Entrevista a Melissa Larín, una mamá que persigue conej... /

2019.07.25

Melissa es diseñadora, esposa, mamá de tres, buenísima storyteller y un gran ejemplo de motivación, convicción y amor por nuestro país y por la vida en general. Es la cara detrás de Torojil.

Contanos un poco sobre ti y sobre tu marca.
Torojil empezó en octubre del 2015 con una línea de productos de decoración. Su principal objetivo fue crear un espacio donde pudiera expresar mi gusto por la cultura popular y kitsch de las calles de Guatemala, elementos cotidianos que siempre están presentes pero que por lo mismo ya no vemos diferente: puestos de comida callejera, las tortillerías, los mercados, los rótulos de las ferias. Esta es una cultura que siempre me ha fascinado y a mi esposo también, Torojil es una extensión de nosotros, nuestra personalidad y gustos. Tuvimos la idea por algunos años en nuestras cabezas, sin llevarla a realidad, hasta que decidimos dar el primer paso con nuestra primera colección de portavasos y luego con cojínes, bandejas y aretes. Así, Torojil se convirtió en un espacio en dónde poder expresarnos y también combinar distintas disciplinas gráficas: el diseño, la decoración y el arte.

El nombre de Torojil nace de un momento surreal. Después de pensar muchas ideas, recordé la canción “vamos a la vuelta del toro torojil…” me gustó la palabra pero no sabía que era un torojil o toronjil. Encontré que era una planta muy parecida al perejil y que tiene propiedades analgésicas que ayudan a calmar el estrés y los nervios. Líneas después (y para mi asombro) descubrí que el nombre científico de esta planta es Melissa Officinialis así como me llamo yo ¡fue un momento increíble! Y sin dudarlo más decidimos que se llamaría Torojil también por eso para mi no representa una marca sino más bien una extensión de mi.

Con el paso del tiempo llegaron una secuencia de adversidades a nuestras vidas y eso definitivamente generó un impacto en Torojil y en su filosofía. En enero del 2016 empecé con un tratamiento de quimioterapias que duró 6 meses. Fui diagnosticada con cáncer linfático o linfoma Hogdkin en estadío 3. Iba al hospital cada dos semanas y a pesar que me costaba mucho sentirme con la energía para diseñar, Torojil era ese espacio donde podía ocupar mi mente en algo más que no fuera el cáncer. Fue uno de mis salvavidas en ese entonces. Durante este tiempo empecé a dar mis primeros pasos con las letras, sentí una fuerte necesidad de expresar todo lo que estaba viviendo a través de las palabras y escribí tres artículos que hablaban de mi proceso personal con Mr. Hogdkin (así decidí llamar al cáncer en los artículos). Encontré una nueva fase de mi al escribir y ahora Torojil también es un lugar donde cuento historias de lo que me pasa, de la magia de lo cotidiano, de la nostalgia, de mis recuerdos y aprendizajes, de los procesos de diseño y del mío.

Posteriormente el 11 de octubre del 2017 recibimos la noticia que mi mamá había fallecido durante un asalto, le dispararon por robarle dinero. Esta fue una bomba que me quebró de muchísimas maneras. Tenía mucho enojo y rabia hacia Guatemala y la ola de violencia que nos afecta. Todo esa pasión y amor que me movía en el principio a diseñar en Torojil, desapareció; no sabía cómo seguir hablando con orgullo, con ilusión, con admiración por un país que me “traicionaba” (eso pensaba en esos momentos). En medio de esta tormenta di a luz a mi tercer bebé. Elena nació dos semanas después de haber perdido a mi mamá y yo estaba agotada, no quería seguir con Torojil, ya no le encontraba sentido ni inspiración. Atravesé muchos procesos emocionales y poco a poco, al fluir con la vida y no en contra, al dejar de resistirme y aceptar que no podía cambiar nada de lo que había pasado, toda la tristeza que sentía se fue transformando en nuevos sentimientos que me ayudaron a salir del hoyo en el que estaba y a encontrar en Torojil una nueva forma de expresión, un nuevo sentido.

Hoy en día además de continuar siendo ese espacio de creación continua, donde me reinvento; también he logrado vincular lo que diseño a mi forma de ver la vida y a las lecciones que he aprendido después de estos episodios tan importantes. Mi intención ahora es que los productos que diseño, sigan siendo un recordatorio de la magia de lo cotidiano pero no sólo de lo que veo en las calles de Guatemala sino también en la vida en general, en el ser humano, de los pequeños detalles que pasan desapercibidos, del agradecimiento que siento por mi segunda oportunidad, porque estar tan cerca de la muerte en dos ocasiones me hizo muchísimo más consciente del valor del tiempo y del hoy y esto es lo que quiero comunicar con mis productos ahora. Me gusta pensar que de esta forma diseño productos con un propósito, con un sentido para existir, que trasladan mi energía a otros y ayudan a bajar revoluciones, a vivir menos acelerados, a disfrutar más nuestro hoy y a nuestros seres queridos.

¿Además de Torojil, que más hacés y que te inspira?
Escribir. Se ha convertido en un oasis donde puedo descansar, reflexionar, soñar, imaginar. Me inspiran el día, la noche, los sueños, los pequeños grandes momentos, mi esposo, mis hijos, las conexiones honestas, las personas auténticas y creativas que me comparten su energía y experiencia sin esperar nada a cambio. Disfruto muchísimo del momento de la comida, no por lo que se sirva al plato sino por lo significa estar con otras personas, compartiendo un rato de intercambio, de celebración, de comunicación. De igual forma me disfruto mucho también mis momentos a solas, esos espacios donde estoy conmigo y con nadie más.

También desarrollo con mi empresa Menta proyectos de diseño editorial, uno de los campos del diseño gráfico que más me encantan y que trabajo desde hace 15 años.

¿Cómo comenzás un proyecto nuevo, qué te hace lanzarte …o dejarlo pasar?
Me gusta crear, crear y crear. Perseguir conejos como en Alicia en el País de las Maravillas, ir atrás de lo que me mantiene curiosa y en cambio constante. Esto es prioridad para mi, que el proyecto me despierte curiosidad, me haga salir de mi comodidad. Siempre pienso antes si ese producto lo usaría yo en mi casa, con mis hijos, con mis amigos, no sólo porque me guste su diseño sino también por lo que exprese, y si la respuesta es sí, continúo y lo ejecuto. Si la respuesta es no, de inmediato desisto de la idea.

Suena sencillo pero no lo es. Es muy fácil dejarse distraer por muchos otros elementos, por lo que otros están haciendo, por lo que esté de moda, por lo que más venda pero por muchos años de mi vida no sentía pasión por lo que estaba diseñando o haciendo, era más un “seguir la corriente” y ahora me siento muy motivada y segura de seguir mis instintos, de seguir lo que a mi me haga sentido y no precisamente a otros.

¿Tu mejor consejo para que las mamás salgamos de nuestra zona de confort?
Quitarnos de la mente todas las etiquetas que la sociedad nos impone, empezando por la de mamás. Mi hija mayor tenía tres años cuando me fui a estudiar sola a India por dos meses. No faltaron los comentarios de “como se va ir sola, su hija está muy pequeña” o “es muy lejos, te van a extrañar mucho” a veces creemos que no podemos hacer lo que queremos porque somos mamás, y si, hay cosas que tienen que esperar pero no quiere decir que no podamos alcanzarlas. Que más ejemplo de vida que ir por nuestros propios sueños y que nuestros hijos nos vean hacerlo y aprendan de eso.

Otras etiquetas que he decidido quitar de mi vida son el multitasking y el girl power. Lejos de ayudarme a salir de mi zona de confort, me abruman. He aprendido a soltar el control, a pedir ayuda, a apoyarme en otros y para mi, eso es también salir de mi comodidad, ser vulnerable y reconocerme humana, no vivir con la idea de que soy una perfecta súper mujer que no fracasa y que puede hacer todo al mismo tiempo.

Sabemos que eres sobreviviente de cáncer, ¿cómo te cambió la vida?
Mi vida tiene un antes y un después del cáncer. Está la Melissa antes del cáncer y la Melissa después del cáncer. Y no es que haya sido infeliz o tuviera una vida que no me gustara, fue una época muy feliz de mi vida, me casé, tuve mis primeros dos hijos, viajé, terminé mi carrera y estudié mi maestría; pero a través del cáncer me di cuenta que mi vida podía dar para mucho más, que había estado muy cómoda, demasiado metida en mi burbuja y esto hacía que me perdiera de otras oportunidades.

El cáncer me despertó, me hizo mucho más agradecida, más consciente de lo que significa estar con vida, me hizo más auténtica, más deseosa de encontrar mi propósito, mi misión de vida. Me enseñó que está bien no tener el control, soltar y también a aferrarme, me enseñó a empezar de nuevo.

El cáncer es lo mejor que me pudo pasar.

Por ahí leimos que les das a tus hijos ejemplo de una vida menos acelerada y “perfecta”, ¿cómo es esa vida?
En el transcurso de dos semanas experimenté muerte y vida y así es nuestro paso por este planeta. Todos nacemos de la misma manera y aunque morimos de formas diferentes la principal diferencia no es esa, sino cómo vivimos, qué hacemos con cada uno de los días y segundos que nos regalan, cómo los disfrutamos y aprovechamos. Y esto es lo que busco comunicar a mis hijos a través de mis acciones, mis palabras y de la vida que estoy construyendo; que cada día es un regalo, que puedan decidir qué va ser su prioridad en ese día, cómo lo quieren empezar y cómo lo quieren terminar. Que aprendan a hacer pausas si sienten que el día es demasiado, no permitir que las notas de un examen y los números tengan protagonismos en sus vidas ni los definan, que puedan aprender de sus errores y transformarlos, que vivan enfocados en el hoy. Esto no significa que entonces no sean responsables, ni éticos, cumplidos o esforzados sino más bien que aprendan a hacer prioridad lo que es prioridad y a disfrutar cada etapa de su vida. Si ahorita son niños que disfruten de eso, para todo hay un momento.

Me disfruto mucho en las mañanas irlos a despertar, que salgan felices de casa y no estresados o apurados. Trato de no saturarles sus tardes de mil actividades y de estar organizada yo porque de esta forma me siento más tranquila y así ellos también perciben esa tranquilidad. No es que el mundo tenga un ritmo que estemos obligados a seguir, es que el ritmo del mundo lo pone uno.

¿Qué es lo que más te gusta de Guatemala?
En un viaje a Petén hace algunos meses, Guatemala y yo hicimos las paces. Finalmente pude entender que no son los países los que nos hacen daño, los que nos separan, los que nos dividen, sino que nosotros mismos al olvidarnos cómo ser humanos, al crear nuestros propios sistemas de “ordenar” el mundo, las fronteras, las armas, las guerras, los muros.

No se puede olvidar de dónde viene uno cuando te han enseñado a amar tu origen y ahora he vuelto a encontrar en mi país inspiración pero de otra forma. El ecosistema de emprendimiento que se está viviendo actualmente me parece increíble. Es un país donde en los últimos años ha crecido de manera abismal este tipo de espacios y nos abre oportunidades a mujeres que trabajamos desde casa y que también cuidamos de nuestros hijos.

También me encanta su gastronomía, su comida callejera, su folfklore, tradiciones y diversidad cultural. Es de una riqueza que pocos países tienen y siembra en nosotros un alto sentido de pertenencia. La tradición que más me gozo es cocinar el fiambre, reunir a toda la familia en mi casa y coleccionar momentos. También disfruto mucho de su clima, sus paisajes y de los pequeños rincones cotidianos que me fascina fotografiar.

Sos parte del club de las mamás trabajadoras fuera de casa. Pregunta del millón: ¿Cómo balanceás tu tiempo?
En realidad trabajo desde casa y no fuera de casa. Desde el 2006 cuando regresé de mi maestría en Barcelona, tener una home office me ha ayudado muchísimo a poder emprender, ser mamá y esposa pero sí necesita de mucha organización y voluntad. Hace poco platicaba de este tema con una amiga y de cómo podemos a veces pensar al final del día, que no hice lo suficiente, que no logré terminar todo lo que había pensado hacer y le compartía que para no caer en esos pensamientos, últimamente me funciona ser consciente de a que le digo no y a que le digo sí. Me ha servido mucho no saturar mi día o noche de mil actividades sino más bien separarlo a lo largo de la semana, escribirlo en mi agenda y lo más rico ponerle un chequecito cuando esté hecho ;) Así sea una tarea / actividad al día o sean tres, que sean realistas, que sean factibles en estos momentos para mi vida y para mi familia de cinco. De esa forma no caigo en el “no me dio tiempo”, “no logré todo lo que quería hacer hoy” o “no hice lo suficiente”.

¿Qué haces para divertirte un fin de semana?
Me fascina estar en mi casa, ver películas, que el día empiece despacio, cocinar panqueques para mi esposo y meterme en la cama con todos, quedarnos en pijama hasta que me empieza a picar todo el cuerpo jajaja y soy yo la que normalmente se va a bañar jajajaja. Me gusta también salir a paseos en lugares abiertos con la naturaleza, reunirnos con amigos que se han vuelto familia y buscar actividades que me alejen de los centros comerciales y más bien nos hagan invertir ese tiempo en cultura, arte y un verdadero descanso. De mis momentos favoritos es ver a mi esposo cocinar (y claro ¡comer!) recibir gente en nuestra casa y no tener un plan muy armado para el fin de semana sino más bien ir a donde el día nos lleve.

¿Qué te gustaría ver en un futuro cercano para las mamás en Guatemala?
Que podamos sentirnos seguras en las calles, paseando con nuestras familias, trabajando o en la actividad que estemos haciendo. Uno de los principales pensamientos que me ha costado soltar después de la muerte de mi mamá es imaginar que algo así también pueda pasarme a mi y que mis hijos atraviesen todo ese dolor. Es algo que poco a poco he tenido que dejar pues de lo contrario no haría nada y pasaría encerrada para siempre. Sé que haga lo que haga igual no es algo que pueda evitarles a ellos o a mi y por mucho que se me revuelva el estómago, tengo que aceptarlo.

Quisiera ver una Guatemala en paz para nosotras las mamás, nuestros hijos y para todos, un país en tolerancia y respeto por la vida. Me siento privilegiada de ser mujer en un país como el nuestro y de las oportunidades que he recibido, esto a la vez para mi es un compromiso y responsabilidad enorme de devolver de alguna forma lo mucho que he recibido pero como dice Seth Godin (mi autor favorito) hay que armarse de valor, compartir la visión que tenemos, proponer cambios y trabajar con mucho esfuerzo para conseguirlos.