El perrhijo y el nuevo be /

2019.06.19

Por Lucía Merari Villatoro @bullytiloversgt

Esta historia comenzó hace cuatro años, cuando adoptamos a Luke, un bull terrier inglés que se encontraba en abandono. Para mí, él fue la salvación de una depresión tras la pérdida de un bebé unos meses atrás. Nos adaptamos muy bien los tres, pensamos que nuestra familia estaba completa. Recorrimos un largo viaje que me llevó a pensar que no tendríamos un bebé de mi vientre. Luke se convirtió en mi perrhijo; nos unió mucho como pareja, nos educamos, leímos mucho acerca de la educación de perros, fuimos a clases. Desde el principio supimos que tener el perro perfecto depende del humano no del perro; aprendimos de las habilidades y puntos positivos de su raza y aceptamos los puntos negativos de la misma, pero siempre viendo lo positivo. 

Nos costó un poco sanarlo, pero me esmeré y estudié nutrición canina para para poder ayudarlo. Lo amo es mi hijo mayor, nuestra convicción es que donde estemos y a donde la vida nos lleve Luke es parte de nuestra vida.  NO hay opción.  Si nos mudamos la casa debe estar adaptada a él, si por alguna razón tuviéramos que irnos del país, él tiene que ir con nosotros.

Después de tres años de ser una familia de tres, llegó Amelia. Luke lo supo primero. Estaba pegado a mí, a donde iba él estaba, me lamia la barriga, era más cariñoso que nunca. Cuando por fin nos enteramos y le contamos a todos la buena nueva, empezaron los comentarios negativos: “Ahora ya no dormirás con el perro”, “Pobre Luke ya no podrás cuidarlo como hasta hoy”, “El más afectado será el perro, ya no comerá bien por que la atención será para la bebé”, y así. Esto me hizo pensar: ¿Qué pasa con las familias que tienen dos niños o tres? ¿¡No hacen a un lado al hijo mayor verdad!? 

Para estar preparada ante los comentarios negativos, investigué; leí mucho, busqué historias similares y planificamos todo. Desde incluirlo en las compras, que oliera los juguetes, la ropa, estaba presente cuando armamos la cuna, nos tomamos fotos para anunciar su llegada y él como hermano mayor dio la noticia. Siempre siguió durmiendo a mi lado, no dejamos de hacerle cariño, conforme la panza crecía él estaba más cercano a mí, según los veterinarios ellos saben que sexo es el bebé y si está sano.

Al planificar la llegada de Amelia, leí el reportaje de un veterinario donde se explicaba como hacen las hembras de la manada en el bosque para introducir a los cachorros: Van lejos para dar a luz y regresan sin limpiarse para que los demás la huelan y sepan que ya nacieron; luego ella va mostrando a los cachorros uno a uno y así de esta forma todos los reconocen.  Entonces hicimos la versión humana de la presentación del cachorro: Al nacer Amelia llevamos un pañal de tela y una bolsa ziploc al hospital; cuando ella nació le frotamos el pañal y lo guardamos, mi esposo regresó a casa y se lo dio a oler, yo estuve fuera tres días pero cuando regresamos los tres, él la recibió con amor y feliz de ver que estábamos completos en casa. 

Estoy sorprendida de cómo Luke sabía que debía ser delicado con ella; él es un perro de 60 libras, muy fuerte y desde que ella llegó a casa no hace sus típicas locuras bruscas. En la cama ahora solo duerme en los pies, le enseñamos que no debe subir si no estamos cerca. Él sabe que ahora la menor jerarquía de nuestra manada la tiene él.

Con respecto a las bacterias y alergias, Amelia está sana, no se ha enfermado de nada. Luke la ha besado, ella lo abraza, el comparte con ella todo lo que podemos, él la inmunizó. Leí que muchas veces las alergias son provocadas por la falta de higiene, del pelo del perro o gato que no se limpia, allí crecen los ácaros, pero no de la mascota en sí. Creo fervientemente que los animales saben amar sin condición, que nos dan lo mejor de ellos y somos nosotros quienes los traicionamos, los abandonamos al primer cambio que nos ocurre. Esto de tener una mascota es una responsabilidad grande; no abandonamos a un bebé por que llora o porque tiene reflujo… ¿Qué hacemos? Investigamos, vamos al médico y preguntamos qué hacer. Ahora hay varios entrenadores de perros en Guate y nos pueden ayudar a modificar malas conductas, solo es cuestión de tener la intención de hacerlo.

Nuestra familia está completa, dedicamos tiempo a ambos hijos, hacemos actividades donde estemos los cuatro, viajamos y buscamos lugares donde hospedarnos y que acepten mascotas, y si no se puede pues lo hospedamos en los lugares donde sabemos los aman y los tratan como nosotros, hay tantos lugares pet friendly que salir y divertirnos no es problema.

Creo que la clave para la adaptación de una mascota ante la llegada del bebé es no hacer al perrhijo de lado. El aislamiento provoca conductas indeseables, se que se puede vivir en armonía pues nuestra familia es una prueba de ello.