Cuando “no nos caen bien los niños” /

2017.03.09

Por Lissy Gonzalez

Hace meses que regresé a Guatemala luego de vivir fuera por 5 años. Una de (tantas) cosas que me causó shock cultural fue ver de nuevo a niños en la calle, a madres cargando a sus hijos en la espalda por horas bajo el sol pidiendo dinero. Por alguna razón, había olvidado que muchos guatemaltecos somos indolentes a ver un niño pidiendo limosna, a una niña vendiendo chicles en la calle, sin que nadie la cuide.

Mi vida esta llena de privilegios. He tenido la oportunidad de vivir y viajar a países donde los niños son protegidos por la sociedad y realmente hace una gran diferencia en el tipo de personas adultas que llegan a ser. Quiero compartir un poco de lo que he visto y lo que he reflexionado.

Muchas veces durante pláticas con amigos extranjeros he destacado que una de las grandes diferencias de vivir en un país donde aman a los niños es sentir que todos, los adultos y los mismos adolescentes sienten ternura, responsabilidad y ven a los niños a los ojos y los reconocen como parte del grupo. Siempre un saludo, siempre un detalle, SIEMPRE SON BIENVENIDOS. En Guatemala, les digo, el país de donde vengo, no ama a los niños por que no los protege. Separamos a los adolescentes de los niños haciéndolos crecer demasiado rápido, obligándolos a veces a dejar de ser niños para que se vuelva “hombres” con todo y la violencia que ese género permite. Con las niñas es una historia peor, porque queremos que siempre sean atractivas, lindas, chulas, hermosas. Sexualizamos inconscientemente todo lo que hacen y luego las paralizamos con miedo hacia sus propios cuerpos.

En mi país y en otros países, he visto a gente ignorar a la niñez. De muchas formas. Hay muchos adultos que “no les gustan” “no les caen bien” los niños. Yo sé, no es agradable estar escuchando sus gritos o verlos tropezar con todo, o la forma en que interrumpen conversaciones y dejan todo lo que tocan enmielado. Sin embargo, decir que no te gustan los niños, normaliza una cultura de rechazo a la infancia en los lugares públicos y privados.

Decir que no nos gustan los niños es ignorar que un día fuimos niños. Es rechazar a 1/3 de la humanidad, es casi casi como que no te guste el futuro de la humanidad ni lo que fuiste. Que “cool” es perder sensibilidad mientras intentamos ser adultos sarcásticos. ¿Sabés de donde viene la palabra sarcasmo? de desgarrar la carne. Paremos de ser sarcásticos con la infancia. Merecen respeto, merecen ser escuchados, merecen que nos arrodillemos para verlos a los ojos, merecen ternura.

Yo he dicho más de alguna vez que no me gustan los bebés, por ejemplo, pero me he dado cuenta que decirlo, normaliza que se les rechace y continuemos con palabras y actitudes que no están tan lejos de decir: No me gustan los adolescentes, no me gustan las mujeres, no me gustan los ancianos. Esta cultura permite decir que no te gustan los niños, y permite el maltrato verbal y físico a todo el mundo.

A mi no me gusta la sociedad en la que amenecí hoy. El shock de lo que sucedió en el Hogar “seguro” no sólo muestra el desprecio que les tenemos a los niños y niñas. Muestra también que no hemos madurado como sociedad para entender que la protección de la niñez y la adolescencia ES RESPONSABILIDAD DE TODOS. Todo comienza en la forma que hablo, me dirijo, permito, acoso, maltrato, ignoro e invisibilizo a la infancia y a la humanidad con la que convivo a diario. 

Tanta gente indignada y me pregunto ¿Cuántos de esos papás indignados todavía le pegan a sus propios hijos como medio de disciplina? ¿Cuántos padres insultamos a nuestros hijos para hacerlos ver sus errores? ¿Porqué les haces sho cuando quieren decirte algo importante o quieren defenderse? ¿O eso no es negligencia también?

Todos estamos indignados y asqueados por lo que sucedió en el Hogar “Seguro”. Sólo esperaría que esto no quede siempre en apuntar dedos y reducirlo a responsabilidades de “otros”. Amar a la niñez comienza por responsabilizarnos de nuestras palabras y actitudes con los más chiquitos, los propios y hasta con los que andan en la calle.