Lactancia y buenos hábitos de sueño, ¡claro que se pued... /

2016.06.30

Gabriela Guzmán
gabriela.guzman@babysomniagt.com

 

Recuerdo que estando embarazada imaginaba mis días con mi bebé en el pecho, como mi mamá me contaba que lo hacía conmigo. Cuando finalmente Gabriel nació, tuvimos todo el apoyo de los médicos para ponerlo en mi pecho desde recién sacado de mi vientre y estar conmigo por el resto de nuestra estadía en el hospital. Sin saber, que en el segundo día me dirían que debía recibir fototerapia durante 48 horas. Lo tuve que entregar y advertida que tendría solamente 5 minutos con él cada hora. La espera se hacía eterna. Pero ahí estaba yo, esos 5 minutos cada hora eran nuestro mayor esfuerzo para alimentarlo, y aunque estaba tan adolorida, mi meta no era negociable. Pasadas 28 horas nos dieron de alta por el avance que tuvo y llegamos finalmente a casa. Fueron semanas de lucha y muchísimo dolor en el pecho, hubo frustración y hasta sangre de por medio, pero no desistiríamos. Buscamos ayuda y logramos la meta, la lactancia pasó de ser un reto a un gran logro. Y así, logramos todo un año de lactancia divina.

Sin embargo, a pesar que la alimentación de mi bebé era maravillosa, mis noches se hacían eternas. Cada hora me veía, cuando lograba estar consciente para darme cuenta, caminando hacia el cuarto de mi bebé para volver a intentar dormirlo y regresarlo a su cuna. Las siestas no tenían un horario fijo, pero yo era su sillón y mi pecho su almohada. En realidad el cansancio de la noche me estaba matando, caía el sol y empezaba mi frustración de anticipar una noche más de desvelo, hasta haciendo quinielas con mi esposo de cuántas veces se despertaría.

Así, junto a él que me veía llorar del cansancio y con menos energías cada día, decidimos trabajar en cambiar los hábitos de sueño de nuestro pequeño y darle el gran regalo de dormir bien (a todos). Porque, si yo estaba tan cansada, no podía ni imaginar lo agotado que estaba él a tan corta edad. Se trató de conocer sus particulares necesidades y entender sus señales, ordenar sus horarios, establecer rutinas efectivas, permitirle aprender a dormirse sin dependencia de factores externos para lograr períodos prolongados de verdadero descanso y por supuesto requirió de mucha constancia y disciplina.

Claro, me preocupaba mi producción de leche, pero luego entendí cómo es de sabia la naturaleza que jamás sentí que ya no tenía suficiente. En la noche, cuando mi bebé dormía, aprovechaba a sacarme leche si no estaba muy cansada. Y durante el día, él podía tener su pecho a la hora que él quisiera, aunque fuera solo para pasar el ratito o esconderse de la bulla si estábamos en la calle. Nos gozábamos ese momento, donde éramos solo él y yo cruzando miradas y caricias, especialmente antes de acostarlo para dormir. Cada mañana, después de 11 horas continuas de descanso, amanecía feliz listo para su primer “mamuchis”.

Hoy, a un año de haber tomado la gran decisión, puedo decir que logré cumplir mi meta de lactancia y en paralelo mi hijo se convirtió en un campeón del sueño. Todos en casa logramos descansar y él es un niño feliz, inquieto, que le encanta aprender, amoroso y ocurrente… que me trae loca de amor.