Del “no pasa nada” al “tú puedes resolverlo” /

2018.09.17

Por Inés Zepeda

¿Cuántas veces hemos escuchado adultos decir a los niños “no pasa nada”, cuando ocurre un accidente o cuando se lastiman?; ¿cuántas veces hemos dicho nosotros mismos estas palabras, a nuestros hijos o niños cercanos? Como adultos somos responsables no sólo del desarrollo físico e intelectual de los niños, sino también de su desarrollo emocional. Sin embargo, pocas veces somos conscientes de lo que esta responsabilidad implica.

¿Qué es la inteligencia emocional?
La inteligencia emocional implica diversas destrezas. Esta se define como la capacidad de percibir, comprender, manejar y utilizar las emociones. Sin embargo, como toda inteligencia, requiere de práctica y refuerzo para ser desarrollada, y en muchas ocasiones somos los mismos adultos quienes privamos a los chicos de vivir y comprender la gran gama de emociones que somos capaces de sentir.

¿Cuál es la razón de ser de las emociones?
Es importante mencionar, que todas las emociones tienen un por qué, y cumplen una función importante en nuestro sistema. Estar enojados por ejemplo, nos permite identificar algo que nos molesta, y que en ocasiones transgrede nuestra integridad. El enojo nos permite cambiar, pedir un cambio o buscar comodidad. Es por eso que el llanto de un bebé que necesita un cambio de pañal por ejemplo, tiende a ser de molestia; está buscando cambiar una situación. Por otro lado la tristeza, nos permite “bajar revoluciones”, pensar detenidamente y reestructurar nuestro papel en el mundo. Es normal entonces, que ante un duelo tomemos unos días para reflexionar, y reafirmar nuestra posición en el mundo, sin esta persona que perdimos.

Considerando la utilidad que tienen entonces las emociones, es imprescindible que desde temprana edad permitamos a los niños desarrollar la inteligencia emocional, no sólo experimentando las emociones, sino permitiéndoles reconocerlas en otros y evaluar las distintas maneras de afrontarlos.

Rompiendo Mitos
Quitemos esa errónea idea que dice que los niños nunca deben vernos tristes o enojados. Más bien, aprendamos a resolver esa tristeza o enojo, y enseñemos que si bien papá y mamá en ocasiones se sienten tristes o enojados, también pueden resolverlo. Esto no implica involucrar a los niños en los problemas de adultos, y muchos menos cargarlos con los mismos; pero si les damos una explicación de lo que nos sucede, desde su capacidad, no sólo les enseñaremos lo válidas que son todas las emociones, sino les haremos sentir seguridad de que ellos también podrán resolverlas cuando estas emociones desagradables aparezcan.

La experiencia, la mejor escuela
Dejémosles también, experimentar con las emociones. Permitámosles sentir frustración, aburrimiento, tristeza y enojo, y brindémosles ideas para resolverlos. Permitamos que experimenten, invitémoslos a hacerlo. Como dice el dicho: “más vale un rato colorado que mil descoloridos”. Y es que en inteligencia emocional esto sí aplica, pues mientras antes aprende una persona a gestionar sus emociones, menos problemáticas le serán en el futuro.

Cambiemos el “no pasa nada” por un “entiendo que te sientas de este modo, encontremos juntos una solución”. Esto permitirá a los niños sentirse cómodos consigo mismo y con lo que sienten, y les dará la oportunidad de pensar en las mejores opciones, aquellas que funcionen para ellos, de lidiar con sus emociones. Además, les hará notar que confiamos en su capacidad de resolver, y esto será un gran apoyo para su autoestima.

Por último como adultos, aprendamos también de los niños, de su maravillosa y simple forma de resolver y seguir. Quizá ser un poco más imaginativos y simples nos ayudará también a vivir nuestras emociones con plenitud, y a crecer como personas y en todas nuestras relaciones.

Inés Zepeda A. es psicóloga clínica, especialista en adultos, pareja y familia y forma parte del equipo de Mind, especializados en ti

Contacto MIND: http://mindclinica.com/

Click aquí para su Facebook

mindgrupo@gmail.com

TELÉFONOS
(502) 2379-0665 / 2379-0668/ 2379-0673