Ese intruso llamado “el hermanito” /

2017.04.25

Por María José Godoy de Joachin

En este preciso momento estoy escondida mientras escribo. Lo confieso, ser mamá de dos no ha sido fácil, nada fácil. Quien te haya dicho lo contrario, miente. Pero de eso voy a hablar en otro post. El punto es que si para mí toda esta nueva re distribución de roles, tiempo y energía ha sido difícil, no puedo dejar de preguntarme mientras se me estruja el corazón cómo ha sido para mi hijo mayor este medio año desde que se convirtió en hermano mayor.

El famosísimo Carlos González (pediatra, escritor y conferencista) siempre insiste en cuestionar a las madres por segunda vez en cómo no sentiríamos si nuestro esposo llevara a casa a otra mujer, más joven y aparentemente más guapa, y nos dijera que ahora debemos compartirlo todo con ella, nuestra cama, posiblemente y sin duda ¿nuestra joyas? ¡Plop! Obvio que moriríamos de celos. Es así como dice que el hermano mayor se siente cuando llega el bebé.

No hay mucho que nosotros podamos hacer para cambiar el hecho de que ahora papá y mamá deben cuidar a otro ser más chiquitito y necesitado, o que el tiempo y el espacio debe ser compartido. Pero sí hay mucho en lo que nuestra actitud ante este reto y nuestra destreza para manejarlo puede hacer la diferencia.

Mi hijo menor tiene ahora más de seis meses y puedo decirlo con certeza y satisfacción, mi grande jamás se sintió desplazado por su hermanito. Lo ha amado desde el primer momento, como seguramente todos los hermanos del mundo por naturaleza se aman, pero a diferencia de muchos hermanos mayores ha sido capaz de disfrutar, expresar amor y gozarse a ese nuevo ser desde el principio de su relación gracias a que mi esposo y yo hemos podido seguir algunos parámetros para padres “primerizos” jajaja de dos. Esto fue lo que considero que hicimos acertadamente:

  1. Asumir que es difícil y doloroso
    Es mejor nombrarlo desde el principio. Las cosas han cambiado para siempre.
  2. Permitirle expresarse
    Es preferible que exprese su descontento con esta pérdida de la total atención por medio de berrinches (y de regresiones en el caso de algunos niños) a que lo guarde y se convierta en un odio o resentimiento hacia los padres o el recién llegado.
  3. Hacer notar su jerarquía
    Hacerle ver que el ser el hermano mayor está súper chilero, que él puede hacer cosas que el bebé no: escoger su ropa, ir al cine, ir de paseo con los abuelos.
  4. Guardarle su espacio individual diario
    Con cada uno, no solo con mamá.
  5. Portear al bebé
    Esto provee al recién nacido de comida y contención ininterrumpida y a nosotras como mamás de tiempo y brazos libres para seguir jugando y atendiendo al hermano.
  6. Invitarle a participar
    Durante el baño, a escogerle al hermano la ropa, a entretenerlo contándole un cuento.
  7. Propiciar una ofrenda de buena voluntad
    Que el bebé le traiga un regalo al hermano mayor siempre resulta útil. En nuestro caso, a mí se me ocurrió convertir el regalo en un medio para entretener al receptor cada tarde de esa primera semana caótica. Así que JD recibió una gran caja con siete pequeños regalos como rompecabezas, acuarelas o algo que pudiera representar el entretenimiento de las horas que seguían al ser destapado el regalo.

Las etapas que seguramente atravesarán serán:

 

Ambigüedad

El hermano mayor se moverá entre el amor y el odio por este intruso que ha venido a quitarle el reinado absoluto.

Empoderamiento

El mayor se irá sintiendo orgulloso de su nuevo rol. Sentirá que verdaderamente él como niño grande puede hacer o lograr cosas que el pequeño aún no y que recibe beneficios o ventajas de esta situación. Es importante ayudarle a ir viendo esto, en todos sus ambientes con enunciados como: “Tú puedes…. Escoger qué vestir”, por ejemplo. “Mientras que el bebé en cambio …tiene que ponerse lo que mamá escoja.”

Confianza

Finalmente nuestro primogénito habrá dominado el narcisismo exagerado, obtenido mayor tolerancia a la frustración y aprendido a compartir.

El final de nuestra historia es que sobrevivimos, y sobrevivimos bien ?. Los adultos con menos horas de sueño o con cero espacios para nuestros propios pasatiempos, pero la Luz de Nuestros Ojos, nuestro primer retoño, no recibió más que rasguños mínimos y no heridas de muerte en este trance, por lo que puedo decir que ha valido la pena cada sacrificio personal.

Nuestra naturaleza de mamás a veces nos lleva a buscar la preocupación y la culpa a la vuelta de la esquina, pero estando conscientes nos es más fácil evitar caer en la trampa de esas corroedoras de la paz mental. Tratemos la venida de un hermanito con naturalidad, algún día, nuestros hijos nos agradecerán haberles dado un amigo para toda la vida.

· María José Godoy de Joachin / Educadora