10 mitos de la terapia del lenguaje /

2015.07.22

Amanda Vides
consulta.amandavides@gmail.com

 

Si consideras que tu hijo o hija necesita iniciar un programa de terapia del lenguaje o ya está acudiendo a uno, y aun tienes dudas de lo que realmente se hace en este proceso terapéutico, te comparto los 10 mitos y realidades que muchas veces algunos padres de familia pueden asumir.

El principal objetivo de la terapia del lenguaje es aprender a meter y sacar la lengua.
FALSO. Este es un típico ejercicio que se realiza únicamente con pacientes que tienen dificultad para movilizar o controlar este órgano, pero no es la regla de oro de todos los pacientes.

Debes llevar a tu hijo a terapia del lenguaje únicamente cuando no sabe decir la “R”.
FALSO. El campo de atención de la terapia del lenguaje es amplio, atiende dificultades en la calidad de la voz, alimentación y deglución, comunicación, audición, articulación, escritura y lectura, entre otras dificultades.

Puedes formar parte en las sesiones de terapia que se le brindan a tu hijo.
CIERTO. Tú puedes acompañar la terapia del lenguaje de tu hijo cuando sea necesario, especialmente para que la terapeuta pueda darte recomendaciones para trabajar en casa.

Las mejores técnicas de terapia del lenguaje son las que utilizan tecnología (computadoras).
FALSO. Existen muchas técnicas utilizadas en la terapia del lenguaje con respaldo científico que no utilizan tecnología y son de gran beneficio para los pacientes. Actualmente, se han desarrollado diferentes equipos tecnológicos que pueden ser una herramienta más en la terapia del lenguaje, pero no un recurso único.

La terapia del lenguaje se basa en jugar con tu hijo.
FALSO. Muchas terapeutas del lenguaje utilizan el “juego” como una alternativa para mantener la motivación del paciente, pero dentro de la terapia hay actividades donde los métodos y técnicas se realizan de manera más estructuradas.

Existen otros especialistas que brinden terapia del lenguaje, además de los terapeutas del lenguaje.
FALSO. Aún cuando la terapia del lenguaje se realiza de manera indiscriminada por personas de otros ámbitos, es únicamente un especialista con la teoría y la práctica en esta área la que debe ejercer esta actividad. Este aspecto es sumamente importante, ya que si tu hijo asiste con un terapeuta del lenguaje, estarás favoreciendo su desarrollo y haciendo una inversión económica justa.

Debes esperar a que tu hijo este “más grande” para iniciar la terapia.
FALSO. Cuando tu hijo se encuentra por debajo de lo esperado para su edad, la mejor etapa para asistir a la terapia del lenguaje son los primeros años, ya que es en esta etapa cuando se están desarrollando ha plenitud muchas funciones a nivel cerebral y hay mayor probabilidad de potenciar el lenguaje. También debes tomar en cuenta que cuando se aplaza el tiempo de iniciar un programa de terapia del lenguaje en niños que pronuncian inadecuadamente, se forma un mal hábito en su cotidianidad. Algunas veces lo que tu hijo puede necesitar son algunas recomendaciones para trabajar en casa… pero dadas por un terapeuta, para que sean acertadas.

La terapia del lenguaje se limita a la población infantil.
FALSO. El terapeuta del lenguaje está capacitado para tratar dificultades en la población infantil, adolescente, adulta y en la tercera edad, debido a que en cualquier etapa de la vida puede surgir alguna alteración en el lenguaje que necesite rehabilitación.

Es necesaria una evaluación del lenguaje antes de iniciar la terapia.
CIERTO. La mejor forma de plantear un adecuado tratamiento de rehabilitación es conociendo todos los aspectos de lenguaje donde tu hijo presenta dificultades.

Las mejores terapeutas del lenguaje las encuentras en clínicas privadas.
FALSO. Existen muchos hospitales, centros de salud, centros privados, centros de atención temprana, colegios, escuelas, asociaciones y terapeutas domiciliares que cuentan con la experiencia, capacitación, actualización, ética y profesionalismo en el campo de la terapia del lenguaje.

No olvides que una de las claves de este proceso terapéutico es mantener una comunicación constante entre la familia y el terapeuta, para que tu hijo se sienta apoyado y tu puedas plantear tus dudas.