Carta a mi hijo: Un día solo para mí /

2016.05.12

María José Godoy de Joachin
mjgg.joachin@gmail.com

 

Un día solo para mí. Sé que ESO no existe. Es una utopía. Como pensar que vas a escoger a “papa” sobre “mama” para dormir; que vas a comer tus tres tiempos sin protestar; que vas a dejarte agarrar la mano todo el tiempo que estemos en el supermercado.

Hace 3 años 4 meses y 28 días que no me pertenezco. Si ni siquiera yo soy mía, cómo pensar en un día para mí… Pero quiero soñar platónicamente como soñábamos a los quince años con Mercurio, que puedo tener unas horas para aligerar el peso de mi espalda, hablar recio, reír fuerte y usar tacón aunque sea corrido.

He acá el top 10 de por qué lo merezco, sobre todo considerando que en unos meses volveré a ser esclava de ese puerperio donde todo nos pesa. Donde pesan los ojos de sueño, los pechos de leche y el cerebro de preocupaciones. Y quiero poder cantar como Elsa “libre soy” antes de que la maternidad llame a mi puerta por segunda vez.

?1. Porque mis pechos no han vuelto a ser míos, porque cuando dejaste la lactancia ni la fiesta de destete te convenció de sacar tu manita tibia de mi pijama cada noche y esta seguridad hace que tú te duermas al instante pero yo paso una hora pensando si ya podré cambiar de posición.

2. Porque mi bolsa ha perdido el glamour, su característica más importante es que no pesa,  sin adornos para mantener lo liviana desde que se convirtió en pañalera. La bolsita de maquillaje la dejo en el carro para que quepan bien las toallas húmedas,  los pañales y las pachas. Y los crayones, los carritos y los botes de burbujas. Así a dónde vamos tengo una opción que ofrecerte previo al uso de la tecnología que llena mi alma de culpa.

?3. Porque mi último shopping fue cuando cumplí 28, contigo en la panza, de esas blusas una talla más grandes pero blusas “normales” al fin y no las horrorosas de maternidad. Pero tu closet está lindo y aunque insistes en ponerte siempre “el pantalón iipico (típico) mamaaaaa” tú y yo sabemos que hay otras opciones.

4. Porque mi esposo ya no es sólo mío. Yo que me vanagloriaba de no tener que compartirlo porque no tenía “mamitis” ni vicios que lo llevaran a parrandas nocturnas, hoy lo cedo con gusto para que arme torres de legos mientras yo veo la tele solita.

?5. Porque en Navidad ya no recibo regalos, pero el arbolito está repleto de paquetes que llevan tu nombre. Y aún así siento que he recibido miles cuando esa nariz chata y esos dientes chiquitos se ríen al terminar de abrir todo lo que encontraron, incluidos los pocos que había comprado para tu papá.

?6. Porque como a destiempo. Frío porque primero me aseguro que todos los aviones lleguen a tu boca o a veces sin hambre como cuando almuerzo a las 11:30 para recogerte la primera en la fila en el colegio a las 12:30.

?7. Porque lloro en el baño sin que lo notes, en las noches de virus en que vomitas muchas veces mientras mi hermana gemela soltera sale con sus amigas a comer tacos y tomar margaritas. Y no sólo porque en esos momentos mataría por una Margarita, sino porque quiero algo que anestesie mi corazón que se estruja cuando te veo sufrir. Y cuando al día siguiente amaneces como si nada, no me cambiaría por nadie en el mundo a pesar de no poseer la cuenta de ahorros ni el guardarropa de mi hermana.

8. Porque no iré a la “boda de destino” de mi mejor amiga, a la que conocí cuando ambas teníamos tres porque el presupuesto de vacaciones lo utilizamos para que tú  conocieras Disney a los tres años. Y no me duele ni un poquito porque sabía que ese sería nuestro último viaje como una familia de tres. Bendito tres.

?9. Porque he renunciado a decir “tu hermanito” o “el bebé de mama”, para decir “TU bebé” para que lo sientas como tu cachorro y en ningún momento tu corazón sufra de desplazó.

10. Porque espero que este vez, tan solo esta vez no sea como las veces en que agotada de cansancio decido dejarte donde mi madre jurando que me tomaré toda la tarde para descansar y regreso por ti a la hora luego de apenas hacer un par de mandado apresurados porque no puedo pensar en que me necesites y no esté presente.

Pero sobre todo, porque todas estas cosas nunca te las diría, aunque sé que las sabes o las intuyes. No podría pensar que sufras ni por un instante pensando en las renuncias que he decidido asumir. Porque han sido mi decisión y no mi sentencia y rezo por poder volverlas a asumir una vez más con tu hermano, rogando por qué tenga la paciencia que tú me has tenido en esta aventura de ser la Mamá de Juan Diego y no Majo.

 

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