¿CÓLICO? ¡Aburre a tu bebé hasta que se duerma! /

2017.11.08

Traducido del original
por Dr. Howard Chilton

He sido pediatra neonatal durante 30 años. Después de los primeros dos años, perdí la cuenta de la cantidad de bebés que estaba viendo con el llamado “cólico”. Tantas noches interminables, tantas lágrimas, tantos gritos…
Debido a estas familias tristes y cansadas, me obsesioné por decir la verdad sobre este trastorno. Verás, durante décadas se ha sabido la causa y hay mucha evidencia sobre ello en la literatura médica, pero pocos están poniéndole atención. Francamente me está volviendo loco. A veces pienso que si escucho a otra enfermera o doctor diciéndole a un padre que su bebé grita por ‘dolor abdominal’ o ‘acidez estomacal’, ¡Yo gritaré más fuerte que el bebé!

NO es dolor…
El cólico nunca se ha tratado sobre dolor abdominal ni en cualquier otro lado del cuerpo; no se trata de acidez o ‘aires’. Ciertamente no se trata del estómago del bebé. Tampoco tiene nada que ver con el estado mental de la madre, ni con la comida que come mientras está amamantando, ni con el tipo de fórmula si no está amamantando.

La razón por la cual es tan difícil para los padres resolverlo por sí mismos es que la causa es contradictoria y, sin lugar a duda, el bebé parece tener un dolor insoportable. El bebé se dobla, las rodillas en el pecho y grita como si un cuchillo se le revolviera en el estómago. Pero no se trata de dolor, se trata de sobre-estimulación del sistema nervioso sensorial del pobre bebé.

Sin embargo, antes de proceder, no pienses que ésta es una idea loca inventada por algún psicólogo teórico o que es el zumbido de una abeja dentro de mi cabeza. Toda enfermera que trabaja en un hospital de Maternidad, todos los que eligen leer la literatura y todo neonatólogo que pasa tiempo observando a sus bebés, sabe que es así.

“El cólico de las seis en punto”
Los episodios de gritos de bebés angustiados sucede principalmente por la noche (por ello los cólicos de las “seis en punto” o de la “tarde”) y se han dado desde hace cientos de años. Por lo general, comienza cuando los bebés cumplen entre cuatro y seis semanas de edad (aunque para algunos bebés especialmente sensibles puede comenzar desde el nacimiento), aumenta gradualmente hasta llegar al máximo en las siguientes dos semanas y luego abruptamente cesa alrededor de los tres meses de edad (felizmente también se llama “cólico de tres meses”).

Los bebés prematuros lo tienen más temprano y más intensamente. Fue a través del estudio de este grupo de bebés que los psicólogos comenzaron a desenredar el problema en los bebés de término completo. Los bebés prematuros cuando se acercan al término pueden sentirse muy consternados cuando su entorno les presenta hasta el mínimo estimulo. Si cargas a un bebé en este estado (intranquilo), lo miras y hablas con él, a menudo comenzará a torcerse, llorar y arquearse mientras su sistema nervioso se sobrecarga con tu aporte a sus sentidos. Con alguien como él, puedes elegir entre alzarlo, mirarlo, o puedes hablar con él. Simplemente no puedes hacerlo todo a la vez.

La mente del bebé a término es mucho más resistente que eso. Pero todavía tiene sus límites. Si le dieran a 1000 familias un diario en el que anotaran cuándo y cuánto llora su bebé (este tipo de estudio ha sido documentado muchas veces en la literatura médica), encontrarían que todos los bebés, hasta cierto punto, se molestan en este rango de tiempo de la tarde. Son muy buenos durante las primeras semanas, luego desarrollan una inquietud creciente que alcanza su punto máximo a las 6 semanas de edad (con un bebé promedio llorando / molesto por aproximadamente 3 horas al día), luego la cantidad de bebés inquietos se iría disminuyendo en el transcurso de las siguientes semanas, hasta que la cantidad cayera rápidamente a los tres meses de edad.
Entonces, empecemos por el final y trabajemos hacia el principio.

El bebé que se calma solo
A partir de los tres meses de edad, los bebés generalmente desarrollan la capacidad de auto-calmarse. Puedes verlo en un bebé de cuatro a cinco meses que está alimentado y feliz y sentado en una pequeña sillita reclinable. Él quiere jugar con su madre y la mira al otro lado de la habitación, se ríe entre dientes y agita los brazos para atraerla. Ella no puede resistirse y se le acerca, sus ojos se cierran y pronto están diciendo tonterías, mirándose profundamente a los ojos y totalmente absortos el uno en el otro. La intensidad de su interacción aumenta. La estimulación luego escala a un nivel que incomoda al bebé. Para él, la interacción simplemente causa demasiado estrés. Entonces él de repente mira hacia otro lado, se apaga e ignora totalmente a su madre.

Mira hacia el techo o a sus manos mientras su madre se va. El bebé está sentado en su silla, con los hombros tensos y los ojos bajos. Luego, durante los siguientes minutos se calma y se relaja y comienza a lanzar miradas a su madre. Sus miradas duran cada vez más mientras se relaja. Entonces el ciclo comienza de nuevo. Él se ríe y mueve sus manos para atraerla y ella regresa.

El bebé ha aprendido que cuando se sobre-estimula, estresa y se siente incómodo, si mira hacia otro lado y lo bloquea, puede calmarse. Esta es una lección invaluable, el primer elemento de un sistema regulador que le da control sobre el aporte de su entorno. Es el comienzo de la capacidad de concentrarse sin distracciones en una tarea.

EL BEBÉ DE SEIS SEMANAS
Ahora, de vuelta al principio. El ‘síndrome de cólico’ comienza a las cuatro o seis semanas de edad. Antes de ello, los límites de su atención llegan más allá del cuerpo y los senos de su madre, de su calidez y olor. Pero ahora sus ojos pueden enfocarse mejor y sus horizontes se expanden y comienza a observar su entorno. Falta aproximadamente una semana para que sonría.

Una vez que comienza a sonreír, la gente a su alrededor responde. Lo miran y él le devuelve la mirada. Él mira las cortinas moviéndose en ventana. Entonces la abuela los visita y no puede dejar de mirarlo. Con esta nueva atención, su emoción se eleva a un nivel que lo hace sentir incómodo, pero, por desgracia, aún no ha desarrollado la capacidad de auto-calmarse. A medida que aumentan los niveles de estimulación y estrés, empieza a angustiarse. Se pone tenso y comienza a esforzarse y gemir, especialmente al final del día.

Sus padres se ponen ansiosos, “¿Está estreñido? ¿Por qué se retuerce y arquea la espalda?” Pronto su nivel de angustia lo hace llorar y gritar. Él pasa de mano en mano por la familia que lo mira, tratando de comprender la causa de su incomodidad. Los padres piden consejo a los vecinos y comienza la cascada de consejos.

LOS CONSEJOS “ÚTILES” (o no tanto)
Diagnostican “aires” a través de intolerancia a la lactosa, sensibilidad a los alimentos y espasmos estomacales por reflujo. Para arreglarlo, aconsejan de todo, desde dejar de amamantar, dar té de manzanilla, “envolverlo adecuadamente” (como taquito), hasta masajear su estómago (en el sentido de las agujas del reloj) con aceite de oliva tibio. Y el peor consejo: ‘¡Solo deja que llore!’

Chupar para calmarse
¿Qué podría un bebé hacer? Los bebés molestos descubren que la succión los calma. Entonces nuestro bebé comienza a alimentarse con frecuencia, chupando, chupando, chupando en un esfuerzo por calmarse. A pesar de tener el estómago lleno después de una buena alimentación, la succión y el consumo de leche continúan y en combinación con el esfuerzo, pronto se convierte en reflujo y vómitos. Lo llevan al hospital, le dan una comida con bario, un estudio con sonda de pH esofágico y lo tratan con Zantac, Losec, Prepulsid y le prohíben tomar pecho porque “el flujo de leche sale demasiado rápido”.

Además, al ingerir más lactosa (el azúcar en la leche), se sobrecarga la capacidad de absorción del intestino delgado, por lo que la lactosa continúa hacia el intestino grueso. Allí, las bacterias fermentan el azúcar para formar ácido láctico y gran cantidad de gas de hidrógeno. Entonces nuestro bebé desarrolla una panza hinchada, veinte heces explosivas gaseosas al día y pedos como de una tropa de soldados. El consejo del médico es que tiene “intolerancia a la lactosa” y debe interrumpirse la lactancia y comenzar la fórmula sin lactosa.

Incluso el bebé al que no lo están alimentando tiende a chuparse la lengua en su cuna. Entonces, traga aire. Por lo tanto, cuando cargan al bebé angustiado, eructa… “Ah, es por eso que está llorando, ¡necesitaba que le sacaran el aire!”. Ay, no, está eructando porque está llorando, no llora porque necesita eructar.
La historia de “eructos de bebé” es un mito. La válvula entre el esófago y el estómago es en realidad tan débil que apenas puede atrapar la comida, mucho menos atrapar una burbuja de aire. Entonces, con respecto a sacarle el aire al bebé después de una buena comida… ni te molestes.

“Medicalizando la Normalidad”
Hubo un artículo reciente en la revista de Salud Pediátrica de Australia titulado: “Medicalizando la Normalidad” que describe acertadamente lo que está sucediendo aquí. Todos los diagnósticos médicos inevitablemente provienen de una serie de ciclos viciosos, derivados de la verdadera causa de la molestia del bebé. Hay una condición que llamo “Cólico de Navidad” cuando los bebés más padecen de estos episodios. Demasiados parientes, demasiadas fiestas, demasiada emoción que termina en un montón de bebés gritando en la Emergencia a fines de diciembre.

¿Cómo solucionamos el problema? En principio es muy simple, pero en la práctica es muy difícil. Tenemos que reducir el nivel de estimulación en el entorno del bebé a un nivel que él pueda manejar, y hacerlo durante el tiempo suficiente para calmar su respuesta al estrés.

En una frase, tenemos que “aburrirlo hasta que se duerma”.

Guía para calmar al bebé

  • Manda a los abuelos de regreso a su casa. Si tienes otro niño, envíalo con ellos.
  • Pon una nota en la puerta diciendo que no estás disponible
  • Ve a habitación del bebé, baja las cortinas y haz que la luz de la habitación sea tenue. Pon un poco de música tranquila y relajante; eso es para ti, pero a los bebés les gusta un fondo de “sonidos familiares” en lugar de silencio.
  • Toma al bebé y llévalo a la habitación contigo. NO lo dejes solo. ¡Él no tiene botón de ‘apagado’!
  • Aliméntalo bajo demanda en la luz tenue, evitando largos periodos de contacto visual con él (No hagas lo que hizo una madre, quien me dijo “Hice lo que dijo, doctor, no lo he visto toda la semana …” un poco de sentido común aquí)
  • Ponlo sobre tu pecho con su oreja contra tu corazón y acurrúcalo hasta que se tranquilice. Tu latido le recuerda los sonidos y la sensación dentro del útero. Puede tomar algo de tiempo. Sé paciente. Cálmalo.
  • Luego, envuélvelo firmemente en una frazada. Con su espalda ligeramente encorvada y sus extremidades pegadas a su cuerpo; esto también le recordará la contención del útero y lo ayudará a sentirse seguro. Es posible que desee tener sus brazos libres, pero es preferible que los tenga dentro de la frazada.
  • Colócalo en su cuna. Dale palmaditas suaves en sus nalgas aproximadamente a 70 palmaditas al minuto (ritmo cardíaco de la madre) y solo …

ABÚRRELO HASTA QUE SE DUERMA

  • Si le ayuda, dale un pepe/chupón.
  • Si se vuelve a molestar (y lo hará), vuelve a envolverlo y continúa abrazándolo, dándole palmaditas o alimentándolo. Si ambos se están volviendo locos, haz que alguien más lo abrace, y tómate un descanso. Luego, vuélvelo a poner en la cuna y dale palmaditas nuevamente.
  • Continúa esta rutina (hora tras hora) hasta que se tranquilice. No dejes que el bebé llore, pero puedes salir de la habitación cuando finalmente el bebé se duerma.
  • Las primeras 24 horas pueden ser un infierno, pero si perseveras, las cosas mejorarán. Eventualmente comenzará a “regresar a la normalidad”.
  • El segundo día estará más tranquilo. No lo saques de la habitación, a pesar de que parece haber mejorado. Dale otro día para asegurarte de que se deshaga de su fatiga y estrés.
  • Cuanto más duerme, menos oportunidad habrá de que se sobre-estimule, y más dormirá. Este es un buen ciclo, no uno vicioso. Cuando está tranquilo y con sueño, puedes volver a llevarlo a las otras partes de la casa.
  • Luego debes mantener la actividad y la estimulación en su entorno a un nivel que él pueda manejar.

Cuánta estimulación tu bebé puede soportar depende de su temperamento básico. Todos los bebés son diferentes. Hay algunos bebés que se calman a sí mismos desde el momento en que nacen. Estos bebés pueden ser llevados al trabajo y conocer a cien personas y no enojarse. Sin embargo, la mayoría de los bebés tienen un límite: debes averiguar dónde está el límite de tu bebé y mantener el nivel de estimulación debajo de eso.

Algunos bebés súper sensibles necesitan entrar y salir de su “habitación para calmarse” los primeros tres meses de su vida. No te preocupes, ellos no sufrirán de privación sensorial. Su lección más importante es aprender cómo calmarse solitos. Si tienes que salir, cubre el cochecito/carruaje para evitar miradas indiscretas y luces intermitentes. ¡Cuando sea posible, haz tus compras en línea!
¡Te deseo buena suerte y suficiente sueño!