Dejando ir la lactancia /

2016.05.17

Ma. José Hernández Azmitia
elmundosegunlajoze@gmail.com

 

Pareciera que llevo toda una vida a tu lado. El papel de mamá ha hecho que en ocasiones mis otros roles no tengan tanto protagonismo. Parece que fue ayer cuando me enteré que ya estabas en mi vientre, o cuando por fin nos conocimos por primera vez tu papi, tú y yo. Parece que fue ayer cuando te oí decir mamá y todo cobró un sentido diferente.

Estoy muy orgullosa del camino que hemos recorrido juntos. Hemos sido un gran equipo y hasta papá ha aprendido cómo se cuida de la leche materna y a limpiar el millón de partes del saca leche. Este año y dos meses de lactancia han sido una bendición enorme el poder alimentarte física y emocionalmente. No, no ha sido fácil. Pero quién dijo que lo bueno no cuesta. Has sido muy paciente e incluso en esos días en los que el estrés y las miles de cosas por hacer me han apartado de ti, esperas con mucha emoción ese momento especial. Ese momento en el que todo el mundo deja de girar y solo estamos tú y yo.

Tu cuarto ha estado listo desde antes que nacieras y hemos logrado hacer los cambios para ayudarte a adquirir nuevas destrezas. La cama tipo Montesorri ha sido testigo de días de juego, tardes de siesta y ahora de noches de descanso.

Quisiera estar siempre junto a ti, claro que quisiera. Y es en estos momentos en los que mi parte Mamá no quiere que nos separemos pero mi parte adulta sabe que es lo más sano. Y ha sido tan asombroso cómo has madurado que parece que tú estuviste listo antes que yo. Parece que estas listo para hacer tuyo tu espacio en el que soñaras, reirás y también llorarás. Ese espacio que será el confidente de tus sueños mas grandes y también de tus miedos. El lugar en donde te refugiarás para tratar de entender muchas cosas de la vida.

Probablemente estás más listo tú que yo. Pero tocará ser fuerte para darte la confianza de que todo va a estar bien. Que el vinculo que nos une es algo invisible pero tan fuerte que siempre estará, incluso cuando yo ya no esté.

Debo confesar que escuché muchas experiencias de otras mamás a las que la lactancia no fue algo tan mágico. Se enfocaban en los dolores, la “incomodidad”, las horas consumidas en el proceso, el que producían mucha o poca leche, en fin. Y llegando al final de esta experiencia puedo decir que no había experimentado sensación más satisfactoria que poderte dar de mamar. Estoy segura de haberte dado más que alimento. Fuiste testigo de cómo la persona que conociste el 16 de marzo se fue transformando y logró aprender a tu lado este maravilloso mundo de la maternidad.

Pensé que el momento en el que dejarás la lactancia no me iba a afectar. ¡Qué equivocada estaba! Es un sentimiento contradictorio. Por un lado, estoy orgullosa y sorprendida de cómo te estas comiendo al mundo con tu valentía y coraje. Por otro lado, temo tanto que ya no me necesites tanto. Sí, ya sé que siempre necesitarás a mamá, es solo que creo que no soy tan valiente como tú.

Será un desenlace maravilloso para nuestra historia. Una de muchas batallas que pelearemos juntos. Seré respetuosa sobre si quieres tomar de mi lechita o no. Tendrás la opción por el tiempo que necesites y, el día en que ya no te haga falta, estaré agradecida de poder haber llegado hasta ahí.

Recuerda que mamá y papá siempre estarán a cinco pasos de distancia.