Conéctate con tu bebé a través de la lactancia materna... /

2019.08.01

Lic. Patricia Angulo D’AscoliConsejera de lactancia/Doula/Educadora prenatal

Para ilustrar cómo la lactancia materna supone una vía relevantísima de conexión entre mamá y bebé, comencemos por comprender que -de alguna manera- amamantar es la prolongación del embarazo, y que la interacción (física y emocional) constante entre madre e hijo comienza in utero, pues ya a partir del vientre materno existe un importante intercambio materno-filial.  Desde que la mamá siente los movimientos de su bebé, conforme observa cómo crece su vientre y se imagina con su hijo en brazos, ya se encuentra vinculada amorosamente con éste. Por otro lado, el bebé percibe con bastante intensidad «hasta los más leves temblores de las emociones maternas» e idealmente siente su amor y aceptación, tal como afirmara Thomas Verny, famoso psiquiatra perinatal y quizás quien más ha investigado sobre las vivencias intrauterinas del bebé.

Al llegar al mundo, un bebé espera ser amado y protegido incondicionalmente. Anhela encontrar y disfrutar el mismo confort que tenía en el vientre materno, y es encima de mamá, especialmente en su pecho, donde estará plenamente preservada aquella -placentera- experiencia intrauterina; ese hábitat prenatal que ha de ser replicado en este período de exterogestación mediante, entre otras cosas, la lactancia materna y todo cuanto ésta implica.

Para garantizar la continuidad de este bienestar, cuando nace este nuevo ser -particularmente si su madre experimentó un parto natural con el consecuente «coctel hormonal» propio del mismo-  su mamá se enamora perdidamente de él, y viceversa. Un verdadero flechazo amoroso (cuyo clímax es el inicio del amamantamiento) ocurre y la protagonista es la oxitocina, la hormona del amor, la cual (conjuntamente con la prolactina, adrenalina y endorfinas) consigue que comience a desarrollarse con más fuerza la conexión entre ambos.

Durante este «período sensible» es vital que mamá y bebé no sean separados y se propicien tanto el apego oportuno como el contacto piel con piel, los cuales, junto con el alojamiento conjunto, contribuirán no solo a la formación del vínculo y a la correcta instauración de la lactancia, sino que repercutirán positivamente en la salud física, psíquica y emocional de ambos.

Amamantar es la vía de conexión por excelencia entre madre e hijo. Sacia el hambre y la sed, sí, pero es mucho más que dar alimento a un bebé. Cuando amamantamos cubrimos las necesidades básicas del niño: protección (amor en los humanos), alimento y calor. Le estamos suministrando caricias y contacto físico permanentes, lo sostenemos, le damos placer oral, oye nuestra voz y además, ahora, ya puede vernos y así entrecruzarnos miradas de amor. ¿Imaginan cuántas veces hacen contacto visual una madre y su bebé si éste es amamantado? ¿Cuántas canciones, caricias, sonrisas y estímulos amorosos intercambian mamá y bebé?

Mientras el niño está siendo amamantado se nutre también de un sin fin de palabras cariñosas, miradas tiernas y cómplices, juegos divertidos y capta perfectamente los gestos y el amor de su madre. Basándonos en que la tesis fundamental de la Teoría del Apego (acuñada por el psicoanalista británico John Bowlby) es que “el estado de seguridad, ansiedad o temor de un niño es determinado en gran medida por la accesibilidad y capacidad de respuesta de su principal figura de afecto”, y en que se conoce que las madres que amamantan a sus bebés son más receptivas y atentas a sus necesidades (gracias a la acción de la oxitocina y la prolactina), es fácil inferir que la lactancia materna, si bien no es la única forma de conseguirlo, contribuye enormemente a configurar un apego seguro hacia ella. Recordemos que en la primera infancia el amor modela el cerebro del niño y se desarrollan, entre otras cualidades emocionales, la capacidad de amar/ser amados y la empatía.

Por otra parte, no es cierto que los bebés se comuniquen únicamente a través del llanto, ellos dan señales mucho más sutiles que si son correctamente “atajadas” e interpretadas acabarán con el desplacer de inmediato y darán continuidad a la placidez absoluta que sentían dentro de sus madres. ¿Y cuál creen que es (tal vez a esta altura ya lo adivinen) esa panacea que logra tal milagro de calmar al bebé ante prácticamente cualquier situación?

Es sabido que los bebés occidentales lloran más, pues son los menos cogidos en brazos y a los que muchas veces se les alimenta con horarios rígidos. En poblaciones indígenas donde los niños son amamantados de forma verdaderamente libre no se conoce, por ejemplo, el cólico del lactante. Por ello cabe resaltar que la lactancia materna se debe dar a libre demanda no solo para satisfacer los requerimientos de alimento del bebé, sino también contemplando que ante el más mínimo movimiento o queja, amamantándolo se tiene la oportunidad, casi con total certeza, de satisfacer cualquier otra necesidad del bebé y calmarlo ipso facto. Cuando respondemos de ese modo a nuestro bebé,  comprenderá que es importante y amado, que sus -genuinas- peticiones son dignas de ser tomadas en cuenta y satisfechas; se sabrá querido hasta el infinito y podrá autorregularse. Su mamá aprenderá a comprenderlo y «leerlo» cada vez con mayor exactitud. Además sentirá que para su hijo ella es el referente más importante, se reconocerá valiosa y estará orgullosa de conseguir, con su pecho y amor, satisfacer todo cuanto requiere su cría.

A medida en que crecen, quienes hemos tenido la dicha de disfrutar de una “lactancia no interrumpida” podemos observar cómo los niños de varios meses (y años) ríen, balbucean, nos acarician, cantan y tienen actitudes claramente lúdicas mientras son amamantados. De igual modo, con el pasar del tiempo la mamá en ocasiones se comunica de forma cada vez más compleja con su hijo mientras lo amamanta, empleando recursos verbales elaborados, lo cual contribuye a ampliar su vocabulario y permite al niño observar «en primera fila» cómo mamá modula cada palabra. Y es que la lactancia materna no es exclusivamente para bebés de meses…más adelante, los niños amamantados durante años narran qué tal les resulta la experiencia de la lactancia poniéndole nombre a los sentimientos que surgen en ellos al ser amamantados, lo cual potencia claramente su inteligencia emocional. También relatan de forma muy graciosa cuál pecho prefieren ¡y hasta qué sabor tiene la leche materna!

Desde el punto de vista físico, la conexión mediante la lactancia no solo aporta calor al bebé al estar piel con piel (sincronía térmica), sino que logra una estimulación multisensorial que desarrolla todos sus sentidos: vista, olfato, gusto tacto y audición. Provee también sincronía ante los estados físicos de mamá y el niño: a más calor ambiental, leche con más contenido de agua. Ante una virosis de la madre, leche con esos anticuerpos específicos incluidos. Este intercambio es bilateral, ya que cuando el niño enferma, mediante su saliva «transmite» al cuerpo de la madre qué debe contener la leche para contribuir a su sanación, y a medida que crece, cuál composición se requiere para un desarrollo óptimo de acuerdo con su edad.

Puedo decir con propiedad (tanto en lo personal como por mi experiencia profesional con tantas madres) que la conexión que se establece al amamantar no se circunscribe al plano físico y psico-emocional: es absolutamente espiritual, y una verdadera comunión de almas ocurre cuando nos fundimos con nuestros hijos a través de la lactancia. Es un lugar de dos.  Un remanso de paz que nos permite integrarnos el uno a la otra sin espacio/tiempo y aislarnos, por momentos, de la vorágine exterior.

La lactancia materna habla, por sí misma, el idioma universal del amor, y es sin duda alguna el recurso más valioso, maravilloso y hermoso que tenemos disponible para conectarnos con nuestros hijos.


Lic. Patricia Angulo D’Ascoli es consejera certificada en lactancia materna (Formada en la Universidad Central de Venezuela, Escuela de Nutrición), Promotora certificada en lactancia materna OMS-UNICEF (Formada en el
Hospital de Niños J.M. de Los Ríos), Doula – Facilitadora de nacimientos / Educadora prenatal y postnatal (Formada en «Auroramadre Arte y
Ciencia de parir»), Miembro de La Leche League International, Miembro de la ONG «El Parto es Nuestro» y Terapeuta Reiki