10 situaciones en las que pareciera que los niños se es... /

2017.08.31

Escrito por Erin Leyba (traducido del inglés)

Muchos de los “malos” comportamientos de los niños son en verdad etapas del desarrollo al crecer. Cuando reconocemos que el comportamiento no deseado de un niño es una reacción a las condiciones ambientales, a fases del desarrollo, o a nuestras propias acciones, podemos responder proactivamente y con compasión.

Aquí hay 10 situaciones en las que pareciera que los niños se están “portando mal” pero en realidad no lo están. Y qué es lo que los padres pueden hacer para ayudar.

1. No pueden controlar sus impulsos.
¿Alguna vez le dijiste a tu hijo “no tires eso!” y lo tiró de todos modos?

Las investigaciones indican que las áreas del cerebro que regulan el autocontrol aún son inmaduras al nacer y no maduran completamente hasta el final de la adolescencia, lo que explica por qué el desarrollo del autocontrol es un “proceso largo y lento”. Una encuesta reciente reveló que muchos padres asumen que los niños pueden hacer cosas a edades más tempranas que lo que los expertos en desarrollo infantil establecen. Por ejemplo, el 56% de los padres consideró que los niños menores de 3 años deben ser capaces de resistir el deseo de hacer algo prohibido, mientras que la mayoría de los niños no dominan esta habilidad hasta los 3 años y medio o 4 años.

Lo que los padres pueden hacer: Recordar que los niños no siempre pueden manejar los impulsos (porque sus cerebros no están completamente desarrollados). Así podrán reaccionar de manera más serena ante el comportamiento de los niños.

2. Experimentan sobre-estimulación.
Si llevamos a nuestros hijos al supermercado, al parque, y a la obra de teatro de su hermana en una misma mañana, inevitablemente veremos berrinches, hiperactividad o resistencia directa. Los horarios sobrecargados, la sobre-estimulación y el agotamiento son características de la vida familiar moderna. Las investigaciones sugieren que el 28% de los estadounidenses “siempre se sienten apurados” y el 45% informan que no tienen “exceso de tiempo”. Kim John Payne, autor de “Simplicity Parenting”, argumenta que los niños experimentan una “reacción al estrés acumulado” debido a la cantidad de actividad, la abundancia de opciones y los tipos de juguetes. Afirma que los niños necesitan mucho “tiempo de inactividad” para equilibrar su “tiempo activo”.

Lo que los padres pueden hacer: El balancear el tiempo de juego con suficiente tiempo de tranquilidad (“quiet time”) y tiempo de descanso, logrará que la conducta de los niños mejore dramáticamente.

3. Las necesidades físicas de los niños afectan su estado de ánimo.
¿Alguna vez haz estado con hambre y enojado, o sin paciencia porque no dormiste lo suficiente? Los niños pequeños son diez veces más susceptibles a esas necesidades básicas y a estar cansados, hambrientos, sedientos, excesivamente azucarados o enfermos. La capacidad de los niños de manejar las emociones y el comportamiento disminuye considerablemente cuando están cansados. Muchos padres también notan un cambio brusco en la conducta de los niños una hora antes de las comidas, si se despertaron repetidamente en la noche o si están sufriendo una enfermedad.

Lo que los padres pueden hacer: Los niños no siempre pueden comunicar lo que necesitan, servirse una refacción, una medicina, agua o tomar una siesta solos como los adultos. Ayúdalos a través de rutinas y prepárate para cuando estos horarios preestablecidos podrían interrumpirse.

4. No pueden dominar sus grandes sentimientos.
Como adultos, nos han enseñado a dominar y ocultar nuestras grandes emociones, normalmente guardándolos, desplazándolos, o distrayéndonos. Los niños todavía no pueden hacer eso.

Lo que los padres pueden hacer: La educadora de la primera infancia Janet Lansbury tiene una gran frase para cuando los niños muestran sentimientos poderosos como gritar o llorar. Ella sugiere que los padres “dejen que los sentimientos sean” al no reaccionar o castigar a los niños cuando los expresan.

5. Los niños, durante su desarrollo, tienen una gran necesidad de movimiento.
“¡Quédate quieto!” “¡Deja de perseguir a tu hermano alrededor de la mesa!” “¡Deja de jugar espaditas con esos cartones!” “¡Deja de saltar en el sofá!”
Los niños, durante su desarrollo, tienen una gran necesidad de movimiento. Necesitan pasar tiempo afuera, montar bicicleta, jugar rudo, arrastrase debajo de las cosas, columpiarse de las cosas, saltar de las cosas, y correr alrededor de las cosas.

Lo que los padres pueden hacer: En lugar de etiquetar a un niño como “mal portado” cuando está actuando de manera enérgica, lo mejor sería organizar un viaje rápido al jardín o un paseo por el condominio.

6. Son desafiantes.
Para una familia la temperatura del ambiente siempre era tema de discusión. El niño de primer grado insistía que estaba suficientemente caliente como para usar shorts, mientras mamá decía que la temperatura ameritaba pantalones. El modelo de Erik Erikson postula que los pequeños intentan decidir las cosas por sí mismos y que a los niños en edad preescolar (3-4 años) les gusta tomar la iniciativa y llevar a cabo sus propios planes.

Lo que los padres pueden hacer: A pesar de que es molesto cuando un niño elige tomates que todavía están verdes, se corta su propio pelo, o hace una casita con ocho sábanas recién lavadas, están haciendo exactamente lo que se supone que deben hacer – tratando de llevar a cabo sus propios planes, de tomar sus propias decisiones, y convertirse en pequeña gente independiente. Entenderlos y dejarlos experimentar es clave.

7. A veces hasta sus mejores rasgos pueden tenderles una trampa.
Nos pasa a todos – nuestras mayores fortalezas a menudo reflejan nuestras debilidades. Tal vez podemos concentrarnos con facilidad, pero nos cuesta el hecho de cambiar de una actividad a otra. Tal vez somos intuitivos y sensibles, pero nos afecta el estado de ánimo negativo de otras personas.
En los niños sucede lo mismo: pueden ser excelentes académicamente en la escuela pero tienen dificultad para adaptarse cuando se equivocan (por ejemplo, gritan cuando cometen un error). Pueden ser cautelosos y seguros, pero ello los hace oponerse a nuevas actividades (por ejemplo, se niegan a ir a su clase extracurricular). Algunos saben gozar el momento, pero no son tan organizados (por ejemplo, dejan que el piso de su cuarto se cubra de juguetes).

Lo que los padres pueden hacer: Reconocer cuándo los comportamientos no deseados de un niño son realmente el lado opuesto de sus fortalezas – como nos puede pasar a nosotros- puede ayudarnos a reaccionar con mayor comprensión.

8. Los niños tienen una feroz necesidad de jugar.
Tu hijo se pinta la cara con yogurt, quiere que lo persigas y lo atrapes mientras te estas tratando de cepillar los dientes, o se pone los zapatos de papá en lugar de los suyos cuando vas con prisa hacia la puerta. Algunos de los comportamientos aparentemente “malos” de los niños son lo que John Gottman llama “propuestas” para invitarte a jugar. A los niños les encanta jugar y hacerse los tontos. Ellos se deleitan con la conexión que genera la risa compartida y el aman la innovación, la sorpresa y la emoción.

Lo que los padres pueden hacer: Jugar a menudo requiere tiempo extra y por lo tanto se interrumpe los calendarios y agendas de los padres, por lo que parecería oposición y resistencia de parte de los niños querer jugar cuando no corresponde, pero por lo general no lo es. Cuando los padres incluyen más tiempo de juego en el día, es menos probable que los niños lo pidan de manera inadecuada justo cuando estás tratando de sacarlos de la casa.

9. Son hiperconscientes y reaccionan ante el estado de ánimo de los padres.
Múltiples estudios de investigación sobre el contagio emocional han revelado que sólo se requieren milisegundos para que las emociones como el entusiasmo y la alegría, así como la tristeza, el miedo y la ira, se contagien de persona a persona, y por lo general esto ocurre sin que nadie se dé cuenta. Los niños captan fácilmente el estado de ánimo de sus padres. Si estamos estresados, distraídos, tristes, o siempre al borde de la frustración, los niños imitan estos estados de ánimo. En cambio, cuando estamos tranquilos y serenos, los niños también reflejan eso.

Lo que los padres pueden hacer: Consulta contigo mismo antes de frustrarte con tu hijo por sentir lo que está sintiendo. El comportamiento del niño podría ser el reflejo de tu propio tono y emoción.

10. Luchan por acoplarse a límites incoherentes.
Después de una clase de béisbol, le compras a tu hijo botonetas. Pero la siguiente clase le dices, “No, hoy mejor no te doy botonetas porque ya vamos a cenar”, y tu hijo grita y patalea. Un día leen con tus hijos cinco libros, pero al día siguiente estás cansada e insistes que sólo tienes tiempo para leer uno, y ellos ruegan porque les leas más. Un día le preguntas a tu hijo, “¿Qué quieres para la cena?” Y al día siguiente dices: “Hoy hay lasaña, y punto. No puedes escoger nada más”, y tus hijos protestan por la incongruencia.
Cuando los padres no son consistentes con los límites, esto naturalmente provoca frustración en los niños y los incita a quejarse, llorar o gritar.

Lo que los padres pueden hacer: Al igual que los adultos, los niños quieren (y necesitan) saber qué esperar. Esforzarse para ser 100% consistente con las reglas, límites y rutinas mejorará seriamente el comportamiento de los niños.