausa y reflexiona si alguna vez te has comportado de esa misma manera. Cuando logres modificar esa conducta en ti, podrás ver el cambio inmediatamente en el reflejo de ellos.

Establecer límites la mejor forma de amar porque les ayuda a tus hijos a mantenerse en el camino que los conduce al bienestar. Un niño que respeta las reglas, que diferencia entre lo positivo y negativo y que arraiga la disciplina dentro de su corazón, será un adulto que maneja positivamente la frustración, que toma decisiones adecuadas y que es congruente entre lo que piensa y lo que hace.

Maria Fernanda Jiménez posee una licenciatura y maestría en Psicopedagogía, es catedrática universitaria y fundadora de Potenciare, un centro de atención psicopedagógica.

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