Enemigos de las mamás con recién nacidos /

2014.11.17

reciennacido

Todas conocemos los enemigos más comunes: sesiones de lactancia interminables, llantos incontrolables sin razón aparente, el control del peso, etc., etc. Los enemigos a continuación son un poco menos conocidos pero igual de malvados.

Los gérmenes
Están por todas partes. Y peor si tenis hijos en edad escolar, son como pequeñas cajas de petri andantes.

Las mamás experimentadas
Esas que saben todo. Desde lactancia hasta sueño y hasta rejuvenecimiento vaginal, lo saben todo y no temen decirte todo lo que saben. Como mamá novata, ella puede ser tu mejor recurso o tu peor enemigo. Te puede hacer sentir aliviada y estúpida al mismo tiempo.

El vómito
Está por todas partes. En el pelo, en los ojos, en la ropa, en tu boca. De las pocas veces en las que salís a la civilización creyendo que hiciste un buen trabajo para verte presentable solo para que tu bebé te vomite por toda la espalda.

Las Lolas
Aquellas que una vez fueron un hermoso par de almohadas que enloquecía a los hombres, hoy son dos gigantes y adoloridos sacos de leche que se chorrean por todas partes, con venas por todas partes.

Dormir
Dormir es cosa del pasado. Y si lográs dormir un poco, resulta peor porque es tan poco que te despertás sintiéndote peor que cuando te acostaste. ¿Cómo funciona realmente eso de “dormí cuando el bebé duerme”? Te despertás y los platos no se lavaron solos, las montañas de ropa no se guardaron, las pachas sin leche y nada que comer.

Los pediatras ambulantes
Llamaremos así a todas esas personas que les encanta darte consejos de maternidad en donde estés. En la cola del súper, en el restaurante, en el centro comercial. Muchas veces, estos sabelotodos ni tienen hijos pero les encanta decirte lo que estás haciendo mal.

El popó
El tuyo, no el del bebé. Después de tener un bebé, hacer popó se vuelve una de las cosas más temibles del planeta. Si fue por cesárea, el miedo de descocerte o de usar los músculos de tu estomago en cualquier manera te hace querer dejar de comer para no tener que ir al baño nunca jamás. Si fue de la manera en que la naturaleza manda, tu “área” recibió una verdadera golpiza así que la idea de pujar cualquier otra cosa es aterrorizante.

Los viajes
Ir a cualquier lado con un bebé es una hazaña de proporciones titánicas. Antes de tener un hijo solo agarrabas tu bolsa (que tenía todo lo que pudieras necesitar) y salías por la puerta. Ahora, tenés que predecir las comidas, las siestas, los pañales sucios y empacar todo lo que el bebé pudiera necesitar, asegurarte de que está limpio y lleno, cambiarlo un par de minutos después porque hizo popó justo antes de salir, encontrar las llaves. Y cuando ya están en el carro, se te chorrea la leche en la blusa, tenés que regresar a cambiarte. Pero no es entrada por salida, tenés que desabrocharlo de la silla, llevarlo contigo, dejarlo tranquilo y buscar una nueva blusa. Y eso en un panorama tranquilo.

El mundo real
Aventurarse en el mundo real ahora es una experiencia atemorizante. Y aunque solo estuviste en casa un par de semanas, todo parece diferente. Parece que todo se te olvidó, sobre todo porque ahora sos un zombie desvelado que además huele a vomito y no se ha peinado o bañado en una semana. La gente se torna diferente.

Tu esposo
Aquel que una vez fue el hombre maravilloso con el que te morías por tener hijos, es ahora el tipo que te metió en toda esta situación. Todo lo que hace ahora te parece intolerable, sus ronquidos, la manera en que sostiene al bebé. No importan sus buenas intenciones, sólo verlo te causa rabia.

La visita
La visita tiene buenas intenciones. Quieren conocer al fruto de tu vientre y cargar a esa cosita bella sin la responsabilidad de levantarse 16 veces a mitad de la noche para alimentarlo. Quieren saber todos los detalles del nacimiento. Pero enterarte de que van a visitarte puede arruinarte el día, te toca hacer lo imposible (bañarte, peinarte y quitarte la pijama) y entretener a alguien en tu casa que parece que sufrió un tornado.

La depresión
Todas pasamos por un poco aunque sea. Llantos incontrolables, sentirse completamente sola, el deseo de querer salir corriendo y gritando y no volver.

VIA I like beer and babies