¿Elogio o estímulo? /

2016.10.11
Flickr: Ian Howard

Flickr: Ian Howard

En nuestro esfuerzo por desarrollar la autoestima de nuestros hijos algunos padres utilizamos demasiados elogios. El niño que recibe demasiados elogios, puede caer en una trampa de altas expectativas o, como dice Alfie Kohn, “la adicción al elogio.” Una expresión súbita de delicia espontánea al ver algo que hace nuestro hijo(a) está perfectamente bien (y es deseable). Pero, cuando los niños llegan a la edad preescolar, los padres y las personas que cuidan a los niños debemos pensar sobre cuándo y cómo dar elogios.

Y no lo mal interpretemos… los niños necesitan adultos que se preocupen por ellos y los apoyen. Pero, reconocer la diferencia entre dos tipos principales de refuerzo – el elogio y el estímulo – será útil en las interacciones con nuestros hijos de edad preescolar.

  • El estímulo les da a los niños información positiva sobre sus esfuerzos. Les permite a los niños evaluar sus propios esfuerzos en vez de compararse con otros. El estímulo es específico y se da al niño cuando trata de alcanzar un objetivo.
  • El elogio es muy sentencioso y se enfoca en lo que siente el adulto. Las expresiones de elogio mandan un mensaje sutil que dice que la opinión
    del adulto es lo que importa. Los niños que reciben demasiado elogio tienen la tendencia a hacer cosas para agradar a los adultos, no porque están auto-motivados.

El estímulo les enseña a los niños a evaluarse a sí mismos por sus propios méritos. Cuando los adultos les dan información acerca de lo que están haciendo, los niños aprenden a evaluarse a sí mismos sin comparar sus esfuerzos y éxitos con los demás. Los niños que reciben estímulo con regularidad aprenden que lo que ellos piensan de sí mismos es más importante que lo que piensan los otros.

Las desventajas del elogio
De acuerdo a Alfie Kohn, el elogio tiene consecuencias negativas.

  • El elogio es a menudo eficaz a corto plazo porque los niños anhelan la aprobación. Pero, los padres no deben explotar esa dependencia para su
    propia conveniencia. Cuando les decimos, “¡Bien hecho!” ¿se lo decimos para su beneficio emocional o para nuestra propia conveniencia o control?
  • El elogio lleva la expectativa de que los niños se midan de acuerdo a la aprobación de los padres. Puede disminuir la confianza de los niños para
    evaluarse a sí mismos. Ayudémolos a pensar independientemente describiendo lo que vemos y permitiéndoles que lleguen a sus propias
    evaluaciones.
  • Nuestras evaluaciones (¡Maravilloso! ¡Muy buen esfuerzo! ¡Increíble!) les dicen a los niños cómo deben sentirse. Imponemos nuestros propios
    sentimientos sobre ellos. Resistamonos a dar nuestra evaluación y permitamos que ellos decidan cómo se sienten con respecto a sus propios esfuerzos.
  • Mientras más se premia a una persona por hacer algo, menor es la probabilidad de que esa persona lo haga SIN el premio en el futuro.

Replanteamiento del elogio

El programa Better Kid Care (Mejor Cuidado de los Niños) de Pennsylvania State University Cooperative Extension (Extensión Cooperativa de la Universidad Estatal de Pennsylvania) en “Re-thinking Praise (Replanteamiento del elogio)” ofrece estos consejos para apoyar a los niños.

1 – Ser específico/a
En vez de decir, “Liza, tu dibujo es hermoso,” hagamos comentarios específicos sobre el dibujo del niño. “Veo que usaste mucho azul en esta área y rojo acá.” O simplemente pedirles que hablen del dibujo. La evaluación del dibujo debe ser la decisión del niño.

2 – Describir lo que está haciendo el niño o lo que ha hecho.
En vez de hacer un comentario general como “Bien hecho,” comentemos sobre lo que está haciendo el niño. “Recogiste los bloques y los pusiste en el estante sin
que nadie te lo pidiera.”

3 – Crear condiciones para que los niños tengan éxito.
“Comentarios como, “Eres un niño tan bueno,” o “Eres una chica muy simpática,” crean una situación en que los niños fracasan porque no es posible que un niño sea bueno o simpático todo el tiempo. En vez de eso, comentemos sobre las conductas específicas que queremos reforzar. Por ejemplo, “José, noté que le ayudaste a Esteban a limpiar la leche que se derramó.”

4 – Describir los efectos de los esfuerzos de su hijo(a) sobre otras personas.
Cuando los niños oyen frases de estímulo como “Aprecio tu ayuda cuando pones la mesa para el almuerzo” o “Fuiste un buen amigo al ayudar a Carolina cuando se cayó,” estos comentarios les ayudan a sentirse bien con respecto a sus esfuerzos.
El efecto que tienen sobre otras personas y no el elogio se convierte en el elemento motivador.

5 – Evitar comparar a un niño con otro.
Decirle a un niño “Eres el que corre más rápido” puede tener la intención de felicitar sus esfuerzos, pero ¿qué les dice a los otros niños esa afirmación? Una manera mejor de estimular al niño sin herir a otros sería decir, “Puedes correr rápidamente.”

La diferencia entre el elogio y el estímulo

La diferencia entre el elogio y el estímulo

Enfrentémonos a este desafío. Estimularlos puede requerir un poco más de esfuerzo que ofrecer solamente una afirmación elogiosa. La próxima vez que empecemos a decir un elogio, pensemos cómo cambiar el elogio a palabras de estímulo. Recordemos: La mayoría de los niños prosperan con más estímulo.

Original de Joan E. LeFebvre, Profesora, Departamento de Desarrollo para la Familia, Universidad de Wisconsin-Extensión