Andrea de Lara, una mamá de mente inquieta /

2019.03.28

El sueño del recién nacido

El sueño del recién nacido es uno de los temas que generan más interés en las mamás (especialmente si son primerizas). A raíz de un rápido crecimiento cerebral en nuestra especie humana, los bebés humanos nacen bastante prematuramente (aún a las 40 semanas de gestación) comparados a otras especies. ¿Qué significa esto para ellos? Que muchas de sus habilidades (incluidas el sueño) tardarán mucho más tiempo en desarrollarse. Los despertares nocturnos en un recién nacido se dan principalmente por hambre, pero no solamente: al ser nuevos en el mundo, necesitan (no por “maña”) sabernos y sentirnos cerca. Además, aún no son capaces de regular solos su temperatura corporal, por lo que también necesitan nuestra cercanía para mantenerse calientitos.

Muchas veces escuchamos que el recién nacido despierta para manipularnos, pero no es así. Principalmente porque el concepto de “manipulación” requiere de procesos cognitivos muy elaborados (desarrollados hasta los 4 años aproximadamente); pero también porque durante sus primeros meses, el cerebro de los bebés solo responde a algo muy sencillo: necesidades primarias, – provenientes de nuestro cerebro primitivo- que buscan una sola cosa: la supervivencia. 

Los bebés al nacer no saben si lo están haciendo en la época de las cavernas o en el 2019. Al llorar a media noche, nuestro bebé busca una sola cosa: mantener su calor, saciar su hambre, saberse acompañado, sobrevivir.

¿Solución? En esta etapa lo único que recomiendo es tener mucha paciencia. Tener una rutina de sueño es importante ya que esa seguridad les ayudará a conciliar mejor el sueño, sin embargo, es un proceso que llevará su tiempo. Cada bebé es distinto, por lo que algunos irán aumentando sus horas de sueño más rápidamente que otros, por lo que es importante no comparar. Si durante el día les ayudamos a no sobre estimularlos, y a hacer sus siestas cuando estén cansados, es más probable que por las noches descansen mejor.

La disciplina

La disciplina es un tema extenso y también producto de mucha polémica. La investigación reciente sobre el desarrollo cognitivo de los niños ha dado nuevas luces sobre cómo aprenden y qué es lo que necesitan de los padres. Principalmente, más que una figura autoritativa y atemorizante, los niños necesitan una figura de liderazgo y guía.

La disciplina, es producto de esta relación con este líder/guía y se desarrolla a través del vínculo entre ambos establecido a través de: interacción, confianza y respeto. ¿Qué significa esto? Significa que los niños son niños y dejarían de serlo si nos obedecieran el 100% del tiempo. Su cerebro no está aún completamente desarrollado, por lo que son muy impulsivos y emocionales. Sin embargo, nuestra meta en cuanto a disciplina no debe ser convertirlos en «pequeños adultos» que agachan la cabeza ante todo, sino en seres pensantes, capaces de auto-regularse y de respetar a los demás. Como mencionaba anteriormente, más que un «set de reglas», es su relación con nosotros sus padres, lo que va a sentar las bases de su disciplina. ¿Cómo va a aprender un niño a no desbordarse emocionalmente, si nos ve desbordarnos cuando le llamamos la atención?

La disciplina en los niños tiene más que ver con cómo nos comportamos nosotros (los adultos) ante ellos y con ellos. Como se habrán dado cuenta, ellos tienen una facilidad impresionante para seguir nuestro ejemplo.

Tiempo para mí

En mis 4 años que llevo siendo mamá, he aprendido a entender lo siguiente: el tiempo para mí, irá cobrando diferente forma a lo largo del tiempo y a lo largo de mi maternidad. Habrán días en los que el tiempo para mí  será unos minutos al día para leer y otros en donde simplemente será poderme bañar tranquilamente.

Por supuesto que habrá de repente días enteros para mí (¡oh la utopía!), o tardes en las que podré disfrutar con mi pareja y amigos, pero cada etapa de la maternidad es distinta y demanda diferentes «cantidades» de mí con cada uno de mis hijos.

El «tiempo para mi» es algo distinto cada día, y mientras soy más consciente de esto, me frustro menos y disfruto/agradezco más esos momentos, grandes o pequeños.

El consejo que más me ha servido

El consejo que más me ha servido ha sido: «Todo pasa». Tanto lo bueno como lo malo…todo pasa: las enfermedades, los desvelos, los berrinches….todo. Esto me ha ayudado a tener perspectiva en este mundo de la maternidad. Las cosas malas eventualmente pasan: cada vez que estoy atravesando un momento difícil pienso: «He salido de otros momentos como este en los que pensé que no saldría nunca, así que seguro lo lograremos». Esto me da perspectiva, y me ayuda a no ahogarme en un vaso de agua en los momentos más intensos de la maternidad.

Esta misma mentalidad la aplico en los momentos buenos: «Todo pasa, así que a disfrutar este tiempo de risas, tranquilidad y abundancia».

Mi lucha personal es tratar de no pensar tanto en el mañana y enfocarme en el hoy (sea un «hoy» malo o bueno). Pierdo demasiada energía cuando lo hago, así que ese consejo ha sido lo mejor para mí.