El amor en la pareja /

2016.02.17

María José Godoy de Joachin
mjgg.joachin@gmail.com

 

Recién pasado el Día del Cariño, y por más anti comercial que yo crea que soy, no puedo evitar que los mensajes en las redes sociales y demás medios me lleven a reflexionar sobre el estado de mi matrimonio y los retos de vivir en pareja.

La influencia de la relación con nuestros padres
De acuerdo con el creador de la teoría de las Constelaciones Familiares, Bert Hellinger, la primera experiencia de hombre o mujer la hicimos con nuestros padres, esta influencia es permanente y se traduce en el tipo de vínculo que hacemos con nuestra pareja. Un requisito indispensable para el éxito en la pareja es haber aceptado a nuestros padres, tal y cómo son, tal y cómo fueron. Una versión común del enamoramiento consiste en esperar que el otro tenga aquello que uno no tomó de los padres y nos lo dé. Cuando es solo un poquito quizá pueda funcionar, pero cuando es mucho resulta demasiado e imposible.

La importancia de introyectar nuestra femineidad
Para que una mujer pueda entregarse plenamente debe haberse unido con lo femenino y viceversa, un hombre para entregarse plenamente deberá haberse unido con lo masculino. Si el hijo permanece en la esfera de su madre (y con esto me refiero como “hijo de mami”) lo femenino inunda su alma, le impide tomar a su padre, identificarse con él; limitando así lo masculino que le sería propio. Y cuando la hija permanece en la esfera del padre (como la “niñita de papá”), lo masculino inunda su alma impidiendo tomar, acepar, imitar, a su madre y limitando lo femenino que le sería propio.

12 reglas de oro
Por su parte Joan Garriga, famoso terapeuta español, propone 12 reglas de oro para vivir hoy en pareja:

  • Asumir una perspectiva de “sin ti también me iría bien,” en lugar de “sin ti no podría vivir”.
  • Amar a pesar de lo que el otro es, de las sombras reconocidas del otro, en lugar de amar por lo que se cree que es.
  • Sentir el deseo de hacer al otro feliz, en lugar de esperar que el otro nos haga felices.
  • Prepararse para ser pareja, en lugar de querer una pareja.
  • Dar lo que mantiene a ambos en el mismo rango, en lugar de dar todo.
  • Pedir lo que el otro tiene y es y lo que se puede compensar para mantener la dignidad, en lugar de pedirlo todo.
  • Desear que la relación sea fácil, en lugar de que sea intensa y emocional.
  • Cooperar, en lugar de luchar por el poder.
  • Reír y llorar juntos, en lugar yo pensar, tu sentir y ante lo difícil sálvese quien pueda.
  • Esperar que dure lo que dure, en lugar de esperar que dure para siempre.
  • Poner en primer lugar a la pareja, en lugar de a la familia de origen y a los hijos.
  • Reconocer al otro cada día, en lugar de asumir que le conocemos.

 

Equilibrio en la pareja
Cuando alguien da algo y luego el otro da algo más, el intercambio bueno se incrementa, aumentando también su felicidad y reforzándose el vínculo existente. Si solo devuelve lo mismo, la presión de la compensación y del intercambio cesa. Si se devuelve menos, se pone en peligro la relación. Si solo se aguanta el equilibrio, dando no más de lo que se toma, y por tanto evitando intensificar el dar, la relación se queda parada. Si uno da menos de lo que toma, el otro le dará menos. Así el intercambio decrece y en vez de avanzar retroceden, disminuyendo la felicidad y el vínculo.

En terapia de pareja la primera medida es descubrir quién da más y quien toma más, para después restablecer el equilibrio. Solo se debe dar al otro tanto como este pueda o quiera devolver. Si se lo abruma dando, el otro se ve obligado a marcharse.