10 hábitos para formar hijos responsables /

2019.07.12

Traducido y adaptado del original por Dra. Laura Markham publicado en Mother.ly

Todas quisieramos hijos responsables. Y todos quisieramos vivir en un mundo donde otros han sido formados como personas responsables, un mundo donde los adultos no se lavan las manos de sus responsabilidades como ciudadanos. Pero… ¿Qué hacemos nosotras para que nuestros hijos sean responsables de sus elecciones y de su impacto en el mundo?

 

Empecemos a ver la responsabilidad como algo bueno para nuestros hijos y no como una carga.

Todos los niños quieres verse como responsables, poderosos y capaces de responder a lo que se necesita. Lo necesitan para su autoestima y para que sus vidas tengan sentido.

Así que, no es que tengamos que enseñarles a ser responsables; necesitamos enseñarles que tienen el poder de contribuir positivamente y conectar con ellos para que quieran hacerlo.

Si nos enfocamos en ayudarles a hacerse cargo de su vida, y apoyarlos según sea necesario para aprender nuevas habilidades, ellos mismos van a querer tomar cada nueva responsabilidad. En lugar de «hacerlos» responsables, los motivamos a que tomen responsabilidad por si mismos. Es un cambio sutil, pero es un gran cambio en el mundo que hace toda la diferencia. En conclusión, serán responsables en la medida en la que los apoyemos a serlo.

Prueba estas 10 estrategias a diario para lograrlo:

 

1.
Qué crezcan con la expectativa que siempre tienen que limpiar sus propios desastres.
Comienza por ayudarle, hasta que lo aprenda. Aprenderá más rápido si tu actitud es alegre y empática, lo más importante es no engancharnos.

Alientale a usar una esponja para recoger un líquido que derramó usando una tú también, incluso cuando sería más fácil sólo hacerlo tú. No criticar, para que no se pongan a la defensiva, ayudará a que quieran hacerlo y que todo esté mejor.

Así que si tu toddler derrama la leche, di «Está bien, podemos limpiarlo,» mientras le pasas una toalla de papel y agarras una para ti.

Cuando tu preescolar deje los zapatos tirados en el camino, dáselos y pídele que los guarde, diciendo amablemente «Siempre recogemos nuestras cosas.»

Tendrás que hacer esto, de una manera u otra hasta que se vayan de casa. Pero si tu enfoque es positivo y alegre, tus hijos no se pondrán a la defensiva y a lloriquear que no quieren hacerlo. Si esta se vuelve una constante en tu hogar será más fácil vivir con ellos y serán mejores ciudadanos del mundo.

 

2.
Necesitan una oportunidad de contribuir al bien común.

Todos los niños contribuyen con otros de alguna manera, regularmente. Encuentra esas maneras y coméntalo con ellos, incluso si sólo se trata de lo amable que es con su hermano menor o que te gusta como siempre está cantando. Los comportamientos que reconozcas, esos son los que van a crecer.

A medida que van creciendo, las contribuciones deben incrementar acorde, tanto dentro como fuera de casa. Deben crecer con dos tipos de responsabilidades: las de auto cuidado y contribuciones al bienestar de la familia. Los estudios indican que los hijos que ayudan en casa son más propensos a ofrecer ayuda en otras situaciones que los niños que simplemente participan en sus propias responsabilidades.

Claro, no podemos esperar que desarrollen esta actitud de la noche a la mañana. Ayuda incrementar las responsabilidades en una manera constante y adecuada para la edad. Invitar a los toddlers a poner las servilletas en la mesa, a los tres años ya pueden poner el resto de cosas. A los cuatro pueden buscar calcetines pares, a los cinco pueden cepillar al perro. A los seis puede recoger los platos después de comer, a los siete, regar las plantas y a los ocho doblar la ropa recién lavada.

 

3.
Recuerda que ningún niño en su sano juicio quiere hacer tareas de la casa.

A menos que quieras que tus hijos consideren contribuir con la familia como un trabajo forzado, no los hagas hacerlo sin ti hasta que sea parte regular de su rutina y que ya no se resistan. Tu meta no es que hagan el trabajo, es modelar niños que encuentren el placer en contribuir y tomar responsabilidad.

Haz el trabajo divertido. Dales tanta estructura, apoyo y ayuda como lo necesiten, incluyendo sentarte con ellos y ayudarles las primeras treinta veces que hagan esa tarea, de ser necesario. Y toma en cuenta que va a ser mucho más difícil que hacerlo sola. Recuerda que hay algo bueno en estas tareas, comunícalo junto con la satisfacción de haberlo hecho bien. Eventualmente, lo harán solos y ese día llegará más rápido si disfrutan el camino.

 

4.
Siempre fomenta los «yo solito» y acepta su «ayuda», incluso si eso significa más trabajo para ti.

SIEMPRE va a ser más trabajo para nosotras. Pero los toddlers quieren controlar su mundo físico desesperadamente y tenemos que apoyarlos para lograrlo. Trabaja con ellos para ayudarles a descubir la satisfacción de contribuir. Eso es más importante que terminar rápido o hacerlo perfecto. Date cuenta que también estás construyendo un lazo, lo que motiva aún más a los niños a seguir contribuyendo.

 

5.
En lugar de dar órdenes, intenta pedirles que piensen.

Por ejemplo, cuando están perdiendo el tiempo en las mañanas, en lugar de «ladrar» ¡Lávate los dientes! ¡La mochila! ¡La lonchera! podrías preguntar, ¿Qué es lo siguiente que tienes que hacer para alistarte?

La meta es mantenerlos enfocados en la lista, mañana tras mañana hasta que la internalicen y comiencen a manejar sus propias tareas.

 

6.
Provee rutinas y estructuras.

Esto es crucial en la vida de los niños por muchas razones, siendo una de ellas que les da repetidas ocasiones para manejar ellos mismos una serie de tareas que no son especialmente atractivas.

Primero, conquistan la rutina de ir a dormir, de recoger juguetes y de alistarse para ir al colegio. Luego desarrollan hábitos de estudio y de aseo personal. Finalmente, aprenden habilidades básicas para la vida por medio de repetición de rutinas en casa, como lavar su ropa o cocinar cosas básicas.

 

7.
Enséñales a ser responsables de sus interacciones con otros.

Si tu hija hiere los sentimientos de su hermanito, no la forces a pedir disculpas, no lo dirá enserio y eso no les va a ayudar al hermanito. Mejor, escucha a sus sentimientos para ayudarle a trabajar con esas emociones enredadas que la hicieron gruñir. Luego, cuando se sienta mejor, pregúntale que puede hacer para mejorar las cosas entre ellos. Talvez esté lista para pedir disculpas. Pero talvez eso le parezca una amenaza a su dignidad y prefiera reparar las cosas leyéndole un cuento o ayudéndole con su tarea de poner la mesa, o solo dandole un fuerte abrazo.

Esto les enseña que la forma en que tratan a los demás tiene un costo y que son responsables por las reparaciones cuando causan un daño. Pero como no estás forzando nada, ella podrá elegir la reparación, lo que ella sienta bien y lo que la aliente a hacerlo así de nuevo.

 

8.
No corras a sacarlos de una situación difícil.

Muestrate disponible para resolver problemas, ayúdalos a trabajar con sus emociones y miedos y para asegurarte que no solo esquivan las dificultades. Pero déjalos manejar los problemas, ya sea que tengan que dar una disculpa o compensar en una manera más concreta.

 

9.
Modela responsabilidad.

Se explícita acerca de las elecciones responsables que haces:

«Qué cansado cargar esta basura hasta el carro, pero no veo ningún basurero y nunca tiramos basura en la calle»

«Este parqueo dice que está reservado para personas con una discapacidad, así que no podemos parquearnos acá»

Mantén tus promesas y no hagas excusas. Si no las cumples ¿por qué deberían ser ellos responsables por mantener las suyas?

 

10.
Todos los niños deben tener la experiencia de recibir un pago.

Esto les enseña responsabilidad en el mundo real. Podrías empezar por los 8 años a pagarles para hacer tareas que normalmente no hacen (lavar el carro, recortar el jardín, etc.) y luego motívale a expandir sus oportunidades en el vecindario (pasear un perro, regar plantas, etc.) y finalmente a tomar puestos de vacacionista. Pocos escenarios les enseñan tanto de responsabilidad como trabajar por un pago afuera de la familia.


JAMÁS los taches de «irresponsables» porque la manera en que vez a tus hijos siempre se convierte en una profecía autocumplida. Si siempre pierde las cosas, por ejemplo, ayúdale a desarrollar las habilidades que necesita. Enséñale a detenerse cada vez que se va de un lugar y a contar todo lo que tiene que llevar a casa.

También asegúrate de crear un ambiente libre de culpa, TODOS queremos culpar a alguien automáticamente cuando las cosas van mal. Es como si la culpa previniera que vuelva a pasar o que nos absuelve de responsabilidad. Cuando en realidad, la culpa nos pone todos a la defensiva, nos inclina a cuidarnos las espaldas y a atacar en lugar de arreglar las cosas. Es la razón número uno por las que nuestros hijos nos mienten. Y peor aún, cuando los culpamos, los niños buscan cualquier tipo de razones para que no sea su culpa, al menos en su mente, así que lo más probable es que no tomen responsabilidad y que el problema se repita.

La culpa es lo opuesto de amor incondicional, entonces ¿por qué lo hacemos? Para hacernos sentir menos sin control y porque no podemos soportar la sospecha que jugamos un rol, por más pequeño, en crear la situación. La próxima vez que te encuentres echando culpas, detente. Acepta cualquier responsabilidad que sea tuya, buena oportunidad de modelar, y luego solo acepta la situación. Siempre vas a encontrar mejores soluciones en un estado de aceptación y no de culpa.

Por último, enséñales lo que decía Eleonor Roosevelt, no solo tienen el derecho de ser individuos, tienen la obligación de serlo. Los estudios demuestran que las personas que toman responsabilidad cuando se amerita, son personas que se ven a sí mismas como dispuestas a ser diferentes y sobresalir.

Esa es la clase de personas que queremos formar.