5 cosas que no debes decirle a un niño ansioso /

2017.12.06

 

Por Renee Jain / Traducido del original de gozen.com

 

Yo quería dormir con un bate debajo de mi almohada. Era de plástico, pero era un arma. Yo tenía 5 años y creía firmemente que cada noche cuando me durmiera, un ladrón entraría a la casa. Necesitaba algo para defenderme (y a mi familia también), el bate parecía ideal. Desafortunadamente, mis papás nunca me dejaron hacerlo.

Ellos no entendían porque eso me preocupaba tanto. Después de todo, no había evidencia lógica para validar mi ansiedad: nuestro vecindario era seguro, nunca nos había pasado algo similar y teníamos alarma que nos alertaría de cualquier peligro. ¿Pero quién dijo que la ansiedad tenía que ser lógica? Generalmente no lo es. Y detengámonos un momento… ¿Quién dijo que lo que yo tenía era ansiedad?

Ansiedad es una palabra que utilizo ahora, basada en experiencia personal y profesional. En ese entonces, hasta donde mis papás sabían, yo era más propensa a un poco de más preocupaciones. Ninguno de nosotros entendía que mis pensamientos temerosos estaban provocados por una respuesta real de mi sistema nervioso.

Así que, ¿Cómo manejaron mis amorosos papás con las infinitas preguntas de “y si”? ¿Y si nos roban? ¿Y si olvidamos poner la alarma? ¿Y si dejamos la puerta sin llave? ¿Y si el ladrón encuentra mi cuarto? ¿Cómo hacían para soportar cuando llegaba a tocar su puerta de madrugada, pidiéndoles bajar a revisar la puerta por precaución? Su primera línea de defensa siempre fue asegurarme que todo estaría bien. La siguiente estrategia era apelar a mi lógica. Y cuando todo lo demás fallaba, lo que casi siempre ocurría, (comprensiblemente) se frustraban y algunas veces lo expresaban.

Y no que no quede duda que mis papás son maravillosos. Siempre me apoyaron, pero realmente no entendían por lo que yo estaba pasando en ese momento. Me tomó un par de décadas descifrarlo y encontrar maneras de aliviar mis preocupaciones.

Para ayudar a otras familias pasando por una situación similar, quiero señalar cinco frases que me dijeron, aunque con todo el amor del caso, que no me ayudaron a calmar mi ansiedad. Sabiendo lo que se ahora, les diré también lo que desearía haber podido expresar a mis papás. Finalmente, presentaré algunas maneras alternativas de ayudar a un niño o niña experimentando ansiedad.

 

1. Mamá dijo, “Todo va a estar BIEN. Confía en mi”

Yo desearía haber podido decir, “Mamá, se que estas intentando hacerme sentir mejor, pero mi mente me dice lo opuesto: “NO va a estar BIEN.” Y mi cuerpo parece estar respondiendo a mi mente. Mi corazón late a mil por hora, las palmas de mis manos sudan y siento rara la pancita. Está complicado que tus amorosas palabras venzan lo que pasa dentro de mi.”

Esto es lo que sabemos: La respuesta al estrés está conectada en nuestro sistema nervioso como un mecanismo de defensa diseñado para pelear o huir ante las amenazas. La ansiedad imita esta respuesta. Así que cuando los pequeños está metidos hasta las rodillas en ansiedad, un torrente de químicos se libera en el cuerpo para la supervivencia. Esto les dificulta pensar claro y por consecuencia, poder aceptar las palabras de alivio.

Intenta esto: Responde primero a su sistema nervioso. Ayúdale a calmarse respirando profundo. Esto hará que el cuerpo vaya de modo pelear o huir a descansar y digerir.

 

2. Papá dijo, “No hay nada que temer”

Yo desearía haber podido decir, “Papá, ¿recuerdas la primera vez que saliste con mamá? ¿Recuerdas tu primer día de trabajo? ¿O recuerdas ese accidente en la bici? Talvez tus papás sabían que todo iba a estar bien también, pero tu no lo sabías. Experimentaste miedo de verdad. Mi miedo también es real.”

Esto es lo que sabemos: Las investigaciones han demostrado que la ansiedad inicia la alarma de miedo dentro de la mente y el cuerpo de tu hijo. Es una falsa alarma, sin embargo, se siente muy real. La alarma es por protección; ellos siente estrés o miedo para sobrevivir. Para asegurarse que uno está poniendo atención, la mente hasta puede exagerar las cosas (como confundir un palo por una serpiente).

Intenta esto: Valida las emociones de tu hijo. Podrías decir, “Veo que estás asustada. Yo también me he asustado antes, sé como se siente.”

 

3. Mamá dijo, “Dejame darte todas la razones para no preocuparte”

Yo desearía haber podido decir, “Mamá, lo que dices tiene sentido. Pero es difícil pensar con claridad y lógica en este momento. Tengo muchas emociones en este momento y sólo me puedo enfocar en eso. Es muy difícil pensar claro”

Esto es lo que sabemos: Los estudios muestran la ansiedad pone en pausa la corteza prefrontal (la parte lógica del cerebro) y la parte emocional la domina. Después de todo, los cavernícolas no tenían mucho tiempo para usar la lógica cuando tocaba correr o pelear con un predador.

Intenta esto: Calma su sistema nervioso con un ejercicio de visualización. Pídele que visualice un lugar tranquilo. Haz que inhale y exhale de manera cómoda y que te describa el lugar que está viendo. Una vez esté calmado, discutan la idea de que los sentimientos no son tangibles. Los pueden retar diciendo, “Hey, no creo que seas de verdad.” La auto-disputa es una excelente manera de calmar la preocupación.

 

4. Papá gritó, “¡Deja de ser tan miedosa!”

Yo desearía haber podido decir, “Papá, se que estás frustrado y hasta enojado.” Eso me hace sentir muy mal porque no puedo dejar de ser así. Quisiera, pero no se como. Ojalá supiera como.

Esto es lo que sabemos: Los niños ansiosos saben que ellos se preocupan más que los otros porque son etiquetados como preocupones desde muy temprana edad. Se comparan con otros que tienen menos ansiedad a los mismos temores. De hecho, muchos niños generan ansiedad de tener ansiedad. Agrega una dosis de culpa por parte de los padres y logramos que se sientan totalmente miserables. Recuerda, los niños a menudo se sienten tan indefensos como los adultos cuando se trata de ansiedad crónica.

Intenta esto: Haz tu mayor esfuerzo en no etiquetar a tu hijo. En su lugar mantente en un estado relajado, explica la base evolutiva de la preocupación. ¿Enserio? ¡Sí! A los niños les encanta saber que la preocupación tiene un propósito y que todos nos preocupamos. Utiliza esta infografía para guiarte

 

5. Mamá y Papá dijeron, “No entendemos porque estás tan preocupada”

Yo desearía haber podido decir, “Se que no entienden, pero necesito que traten. Necesito que traten de entender por lo que estoy pasando. Pongan su mano sobre mi corazón, escuchen mi respiración, véanme .. esto es real. Quiero que entiendan. Necesito que entiendan. Porfavor diganme que lo entienden. Porfavor.

Esto es lo que sabemos: Cuando los niños están ansiosos, se sienten asustados e indefensos. Si como madre también te sientes indefensa, la empatía puede ayudar a guiar tus acciones. Al ponerte en sus zapatos y entender sus sentimientos y punto de vista, tu reacción a sus necesidades serán más auténticas y alineadas con las mismas.

Intenta esto: Cuando tu peque se sienta ansioso, intenta recordar la última vez que sentiste miedo real. Luego conecta con él o ella usando estas cuatro palabras: “Entiendo como te sientes.” Deja que vea que entiendes por lo que está pasando. Déjale saber que le estás poniendo atención.

Finalmente quisiera decirle a mis padres y a los de todos los padres en nombre de todos los niños ansiosos: Nosotros también entendemos. Entendemos que hacen sacrificios por nosotros. Sabemos que nuestro dolor y lucha se vuelven suyos. Sabemos que hasta en los días en los que se sienten más frustrados, igual intentan apoyarnos y lo hacen. Al nunca perder la esperanza ni darse por vencidos, son nuestros modelos de temple y perseverancia. Gracias.