Al papá que no cambia pañales /

2017.03.02

En la actualidad, decir que un hombre “cambia pañales” es un indicador de un hombre que trabaja en equipo y que está en la jugada de una paternidad inclusiva. Es alguien que sin quererlo, o quizás a empujones de su pareja (o de la conciencia) ha sido alentado a asumir la tarea que por generaciones a sido etiquetada exclusivamente como una “tarea de mujeres”.

Es difícil hablar de esto sin juzgar. Lo primero que pensamos cuando dicen que “un papá no cambia pañales” es en encerrarlo en uno de los infiernos de Dante a que cambie pañales por la eternidad. Pero no venimos a juzgar.

No es precisamente el acto de cambiar pañales lo que te hace un hombre heroico. Pero el hecho de haber llegado al cambiador de bebé, después de haberle puesto la nariz en la nalguitas, dice mucho de esos nuevos hombres latinoamericanos. Nuestro continente está cambiando y los roles asignados también. Hasta los pañales cambian, las cosas ya no se hacen como antes.

Entonces, ¿porqué hay todavía papás que se niegan a cambiar pañales? ¿Qué ganan sosteniendo esa decisión? Será por tradición o costumbre o talvez un arraigo fuertísimo a los roles asignados a los géneros (cosas que el hombre hace, y cosas que las mujeres hacen), que no les “permite” hacer lo que hacen las mujeres. Son hombres, y macho que se respeta: sigue los patrones familiares.

Cualquiera que sea la razón, el hombre que no cambia pañales realmente lo cree y lo valora porque es lo que le enseñaron. Hay parejas que conscientemente dividen las tareas del hogar así: yo voy a trabajar y tu cuida a los niños. Es un acuerdo, y todas las familias tenemos nuestra asignación de roles. Nada malo con eso. Pero hay algunas en donde se ha llegado a esa decisión hablando y otras donde simplemente aceptan los preconceptos. Por eso, es tan importante la comunicación de pareja sobre las expectativas ante los hijos.

Ya sea que hayas tenido esta discusión al formar la pareja, al casarte o en el momento de planear los embarazos. Hay cierta expectativa de lo que un hombre o una mujer hará por los hijos, pero la verdad es que cuándo llegan, sabemos que la mayor parte de la carga de los será para la mujer. Hay muchos estudios que respaldan esto, aún en las familias de aquellos que buscan la equidad.

Hace una semana lanzamos la pregunta en nuestro grupo de mamás. Muchas sentimos indignación acerca de los hombres que no cambian pañales. Otras, de las que dependemos para mantener la conversación dentro de los parámetros del sano juicio, hablaron de algo muy importante: no se trata de cambiar pañales, se trata de la responsabilidad compartida CON LOS HIJOS. Y esa palabra: COMPARTIR, es la que nos pone a pensar.

Y no buscamos convencer a los hombres que no cambian pañales (o a sus esposas) a que ésta es la única forma de probar su colaboración en el hogar. Tal vez no cambia pañales, pero lava platos. Tal vez no cambia pañales pero se sienta en el suelo por horas a jugar con su bebé. Tal vez NO-QUIERE-CAMBIAR-PAÑALES. PUNTO. Pero es un hipnotizador para poner a dormir al bebé, o para darle de comer. Que conste que no queremos AYUDA… queremos involucramiento.

Pero… habemos mujeres que pensamos que los hombres no hacen nada bien. No les dan de comer bien a los niños, no los ponen a dormir bien, no les cambian el pañal bien, ni los limpian bien, ni los visten bien. Ojo, que la equidad de género no viene con que los hombres “nos den” libertades, si no que las mujeres también “soltemos” el enorme y pesado yugo de creernos las únicas que hacemos las cosas bien por los hijos. Ese enojo, esa frustración, nos viene muchas veces de no aceptar ayuda si no es como nosotras queremos.

Cambiar el pañal es un pequeño acto íntimo y significativo. Si como hombre nunca has cambiado un pañal, te contamos que es en esos pequeños actos íntimos que conectamos con nuestros hijos y principalmente con nuestras parejas.

Hacer las tareas “del otro” nos conecta. Es en esas náuseas de ver un pañal asqueroso y decir: ¿Cómo le hago?, que encontramos humildad ante nuestros hijos y equidad con nuestra pareja. Es en levantarte a media noche a abrazar a tu hijo porque tiene miedo que ganamos empatía a sus necesidades emocionales. Cuando los bañamos, les damos de comer, los peinamos. Ahí estás tu. Eso es lo que los niños y niñas necesitan: padres presentes y conscientes, padres involucrados.

Los hijos son esos momentitos de tareas duras -durísimas- constantes, rutinarias y en este caso particular, asquerosas. Son esa fuerza natural que nos cambia y nos enseña que hay otras formas de hacer las cosas. Llegaron para cambiarnos los paradigmas (o al menos así debería ser), cuestionar nuestras tradiciones, romper nuestros esquemas mentales y emocionales. La idea es salir transformados.

Papás que no cambian pañales: compartan las tareas con su pareja, cualquier tarea. No por buena onda. Si no porque les interesa saber qué es lo que ella vive a diario, y porque al perderse esas tareas, se están perdiendo de una gran parte de ser papá. Macho que se respeta: reclaman su lugar en el hogar.