¡Adiós Pañal! /

2015.07.16

Por Irene Marcucci

Nuestra primera pregunta es ¿cuándo? ¿Cuándo estaremos listos para hacer esas grandes transiciones con los wiros? Dejar el pepe, dejar la pacha, y ahora: los pañales.

Hace ya algunos meses empecé a leer y a ponerle atención a los temas para entrenar a los chiquitos a utilizar baño. “En broma”, cada vez que íbamos a comprar los pañales para mi hijo, mi esposo le decía: “Bueno hijo, esta es tu última caja de pañales”… y así fueron como unas 5 o 6 cajas. Sabía que ni él ni yo estábamos listos para comenzar el proceso juntos. Porque aunque sabemos que el pañal es algo que deben dejar a cierta edad, es una etapa bastante conveniente cuando te das cuenta que usar el baño trae sus retos, especialmente al salir de casa.

Para nosotros el “cuando” llegó cuando mi hijo de dos años comenzó a avisarme cada vez que quería hacer popó y cuándo ya había hecho pipí en su pañal, así que al llegar las vacaciones del cole, sentí que los dos ya estábamos listos para dejar los pañales.

Yo estaba emocionadísima de saber que era el momento de hacerlo. Mi hijo no es amante de los chocolates ni los dulces, así que el premio que todas las madres sugieren no me funcionaría a mi. Sabía que con algo lo tenía que motivar y premiar; compré calcomanías, cartones, papeles e hice su cartel para pegar una calcomanía cada vez que utilizara el baño.

Después de todo lo que leí, opté por hacerlo de la siguiente forma:

  • Quedarnos en casa por lo menos los primeros 3 días
  • Quitar el pañal y toda la ropa de la cintura hacia abajo,
  • Usar bacinica
  • Premiar cada ida al baño exitosa
  • Siempre reforzar lo positivo de la experiencia.

¡Comunicación primero!
El primer día, le hablé y le dije que íbamos a quitar el pañal, que de ahora en adelante íbamos a ir al baño cada vez que tuviera ganas y que yo lo iba a ayudar y acompañar en todo el proceso.

¡Empezamos!
Las primeras veces se asustaba y lloraba cuando se hacía pipí encima, claramente no sabía que estaba pasando, ¿Por qué al hacer pipí éste corría por sus piernas si antes el pañal se lo mantenía atrapadito? Cada vez que se hacía, le explicaba para que no se asustara, lo llevaba al baño y lo sentaba en su bacinica para que comprendiera el proceso.

Dudas
Dudé si acaso él no estaba listo para lograrlo y me pasó por la mente regresar al pañal. No quería que fuera una mala experiencia para él, pero tampoco que por mi poca paciencia o falta de perseverancia dejáramos de intentarlo. Pero mientras menos lo esperaba, escuché: ¡Mami YA YA YA! Cuándo me di cuenta, estaba sentado en su bacinica y ya había hecho pipí, ahí supe que él había entendido perfectamente y que estaba listo para seguir.

Pasaron dos días, en donde le preguntaba a cada rato si quería ir al baño, lo llevaba y lo sentaba (aprendió sentado primero) aunque no hiciera nada. Cada vez tuvo menos accidentes y comenzó a avisar más cuándo tenía ganas. Todo el tiempo tuve la bacinica metida en el baño más cercano de donde estuviéramos jugando o comiendo, se la enseñaba y le decía que se acordara que ahí estaba y que no llevaba pañal puesto.

¡Éxito!
Y así fue, al tercer día ya lo tenía perfectamente dominado. Iba solo al baño a hacer pipí o popó, feliz porque sabía que después íbamos a pegar una calcomanía en su cartel y una en su mano y mamá lo felicitaba y le hacía una fiesta cada vez que lo lograba.

A una semana exacta de haber empezado con el entrenamiento, ya no tenemos más accidentes de día y estamos en proceso de quitar el pañal en la noche. Ya amanece con su pañal seco y a media noche me despierta porque quiere ir a hacer pipí.

Este aprendizaje no solamente ha sido para él, también me enseñó que por más pequeño que mi hijo sea, debo aprender a confiar en él y en mi misma, aunque tenga dudas, debemos perseverar juntos.

Haberme preparado e informado fue clave y esta nueva etapa sin pañales seguro traerá nuevos retos, pero me siento confiada, motivada, libre y feliz de decir: ¡Adiós pañal!

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