El hijo maestro /

2015.07.15

María José Godoy de Joachin
mjgg.joachin@gmail.com

 

Martha Chávez es a la primera persona a quien le leí este término es su libro Tu hijo, tu espejo. En su experiencia como psicóloga ha encontrado que en las familias con dos o más hijos siempre hay un hijo “oasis” y un hijo “maestro”.

El hijo oasis es según ella aquel con el que todo va muy fácil “a veces parece que ya nació formado y educado”. Por supuesto que ser padre o madre de este tipo de niños es un paseo por la playa, un placer total. La paternidad con ellos no es para nada cuesta arriba, porque tienden a ser muy responsables, de buen carácter y con mucha madurez. Relacionarse con este tipo de hijo es algo que fluye espontánea y cómodamente. El hijo maestro es el tipo de niño con el que ocurre todo lo contrario a lo anteriormente descrito. Su crianza es difícil, más que cuesta arriba, nos arranca lágrimas. Tienden a mostrar comportamiento que no entendemos y que en ocasiones nos sacan de quicio. Chávez los describe como aquellos que nos hacen “leer libros, ir a terapia, cursos y conferencias parar encontrar la forma de lidiar con ellos.” Por lo mismo, relacionarnos de manera asertiva con ellos se nos dificulta, despiertan en nosotros los padres nuestras propias sombras.

Independientemente de si nuestros hijos son de fácil o difícil trato yo tiendo a creer que todos llevan un poco el rol de maestros de nosotras las madres. Nos hacen madurar, aprender y crecer. Pero muchas veces este camino es muy complicado o se torna misterioso incluso, debido a nuestras propias resistencias. Con nuestros hijos, sobre todo si están en la primera infancia, y especialmente en la etapa del puerperio (del nacimiento a los dos años) esta compenetración puede llegar a ser tan grande, o nuestra necesidad de trabajar alguna sombra puede ser tan urgente que llegan a somatizarla (puede ocurrir en algunos casos con niños mayores). Pasa que se enferman, hacen síntoma aquello que no hemos podido o querido ver las madres. En este caso los bebés o los niños estarían funcionando como espejo de la desarmonía de los adultos con los que están fusionados.

Una destacada psicóloga argentina, Laura Gutman, quien se ha dedicado a estudiar a las madres que describe en su libro La maternidad y el encuentro con la propia sombra el significado subyacente de varias de las enfermedades más frecuentes en la infancia. NO significa que siempre sea así, significa que puede ocurrir. Debemos prestarles especial atención cuando son síntomas que se repiten. Acá les comparto los puntos sobresalientes:

  • Resfriados: Los estados gripales a veces pueden tener que ver con el agobio, con estar hartos. También son una manera aceptable de llorar. Una buena frase para reflexionar puede ser: “¿Cuales son los motivos por los que estoy tan agobiada y tengo tantas ganas de llorar?”
  • Alergias: Éstas son rechazo y obstáculo para admitir la agresividad. También tiene que ver con los aspectos corporales, la sexualidad, la primavera, la fecundación, la exuberancia. Es conveniente preguntarnos: “¿Tolero el contacto físico con los demás?” “¿Cómo vivo mi propia sexualidad?” “¿Entro en contacto con mis sentimientos?” “¿Tolero los afecto íntimos?”
  • Asma: Hay un desequilibrio entre los polos de dar y recibir. El mensaje es que hay necesidad de incluir un polo que ha sido despreciado: el cuerpo, las emociones, el contacto, los afectos. Las preguntas para reflexionar pueden ser las mismas que en el caso de las alergias.
  • Infecciones: Son guerras materializadas en el cuerpo..Responden a conflictos previos que no hemos podido reconocer. Preguntas que pueden ayudarnos a llevar luz a la sombra son: “¿Por qué lucho?” “¿Con quién estoy enojada?” “¿Qué es lo que no quiero admitir?” “¿Contra qué estoy peleando?” “¿Qué conflicto se me representa y no puedo darme cuenta?” “¿A quién no puedo perdonar?”
  • Problemas Digestivos: La resolución de este tipo de síntomas en los bebés, obviamente evaluado antes el posible detonante ambienta en la alimentación inadecuada, va por el camino de qué es aquello que no podemos digerir metafóricamente hablando. “¿Qué es lo que no puedo tragar?” “¿Qué me resulta inaceptable?” “¿Que es lo que rechazo?” “¿Qué es lo que no admito?” “¿Que es lo que quiero sacar violentamente de mi? “

Tal vez nos calme saber de dónde viene la enfermedad, pero lo más importante es a dónde nos lleva: qué es lo que necesitamos descubrir. ¿Díganme si no son nuestros maestros? Nos permiten cuestionarnos algo profundo y escondido de nuestro interior de mujeres, mamás, esposas, hermanas, hijas y cualesquiera demás roles que desempeñemos.

Creo que este material deja mucho en qué pensar, así que quisiera cerrar con esta frase de Martha Chávez: “Las búsquedas siempre conducen a algo bueno.”